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Música y política




PorBlas Matamoro - Publicado el 03 Abril 2014

Música y política

Los regímenes dictatoriales y los totalitarios suelen caracterizarse por su doctrinarismo. Una doctrina impuesta por la fuerza acostumbra producir escasos resultados creativos, cuando no daños irreparables. La Revolución Francesa, con todas sus promesas de futuro, fue estéticamente académica porque quiso asegurar sus resultados. El estalinismo y el nazismo censuraron duramente a los artistas que proponían el formalismo antirrevolucionario y pequeño burgués, la degeneración de las vanguardias y las bastardías del judaísmo. Hasta aquí, los casos de correspondencia entre música y política.

Pero hay casos inversos y me referiré sólo a unos pocos de ellos. Camille Saint-Saëns, ejemplo del tradicionalismo conservador en música fue, por el contrario, un hombre progresista, un radical republicano y jacobino que escribió páginas como Himno al trabajo y A los mineros. Richard Strauss, uno de los compositores oficiales del Imperio, dejó himnos celebratorios a Sus Majestades Imperiales de Alemania y de Japón pero su canción El trabajador fue adoptada como música propicia en los actos de la socialdemocracia alemana. El picapedrero, otro de sus Lieder, con sus insistentes golpes de martillo en el piano, solía provocar jaleos en los conciertos por considerarse obra insinuantemente subversiva.

Igor Stravinski,revolucionario musical del siglo veinte con su Consagración de la primavera, fue un correcto admirador de Mussolini, bien que estuvo en poblada compañía, desde Luigi Pirandello al Mahatma Gandhi, desde Winston Churchill hasta Victoria Ocampo. Claude Debussy empujó la música francesa hacia delante, según todos sabemos, mas sus opiniones políticas eran la de un patriota nacionalista que creía culpable al capitán Dreyfus, víctima del antisemitismo reaccionario.

El arte no se hace con buenas ni malas doctrinas. El artista es el Otro Yo del ciudadano, que a veces le da la razón y otras, se la quita. Por otra parte, una cosa es querer y otra, desear. Estrecho de miras en lo que quiere, el artista genuino suele ser generoso en lo que desea. Se asocia con su pequeña tribu en las manifestaciones pero se incorpora a la humanidad con su obra.