Ud. está aquíInicio /  Septiembre 2013 / Entrevista / Víctor Pablo Pérez

Víctor Pablo Pérez



Víctor Pablo Pérez

Víctor Pablo Pérez (Burgos, 1954) ha sido uno de los protagonistas del despegue de la música clásica en España a partir de los años ochenta y noventa del pasado siglo. Su trabajo en la Sinfónica de Asturias y, sobre todo, en las de Tenerife y Galicia, le ha hecho ser considerado como un gran hacedor de orquestas que desde esta temporada recala como titular en la ORCAM. Una orquesta para la que se ha planteado diez puntos a cumplir que tienen que ver con su prestación en el Teatro de la Zarzuela, su abono en el Auditorio Nacional, sus actuaciones en los Teatros del Canal, su relación con la música contemporánea, su buscada vertiente popular, las giras, la música de cámara, la polifonía, su carácter multimedia y su
vocación joven. De todo ello ha hablado para SCHERZO.

(...) ¿Quién le propone venir a la ORCAM?

Su gerente, Roberto Ugarte. Y sin anestesia.

¿Y sus razones para aceptar?

Es un reto nuevo, distinto. El atractivo de algo que nunca he tenido: un coro profesional. Siempre he contado con amateurs o invitados, entre ellos el de la ORCAM o el del Palau de la Música Catalana o el Orfeón Donostiarra, pero nunca con uno profesional en la estructura que estaba dirigiendo. Y siempre ha habido buena empatía con este coro. Y tampoco se puede olvidar que yo nací en el mundo sinfónico coral. Mi primer trabajo profesional fue como pianista del Coro Nacional durante dos años y pico con Muti, Celibidache, Frühbeck de Burgos, Ros Marbà, el repertorio sinfónico coral, los réquiem,
la Novena. Y con la orquesta se puede hacer mucho. A veces se califica a las orquestas de un modo global, se las encasilla un poco frívolamente y hay que descender, saber qué grupo se tiene y qué se puede hacer con él.

¿Con cambios?

Yo ni puedo ni quiero echar a nadie. Todos son músicos válidos y con ellos vamos a hacer todo el proyecto, el trayecto completo. Las correcciones serán a base de que yo convenza a las directivas de algún cambio determinado pero ellos deberán decidir conmigo. No cambios desde cero sino tomar una
orquesta establecida y progresar con ella. Dentro de las cuatro de Madrid esta es la orquesta que tiene la capacidad de ser más versátil, las otras hacen su trabajo en su espacio, en su burbuja —el Auditorio, el Teatro Real, el Monumental— y están ahí. La ORCAM, por su parte, está en muchos frentes.

Lo que le da una visibilidad especial.

Yo quiero que la gente diga de la ORCAM: “Esta es mi orquesta”. Y en ese momento es como si les devolviéramos a los ciudadanos lo que ponen con sus impuestos para que existamos. No sólo estamos para hacer grandes sinfonías sino para llegar a todo el mundo.

Con esa versatilidad que le hace trabajar casi a destajo, gestionar ensayos, servicios, vacaciones, será especialmente complicado, más aún si hay nuevos planes.

Lo es. Pero no es cuestión de cantidad sino de por dónde se debe actuar, en qué modo y de qué manera. El objetivo es una mejor calidad en el resultado final. Me asombro con Roberto Ugarte cuando veo los planes de trabajo. La ORCAM trabaja al nivel de las grandes orquestas inglesas. En 2012 la orquesta y el coro han hecho 158 representaciones públicas, incluidas 82 funciones de zarzuela. Eso es un concierto cada 2,3 días. El trabajo en La Zarzuela es muy intenso, con cosas positivas y negativas. Es una fuente de financiación imprescindible para nosotros pero el trabajo de foso es agotador y tiene el peligro de la rutina. Y yo tengo especial interés en que las prestaciones en La Zarzuela sean de notable para arriba. Y me implicaré en eso a más no poder.

¿Y la temporada de abono?

El ciclo de abono del Auditorio es importante pero mientras cualquier orquesta hace veintitantos programas en los suyos, aquí se hacen doce y hay que elegir con mucho tacto. Es como la cuadratura del circulo: probemos de todo, hagamos estrenos, encarguemos obras, con coro, sin coro, gastando
poco dinero, con la plantilla que tenemos… Y hagamos también obras de gran repertorio.

Usted ha dicho que, frente a lo que se suele asegurar, una orquesta se hace más con Bruckner que con Mozart o Haydn.

Haydn y Mozart, qué duda cabe, son autores estupendos para trabajar una orquesta pero hay más cosas. A mí me ha dado un gran resultado trabajar Bruckner, esas estructuras tan largas con las que una orquesta puede ver a distancia cómo conducir la música, cómo llevarla, cómo soportar las grandes presiones, llegar a los puntos culminantes, relajarse, crear tensiones. Bruckner supone unas bases con respecto a la presión horizontal, cómo frasear la gran melodía y a la presión vertical, a cómo hacer que las armonías se sustenten y se asimilen, que los vientos entiendan en función de qué
está su acorde. Otro autor muy productivo en ese aspecto es Shostakovich, algo así como el último gran clásico. Y, mientras, con Mendelssohn, Schumann, Chaikovski, profundizar, insistir en conceptos de ataque, fraseo, afinación, color.(...)

Luis Suñén

(Extracto de la entrevista publicada en Scherzo nº 288, septiembre de 2013)

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