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ENTREVISTA/ Raquel Andueza: "Hay que hablar bien para poder cantar bien"


La soprano navarra Raquel Andueza vuelve a los escenarios tras casi cuatro meses de retiro. Fue el pasado invierno cuando dio a conocer que padecía ciertos problemas vocales y, tras tres intensos meses, trabajando en Italia con dos profesionales de la voz, reanuda su vida concertística para presentar a una Raquel Andueza más sincera, más humana, más ella. Se trata de una nueva visión de la vocalidad ofrecida por las maestras Lisa Paglin y Marianna Brilla, que retoma la importancia del texto, de la palabra, de la parola que tanta importancia se dio en tiempos de Monteverdi o Caccini. Raquel Andueza ha podido experimentar en sus carnes esta nueva forma de cantar, esta revolución en el mundo del canto que poco a poco se va haciendo mas grande.
Cuando decidió retirarse de los escenarios se encontraba en el punto más alto de su carrera. ¿En qué momento dijo: "necesito parar, ya no puedo seguir"?
Fue algo bastante progresivo. Poco a poco empecé a notar dificultades, sobre todo en la zona del agudo, que en un primer momento achaqué al cansancio de los viajes, al no dormir bien… e intenté buscar la lógica a lo que me estaba ocurriendo. Al ver que no se pasaba, lo primero que hice fue acudir a un otorrino por si lo que me ocurría era un problema en la cuerdas vocales, pues yo estaba haciendo lo mismo de siempre, pero cada vez sentía mayor dificultad. Acudí entonces a un par de otorrinos en Madrid, que me dijeron que mi aparato fonador estaba en perfecto estado y que posiblemente se tratase de un problema psicológico. Ahí empecé incluso a pensar que me estaba obsesionando o que se me había podido llegar a olvidar cómo cantar. Finalmente acudí a una doctora en Pamplona, la cual me detectó un desplazamiento rotatorio en la laringe. Tras solventarlo, comencé a trabajar vocalmente con dos profesoras que conocí en Italia, para volver a poner a punto el instrumento. Al principio pensé que podría combinar el trabajo de estas profesoras con la vida laboral y los conciertos, pero acabé dándome cuenta de que necesitaba parar y centrarme en mi proceso de recuperación y rehabilitación. Fue un momento fue muy duro, lloré y sufrí mucho, aunque ahora sé que conocerlas fue lo mejor que me pudo ocurrir. Mi recuperación no habría sido posible sin mis profesoras, Lisa Paglin y Mariana Brilla, que, aparte de su sabiduría y profesionalidad, poseen un optimismo inagotable y un cariño especial, lo cual me ayudó muchísimo a que el proceso fuera menos duro.
Cuando empieza a notar esta serie de problemas y decide dejar los escenarios, ¿cree que hubo comprensión por parte de los programadores y de los críticos?
Sí, por ambas partes. Las dos últimas críticas que me hicieron antes de hacer la pausa el pasado invierno las escribieron personas que eran conscientes de lo que me ocurría y mostraron su absoluta comprensión hacia mí. Por parte de los programadores también he recibido mucho apoyo y una gran comprensión, incluso a pesar de tener que cancelar conciertos. Soy una persona con buena salud y no suelo cancelar mis actuaciones, pero el año pasado, seguramente porque mi cuerpo ya se sentía mal y acabé somatizándolo, fue el año que más resfriados tuve. Siempre he sido de la opinión de ir con la verdad por delante, y cuando finalmente descubrí cual era mi problema no me pareció nada vergonzoso contarlo y hacerlo público.
Lleva cinco meses trabajando con Lisa Paglin y Mariana Brilla, posiblemente las dos profesoras de canto más solicitadas a nivel mundial en este momento, y cuya filosofía vocal defiende que la gran mayoría de los cantantes no están usando de forma correcta su aparato fonador. ¿Cuáles son las innovaciones que Brilla y Paglin proponen a la hora de cantar?
La base de su filosofía acerca del canto reside en realizar todo de la manera más sencilla posible, y afirman que si uno a la hora de cantar siente dificultad, significa que hay algo que se está haciendo mal. Ellas trabajan desde el aspecto más fisiológico de la voz y enseñan cualquier tipo de modalidad musical, bien seas un cantante wagneriano, de jazz, de pop, clásico o barroco. La base de un cantante es la misma, cantes el género que cantes, simplemente hay que saber cómo utilizar la voz y el estilo. En el proceso también se corrige la forma de hablar. Al fin y al cabo, el cantar y el hablar se realizan con los mismos elementos del instrumento. Hay que hablar bien para poder cantar bien.
