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La dureza de Durón


Madrid. Auditorio Nacional (Sala de Cámara). 2-XI-2016. Nuria Rial, soprano. Accademia del Piacere. Director: Fahmi Alqhai. Obras de Durón, De Torres, Bononcini y De Murcia.

Eduardo Torrico

No goza Sebastián Durón —de quien se cumple este año el tercer centenario de su muerte— de mucho predicamento. Hay quien dice que ello es porque su música —la poca que se ha recuperado hasta la fecha— es demasiado árida. Y hay, también, quien sostiene que esa música suena árida porque tampoco ha sido tratada como es debido. De ahí el interés que a priori suscitaba un programa en torno a la figura del compositor briocense en manos de Fahmi Alqhai y su Accademia del Piacere, que siempre tienen cosas sugerentes que decir. Y mucho más en este caso, pues se hacían acompañar de una de las más importantes voces especialistas en barroco, la de la soprano catalana Nuria Rial, cuyas apariciones sobre los escenarios españoles durante estos últimos años han sido más bien contadas.

El concierto sirvió para constatar que la música de Durón, se trate como se trate, es árida. Estamos ante un compositor con oficio, sin duda, pues por algo fue maestro de la Capilla Real y favorito de Carlos II y de su esposa, Mariana de Neoburgo, quien se lo llevó consigo al exilio francés cuando estalló la Guerra de Sucesión (precisamente allí, en Cambo-les Bains, falleció Durón, víctima de la tuberculosis). Pero en comparación con otros compositores del mismo periodo (acaso sean Corelli, Biber y Purcell las obligadas referencias), su figura se torna muy pequeña. Mi impresión —y de ese burro no me apeo— es que la música que se hacía en España en el siglo XVII era por lo general mala, salvo honrosas y contadas excepciones. Pero eso es harina de otro costal y no creo que sea esta la coyuntura oportuna para abordar la cuestión.

Los momentos más brillantes de la velada fueron la cantada anónima All’assalto de pensieri, el aria de Giovanni Bononcini Pastorella che tra le selve (ambas, estrenos absolutos en tiempos modernos) y el aria Yo, hermosísima Ninfa, de El imposible mayor en amor, le vence amor, comedia en música de José de Torres, por más que algún musicólogo, tan desinformado como porfiado, siga emperrado en atribuírsela a Durón. En las tres piezas, italianas o al menos italianizantes, Rial desplegó toda su panoplia vocal, todo el buen gusto que siempre la ha caracterizado y toda su imaginación a la hora de ornamentar. En lo demás, ya sí inequívocamente duroniano, estuvo encorsertada, aunque supo extraer más de lo que ofrecía el tono humano Sosieguen, descansen (de Salir el amor al mundo) y la cantata al Santísimo —que tiene bastante más de profana que de sacra— Ay, que me abraso de amor en la llama.

La interpretación se vio afectada en las primeras fases del concierto por los problemas de afinación del clave, que arrastraron a los demás instrumentos y que obligaron a parar entre pieza y pieza para intentar encontrar una solución. Tardaron Alqhai y sus compañeros en quitarse de encima ese lastre, aunque cuando lo hicieron pudieron dar rienda suelta a su jocunda forma de ver la música en las distintas danzas e improvisaciones instrumentales —algunas de ellas,  debidas al propio Alqhai— que aderezaban el programa y que hicieron las delicias del público que llenaba en auditorio.