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Una periodista de The Guardian la lía parda con un artículo sobre la educación musical


Al final va a resultar que España no es tan diferente. En julio de 1975, en los estertores del franquismo, el entonces ministro secretario general del Movimiento, José Solís Ruiz, lanzó su famoso eslógan de "más deporte y menos latín". Durante un discurso en Las Cortes para convencer a los procuradores de la conveniencia de cambiar el latín por la educación física en las escuelas, Solís formulaba una pregunta retórica: "¿Porque, en definitiva, sus señorías, ¿para qué sirve hoy el latín?". Desde su escaño, uno de aquellos procuradores (la réplica siempre se le ha atribuido a Adolfo Muñoz Alonso, catedrático y en su momento rector de Universidad Complutense, pero es espuria, ya que este camisa vieja falangista había fallecido justo uno año antes) le espetó a Solís: "Por de pronto, señor ministro, para que a su señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa".

Los británicos, que con eso del Brexit parecen vivir en un aislacionismo como el que vivía España en tiempos de la dictadura franquista, están asistiendo ahora atónitos a un suceso bastante parecido al que protagonizó Solís. Una periodista, Charlotte G. Gill, colaboradora habitual de varios diarios ingléses, ha escrito recientemente un artículo en The Guardian en el que asegura que la educación musical no debe tener cabida en las aulas, pues sostiene, sin ruborizarse, que la música es una actividad elitista que, en edad escolar, está dirigida únicamente a niños "blancos y ricos".

Ante tamaña estulticia, la reacción no se ha hecho esperar: más de seiscientos músicos —no solo británicos— han enviado una carta a The Guardian rebatiendo "argumentos" de Gill. Entre los firmantes hay compositores, directores de orquesta, intérpretes, musicólogos, profesores de música y musicógrafos. Algunos de ellos, nombres muy relevantes en el actual panorama musical: Simon Rattle, James MacMillan, Norman Lebrecht, Michael Nyman, Brian Ferneyhough, James Galway o Stephen Isserlis.

Entre otras lindezas, Gill afirma que la notación musical "es un lenguaje críptico y difícil, que solo puede ser entendido por un pequeño número de personas". Ante ello, los firmantes de la carta responden que "esta afirmación va en contra de las innumerables iniciativas que a lo largo de dos siglos han hecho que la alfabetización musical esté a disposición todos. Al igual que con el lenguaje escrito, la notación musical permite una comunicación eficaz y precisa, así como un acceso crítico a grandes cantidades de conocimiento".

Gill considera que la mayor parte de los repertorios de música clásica están "anticuados". Los firmantes de la carta le recuerdan que muchas de las músicas que se hacen hoy en día —al margen de la estrictamente clásica—, como el jazz, el pop o, incluso, las no occidentales, están basadas en buena medida en el actual sistema educativo musical.

The Guardian finalmente ha accedido a publicar la carta y los nombres de los firmantes: The Guardian

Eduardo Torrico