¿Cómo llegó a estas dos profesionales?
Recibí, a través de mi amigo el musicólogo Álvaro Torrente, un artículo de The Guardian en donde se hablaba de ellas y de su trabajo. Cuando lo leí estuve tan de acuerdo con su visión del canto que decidí buscarlas por Internet y enviarles un correo. De la misma forma que yo les escribí, también las contactaron más de veintidos mil personas, y tuve la suerte inmensa de que me contestaron. Sus vidas, tras el artículo, han cambiado por completo. Ellas antes trabajaban con muchos cantantes y actores italianos, pero ahora viene gente de todo el mundo, incluso muchos de ellos muy famosos, de forma anónima y con contratos de confidencialidad. Cierto es que en el mundo del canto a veces los cantantes somos un poco reticentes a la hora de admitir que tenemos problemas —o incluso de decir con quién estudiamos—, porque, evidentemente, pensamos que nos puede repercutir en nuestra faceta profesional. 
¿Por qué cree entonces que en un arte tan sincero como es el canto, los cantantes tienen miedo a desnudarse frente al público cuando padecen algún tipo de problema vocal?
Primero, porque se te viene el mundo encima, sobre todo cuando no sabes bien qué es lo que te ocurre. En mi caso hubo un momento en el que llegué a pensar en dedicarme a otra cosa. Entonces, si tú admites que estás mal, tu trabajo se cuestiona, se pone en peligro. Comprendo y respeto a los cantantes que no lo quieran decir. A mí misma me costó mucho, supongo que es algo normal. Y segundo, muchas veces no sabemos de qué manera podemos cambiar las cosas, no somos conscientes de que lo podemos hacer todo de manera más sencilla, que incluso problemas más graves como nódulos y granulomas, con una correcta vibración de las cuerdas vocales, desaparecen sin necesidad de una intervención quirúrgica. Nos hemos acostumbrado a vivir con tensiones, con problemas vocales, como parte de la carrera de cada uno. Pero no, cantar no debe costar esfuerzo, no debe doler, y las dolencias vocales o musculares no pueden ser parte del oficio de un cantante o de cualquier persona que trabaje con su voz (o con un instrumento).
¿Se ha vendido entonces la idea de que cantar cuesta?
Supongo que nadie ha querido vender esa idea. Sin embargo, dependiendo de cómo lo hagamos, cantar cuesta. Se ha consolidado, asimismo, una especie de moda, y no hablo exclusivamente del mundo lírico, sino también en la música moderna (rock, pop), de cantar poniendo caras de esfuerzo. Si estás tensando la musculatura de la cara, la voz, lógicamente, también se va a tensar. Creemos que si no ponemos caras de sufrimiento, si no parece que cuesta, al público no le llega la emoción, no le llega el afecto. Y creo que no podemos pensar que si hacemos sufrir al instrumento será una mejor forma de llegar más a la audiencia, de transmitirle lo que estamos cantando. En el mundo del ballet, por ejemplo, el trabajo fisiológico no se muestra a través del sufrimiento corporal. Hay un trabajo interno muy intenso, pero desde fuera no se percibe tensión alguna. En el canto no podemos poner en un segundo plano a los textos, a la prosodia, y centrarnos principalmente en el sonido que emitimos. Si un soneto de Petrarca o Dante pueden ser hermosos, relajados y bellos cuando los recitas, tienen que serlo cuando los cantas. Y mis profesoras tienen claro que hay que volver al "recitar cantando" para ensalzar el texto, que poco a poco se ha ido perdiendo en aras de la voz per se, del sonido, puesto que sin el equilibrio justo entre el texto y el sonido, la técnica está coja, incompleta.
Tras estos meses de retiro, ¿cómo se ha sentido al volver?
Con mucha, muchísima alegría y un poco de nervios. Hay ciertos aspectos de mí que han cambiado, en mi forma de emitir, de respirar, en las sensaciones con mi propia voz… aunque son más bien cuestiones internas mías. Todavía mi instrumento se tiene que abrir más y asentarse, el proceso todavía no ha terminado del todo. Aún así ya me encuentro muy capaz para volver a los escenarios. Solo pienso en que estoy al servicio de la música, soy un mero canal en el que por mí pasan las notas y el texto.
