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Ignorancia y supervivencia



Ignorancia y supervivencia

Una de las evidencias del desarrollo de la información cultural en España por parte de los medios generalistas es su creciente falta de calidad. Un problema que se debe a factores distintos pero complementarios, que van de la enseñanza de la profesión periodística al deterioro de los saberes elementales que toda persona mínimamente culta debe atesorar para desarrollar una profesión que genera información una veces y opinión otras. Y en la deriva de la atención informativa a la cultura, parece que la música clásica lleva, sobre otras artes afectadas, la peor parte. Por eso en estos días hemos podido leer desde que Bruckner era un director de orquesta que iba a actuar al frente de una formación española —error que manifiesta una ignorancia que mueve más a lástima que a broma— a que Gustavo Dudamel dirigirá este mes por vez primera una orquesta española —la OSG— cuando ya había dirigido a la Orquesta Nacional, o que este verano se presenta en España la Sinfónica de Cincinnati, que ya estuvo hace años dirigida por Jesús López Cobos. En lo referente a Bruckner es pura ignorancia supervisada por un jefe de sección que debiera saber algo tan elemental como, por ejemplo, quién era Cervantes aunque ni haya escuchado al uno ni leído al otro. En los otros dos casos, son informaciones que seguramente vienen viciadas de origen, del agente a la propia orquesta —esas biografías espantosamente redactadas en los programas de mano—, de esta a la prensa y de la prensa al público al que, en realidad, le da lo mismo. El problema es que no hay una línea de conocimiento, un vivir la información de una generación de informadores musicales a otra simplemente porque no interesa el asunto.

Pero con ser grave el desprecio informativo por la música no lo es menos sus escasas posibilidades de defensa en un futuro inmediato en el que a la opinión más o menos autorizada sustituirá, como en tantas cosas, el juicio inapelable de la ignorancia colectiva. Como afirmaba el escritor Juan Soto Ivars, “el inquisidor Torquemada se ha reencarnado en red social”. Y en ese aspecto el papel de los medios especializados, de las revistas de música clásica en este caso, consiste también en propiciar la renovación de las generaciones de expertos y críticos, que además de jóvenes sean competentes y no necesariamente porque hayan estudiado musicología, condición que una publicación del ramo imponía a sus colaboradores, sino porque saben de lo que hablan, les haya llegado tal conocimiento por la vía que fuere.

Esa evidencia de la necesidad de renovar la cuadra crítica, si se nos permite una expresión tomada del mundo editorial, corre paralela a la de darle más medios para actuar mientras se demuestra su fiabilidad desde el primer día. Eso medios, por parte de las revistas de música, están, evidentemente, en el desarrollo de una información en la red que no compita con sino complemente a la que se ofrece, en el caso de SCHERZO, mensualmente. 

Quede claro que no se apuesta aquí por la juventud a toda costa o por una renovación sin más fundamento que la edad. Pero sí por dejar claro que la crítica en los diarios se ha convertido en un ejercicio inseguro que no garantiza ni continuidad ni solidaridad por parte de la marca correspondiente y que, salvo, por el prurito de estar ahí, atrae solo relativamente. Tal vez de ahí esa sensación que producen algunas críticas de haber sido preparadas cuidadosamente en su parte meramente explicativa antes de que los conciertos tengan lugar mientras se deja muy para el final la valoración concreta de los mismos. Hasta que cambien las tornas y se pida otra cosa. Hacer crítica no es contar una historia sino hacerla. Como decía Octavio Paz, la crítica es un ejercicio de creación y, muchas veces, de creación urgente. Para eso hace falta saber, desde luego, pero también arriesgarse. El problema es que no hay paracaídas. Un crítico como Harold C. Schonberg pudo dedicar uno de sus libros al New York Times, donde escribía. Pues bien, eso se acabó para siempre, y todavía seguimos dándole vueltas a lo que habrá que hacer si queremos sobrevivir.

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