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Pierre Hantaï arremete contra la mercadotecnia que impera en la música clásica


Cuando la polémica que durante años mantuvieron historicistas y antihistoricistas parecía definitivamente superada, hete aquí que la música antigua se ve envuelta en una nueva controversia sobre la autenticidad. Con motivo de su reciente actuación en el Festival Internacional del Camino de Santiago de Jaca, Pierre Hantaï, en una entrevista concedida a la Agencia EFE, ha afirmado que la entrada de la mercadotecnia, "con sus inmundos zapatos sucios", ha abierto un "panorama aterrador"en el que los grandes compositores están al servicio de los músicos.

El clavecinista francés asegura que al público se le imponen criterios comerciales para conseguir vender intérpretes, conciertos o discos "como cepillos de dientes o el último perfume de lujo en Navidad". Hantaï no menciona nombres, pero, dada su condición de teclista, podría estarse refiriendo sobre todo a jóvenes colegas suyos que han irrumpido últimamente con enorme fuerza gracias a una apabullante campaña de imagen —el iraní Mahan Esfahani o el francés Jean Rondeau, por ejemplo­—, pero también a grupos que, como L’Arpeggiata, se han especializado en eso que se ha dado en llamar cross over o fusión.

A su juicio, esta situación dominante en el mercado (no solo en el del la música antigua, sino, en general, en el de la música clásica) se sirve de "la falta de preparación de una gran parte del público y de los medios de comunicación", y cuenta con el apoyo de radios especializadas que se han convertido en "máquinas de promoción comercial" en lugar de canales para instruir.

Hantaï señala que los códigos actuales exigen que los músicos que llegan a hacer una gran carrera deben tener un buen físico y someterse a las indicaciones de "preparadores siniestros" que les indican "cómo comportarse, cómo vestirse, lo que deben decir y lo que tienen que tocar". Pone el ejemplo de determinadas pianistas actuales que "rivalizan cada vez más por mostrar un poco más de sus cuerpos, lo que les hace competir en el mismo terreno que las estrellas del porno".

"En grandes conservatorios como el de París se exige a los estudiantes asistir a sesiones donde se les enseña cómo venderse", revela Hantaï, para quien "la música, la calidad de las interpretaciones o el respeto a los autores no cuenta, solo cuenta la apariencia y no parecerse a un músico clásico, esa categoría aburrida que se ocupa de cosas demasiado serias. Hacen videoclips siguiendo modelos del rap, llenos de imágenes seductoras dirigidas a desviar la atención de una música demasiado pobre para contentar".

Y es aquí cuando habla de autenticidad y de purismo: "Hace falta a toda costa romper los códigos para acercarse más a la música pop o al jazz, y entonces las puertas se abren. Para sobrevivir en este mundo, mezclan los géneros y no solo añaden un poco de percusión en Scarlatti, sino que pronto deberán hacer lo mismo con Chopin".

"Muchos de los conciertos suenan como música folk, mientras que hay grupos que busca similitudes entre el flamenco y el Renacimiento, otros que las ven entre Monteverdi y la bossa nova y algunos que descubren influencias chinas en el barroco francés. El público, que se alegra de constatar así que la música antigua es menos seria que la romántica, se interpreta de una forma menos rígida y contiene ritmos que le recuerdan a la música que ha bailado en la fiesta del pueblo o en las discotecas, cree asistir a una reconstrucción histórica cuando solo se trata de una mezcla de géneros".

Hantaï añade que la constatación de que los músicos del pasado "debían mucho" al arte de la improvisación ha favorecido que algunos intérpretes presenten a Bach — "la forma más lograda del desarrollo musical"­— bajo la forma de interpretaciones de jazz, algo que "se vende bien".