¿Por qué hoy en día los cantantes tienen carreras más cortas?
Mis profesoras lo tienen clarísimo. Forzamos de más el instrumento y al final se acaba resintiendo. Leí una entrevista a Ainhoa Arteta en la que decía, con mucha razón, que cuando tienes 20 o 25 años, los excesos musculares se reponen, pero al cabo de cinco, diez años más, comienzan los problemas, la musculatura no lo soporta más. Muchos colegas que trabajan sobre todo en el ámbito sinfónico se quejan de que acaban los ensayos y los conciertos exhaustos, llevando su voz al límite para que se les oiga por encima de los instrumentistas. Las orquestas cada vez son más grandes, los auditorios también (aunque normalmente tienen unas acústicas maravillosas) y hay un momento en el que, por naturaleza, las voces no pueden más, llegan a su límite. De la misma forma, los diapasones cada vez son más agudos. Se busca lo agudo, lo fuerte, y está perjudicando cada vez más a las voces. Y eso, combinado con una técnica que tal vez no sea la más sana posible, hace que nos hagamos daño. Desde que conocí a Marianna y Lisa me abrieron mucho los ojos. La certeza de constatar que los cantantes de principios del siglo XX (y anteriores, seguramente, aunque de ellos no hay archivos sonoros) llegaban con sus instrumentos sanos hasta el final de su vida fue lo que a ellas, en los años 70, les hizo preguntarse qué estábamos haciendo mal. Y decidieron dedicar su vida a investigar y a encontrar una solución a este problema.
¿Cree que la técnica ha ido degenerando a peor porque las voces se mueren antes?
Es una pregunta muy difícil de contestar. Pero no hay más que ver, por ejemplo, a los niños  que aparecen en los talent shows, que con seis años cantan como si tuviesen veinticinco, imitando (un mal endémico por el que todos hemos pasado) a Amy Winehouse, Adele, Luis Miguel o Whitney Houston. Cada uno tiene que sonar con su voz, con la edad que le corresponde, porque si no, esa niña que con seis años cantaba como si tuviese veinticinco, con cuarenta, sencillamente, ya no podrá cantar.
¿Cuales son los próximos proyectos de la nueva Raquel Andueza?
Pues desde conciertos en Bélgica, España, Francia, Suiza o Japón, hasta la grabación de un disco en el otoño, apoyada por la fundación BBVA. Es un proyecto de reconstrucción de bailes del siglo XVII, cuyas armonías y ritmos se conservan, pero cuyas melodías se perdieron. Han sido reconstruidas por Álvaro Torrente. 
¿Qué tiene la Raquel Andueza nueva que la antigua no tenía?
Siento mucha más facilidad y libertad al cantar, y percibo que puedo contar las historias mejor que antes. Noto que puedo ser más verdadera, mostrar más mi esencia.
 ¿Cree que la nueva Raquel Andueza va a gustar?
Espero que sí, ¡ay! Creo que ahora puedo ser más sincera con mi voz; tiene menos artificios, menos complicaciones que antes. Y si no gusta… qué podemos hacer, ¿no? Si perciben alguna diferencia, habrá gente a la que le guste más que antes, y gente a la que no —como siempre habrá habido personas a las que haya gustado y otras a las que no—. Todo el que se sube a un escenario da lo mejor de sí, y después es el público quien juzga, quien empatiza, quien siente… para concluir si le gusta o no. 
¿Qué le diría a todos esos cantantes y compañeros suyos que a día de hoy están sufriendo afecciones vocales y tienen miedo a compartirlo, incluso a buscarle solución?
Les diría, ante todo, que lo siento muchísimo, que les entiendo, les comprendo y que tienen todo mi apoyo. Les animaría a que mantuviesen las esperanzas en encontrar una solución, porque la hay. Y, por supuesto, estoy abierta a contarles, explicarles y ayudarles en todo lo que pueda. Si puedo aportar ese granito de arena, estaré encantada. Básicamente porque esto que he aprendido es tan maravilloso que no me lo puedo quedar para mí. Mis profesoras, además, me están formando a mí también para enseñar su método, que realmente es una revolución del canto, como ellas dicen. Quieren que sus investigaciones sobre el canto que no se pierdan, y a determinadas personas de confianza de toda Europa nos están enseñando cómo enseñar su técnica para que podamos ayudar al mayor número de personas posibles.
Nacho Castellanos

