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OPINIÓN | ¡Es la política, estúpido!

¡Es la política, estúpido!

La dimisión de Davide Livermore como intendente del Palau de les Arts vuelve a poner de manifiesto las carencias de un proyecto que comenzó hipertrofiado y lleva camino de terminar convertido en liliputiense. De los delirios de grandeza y de los gastos sin tasa se ha pasado a la contratación de alguien que no podía renunciar a sus trabajos privados a cambio de un sueldo que no está en el mercado de los grandes teatros de ópera pero que quizá no sea tan malo para un coliseo tan venido a menos como el valenciano.