Nacho Castellanos

La soprano navarra Raquel Andueza [en la foto] vuelve a los escenarios tras casi cuatro meses de retiro. Fue el pasado invierno cuando dio a conocer que padecía ciertos problemas vocales y, tras tres intensos meses, trabajando en Italia con dos profesionales de la voz, reanuda su vida concertística para presentar a una Raquel Andueza más sincera, más humana, más ella. Se trata de una nueva visión de la vocalidad ofrecida por las maestras Lisa Paglin y Marianna Brilla, que retoma la importancia del texto, de la palabra, de la parola que tanta importancia se dio en tiempos de Monteverdi o Caccini. Raquel Andueza ha podido experimentar en sus carnes esta nueva forma de cantar, esta revolución en el mundo del canto que poco a poco se va haciendo más grande.

Cuando decidió retirarse de los escenarios se encontraba en el punto más alto de su carrera. ¿En qué momento dijo: "necesito parar, ya no puedo seguir"?

Fue algo bastante progresivo. Poco a poco empecé a notar dificultades, sobre todo en la zona del agudo, que en un primer momento achaqué al cansancio de los viajes, al no dormir bien… e intenté buscar la lógica a lo que me estaba ocurriendo. Al ver que no se pasaba, lo primero que hice fue acudir a un otorrino por si lo que me ocurría era un problema en la cuerdas vocales, pues yo estaba haciendo lo mismo de siempre, pero cada vez sentía mayor dificultad. Acudí entonces a un par de otorrinos en Madrid, que me dijeron que mi aparato fonador estaba en perfecto estado y que posiblemente se tratase de un problema psicológico. Ahí empecé incluso a pensar que me estaba obsesionando o que se me había podido llegar a olvidar cómo cantar. Finalmente acudí a una doctora en Pamplona, la cual me detectó un desplazamiento rotatorio en la laringe. Tras solventarlo, comencé a trabajar vocalmente con dos profesoras que conocí en Italia, para volver a poner a punto el instrumento. Al principio pensé que podría combinar el trabajo de estas profesoras con la vida laboral y los conciertos, pero acabé dándome cuenta de que necesitaba parar y centrarme en mi proceso de recuperación y rehabilitación. Fue un momento fue muy duro, lloré y sufrí mucho, aunque ahora sé que conocerlas fue lo mejor que me pudo ocurrir. Mi recuperación no habría sido posible sin mis profesoras, Lisa Paglin y Mariana Brilla, que, aparte de su sabiduría y profesionalidad, poseen un optimismo inagotable y un cariño especial, lo cual me ayudó muchísimo a que el proceso fuera menos duro.

Cuando empieza a notar esta serie de problemas y decide dejar los escenarios, ¿cree que hubo comprensión por parte de los programadores y de los críticos?

Sí, por ambas partes. Las dos últimas críticas que me hicieron antes de hacer la pausa el pasado invierno las escribieron personas que eran conscientes de lo que me ocurría y mostraron su absoluta comprensión hacia mí. Por parte de los programadores también he recibido mucho apoyo y una gran comprensión, incluso a pesar de tener que cancelar conciertos. Soy una persona con buena salud y no suelo cancelar mis actuaciones, pero el año pasado, seguramente porque mi cuerpo ya se sentía mal y acabé somatizándolo, fue el año que más resfriados tuve. Siempre he sido de la opinión de ir con la verdad por delante, y cuando finalmente descubrí cual era mi problema no me pareció nada vergonzoso contarlo y hacerlo público. 

Lleva cinco meses trabajando con Lisa Paglin y Mariana Brilla [en la foto], posiblemente las dos profesoras de canto más solicitadas a nivel mundial en este momento, y cuya filosofía vocal defiende que la gran mayoría de los cantantes no están usando de forma correcta su aparato fonador. ¿Cuáles son las innovaciones que Brilla y Paglin proponen a la hora de cantar?

La base de su filosofía acerca del canto reside en realizar todo de la manera más sencilla posible, y afirman que si uno a la hora de cantar siente dificultad, significa que hay algo que se está haciendo mal. Ellas trabajan desde el aspecto más fisiológico de la voz y enseñan cualquier tipo de modalidad musical, bien seas un cantante wagneriano, de jazz, de pop, clásico o barroco. La base de un cantante es la misma, cantes el género que cantes, simplemente hay que saber cómo utilizar la voz y el estilo. En el proceso también se corrige la forma de hablar. Al fin y al cabo, el cantar y el hablar se realizan con los mismos elementos del instrumento. Hay que hablar bien para poder cantar bien. 

¿Cómo llegó a estas dos profesionales?

Recibí, a través de mi amigo el musicólogo Álvaro Torrente, un artículo de The Guardian en donde se hablaba de ellas y de su trabajo. Cuando lo leí estuve tan de acuerdo con su visión del canto que decidí buscarlas por Internet y enviarles un correo. De la misma forma que yo les escribí, también las contactaron más de veintidos mil personas, y tuve la suerte inmensa de que me contestaron. Sus vidas, tras el artículo, han cambiado por completo. Ellas antes trabajaban con muchos cantantes y actores italianos, pero ahora viene gente de todo el mundo, incluso muchos de ellos muy famosos, de forma anónima y con contratos de confidencialidad. Cierto es que en el mundo del canto a veces los cantantes somos un poco reticentes a la hora de admitir que tenemos problemas —o incluso de decir con quién estudiamos—, porque, evidentemente, pensamos que nos puede repercutir en nuestra faceta profesional.  

¿Por qué cree entonces que en un arte tan sincero como es el canto, los cantantes tienen miedo a desnudarse frente al público cuando padecen algún tipo de problema vocal?

Primero, porque se te viene el mundo encima, sobre todo cuando no sabes bien qué es lo que te ocurre. En mi caso hubo un momento en el que llegué a pensar en dedicarme a otra cosa. Entonces, si tú admites que estás mal, tu trabajo se cuestiona, se pone en peligro. Comprendo y respeto a los cantantes que no lo quieran decir. A mí misma me costó mucho, supongo que es algo normal. Y segundo, muchas veces no sabemos de qué manera podemos cambiar las cosas, no somos conscientes de que lo podemos hacer todo de manera más sencilla, que incluso problemas más graves como nódulos y granulomas, con una correcta vibración de las cuerdas vocales, desaparecen sin necesidad de una intervención quirúrgica. Nos hemos acostumbrado a vivir con tensiones, con problemas vocales, como parte de la carrera de cada uno. Pero no, cantar no debe costar esfuerzo, no debe doler, y las dolencias vocales o musculares no pueden ser parte del oficio de un cantante o de cualquier persona que trabaje con su voz (o con un instrumento).

https://pbs.twimg.com/media/DJ8vy-KWAAAYv6v.jpg¿Se ha vendido entonces la idea de que cantar cuesta?

Supongo que nadie ha querido vender esa idea. Sin embargo, dependiendo de cómo lo hagamos, cantar cuesta. Se ha consolidado, asimismo, una especie de moda, y no hablo exclusivamente del mundo lírico, sino también en la música moderna (rock, pop), de cantar poniendo caras de esfuerzo. Si estás tensando la musculatura de la cara, la voz, lógicamente, también se va a tensar. Creemos que si no ponemos caras de sufrimiento, si no parece que cuesta, al público no le llega la emoción, no le llega el afecto. Y creo que no podemos pensar que si hacemos sufrir al instrumento será una mejor forma de llegar más a la audiencia, de transmitirle lo que estamos cantando. En el mundo del ballet, por ejemplo, el trabajo fisiológico no se muestra a través del sufrimiento corporal. Hay un trabajo interno muy intenso, pero desde fuera no se percibe tensión alguna. En el canto no podemos poner en un segundo plano a los textos, a la prosodia, y centrarnos principalmente en el sonido que emitimos. Si un soneto de Petrarca o Dante pueden ser hermosos, relajados y bellos cuando los recitas, tienen que serlo cuando los cantas. Y mis profesoras tienen claro que hay que volver al "recitar cantando" para ensalzar el texto, que poco a poco se ha ido perdiendo en aras de la voz per se, del sonido, puesto que sin el equilibrio justo entre el texto y el sonido, la técnica está coja, incompleta.

Tras estos meses de retiro, ¿cómo se ha sentido al volver?

Con mucha, muchísima alegría y un poco de nervios. Hay ciertos aspectos de mí que han cambiado, en mi forma de emitir, de respirar, en las sensaciones con mi propia voz… aunque son más bien cuestiones internas mías. Todavía mi instrumento se tiene que abrir más y asentarse, el proceso todavía no ha terminado del todo. Aún así ya me encuentro muy capaz para volver a los escenarios. Solo pienso en que estoy al servicio de la música, soy un mero canal en el que por mí pasan las notas y el texto. 

¿Por qué hoy en día los cantantes tienen carreras más cortas?

Mis profesoras lo tienen clarísimo. Forzamos de más el instrumento y al final se acaba resintiendo. Leí una entrevista a Ainhoa Arteta en la que decía, con mucha razón, que cuando tienes 20 o 25 años, los excesos musculares se reponen, pero al cabo de cinco, diez años más, comienzan los problemas, la musculatura no lo soporta más. Muchos colegas que trabajan sobre todo en el ámbito sinfónico se quejan de que acaban los ensayos y los conciertos exhaustos, llevando su voz al límite para que se les oiga por encima de los instrumentistas. Las orquestas cada vez son más grandes, los auditorios también (aunque normalmente tienen unas acústicas maravillosas) y hay un momento en el que, por naturaleza, las voces no pueden más, llegan a su límite. De la misma forma, los diapasones cada vez son más agudos. Se busca lo agudo, lo fuerte, y está perjudicando cada vez más a las voces. Y eso, combinado con una técnica que tal vez no sea la más sana posible, hace que nos hagamos daño. Desde que conocí a Marianna y Lisa me abrieron mucho los ojos. La certeza de constatar que los cantantes de principios del siglo XX (y anteriores, seguramente, aunque de ellos no hay archivos sonoros) llegaban con sus instrumentos sanos hasta el final de su vida fue lo que a ellas, en los años 70, les hizo preguntarse qué estábamos haciendo mal. Y decidieron dedicar su vida a investigar y a encontrar una solución a este problema.

¿Cree que la técnica ha ido degenerando a peor porque las voces se mueren antes?

Es una pregunta muy difícil de contestar. Pero no hay más que ver, por ejemplo, a los niños que aparecen en los talent shows, que con seis años cantan como si tuviesen veinticinco, imitando (un mal endémico por el que todos hemos pasado) a Amy Winehouse, Adele, Luis Miguel o Whitney Houston. Cada uno tiene que sonar con su voz, con la edad que le corresponde, porque si no, esa niña que con seis años cantaba como si tuviese veinticinco, con cuarenta, sencillamente, ya no podrá cantar. 

¿Cuales son los próximos proyectos de la nueva Raquel Andueza?

Pues desde conciertos en Bélgica, España, Francia, Suiza o Japón, hasta la grabación de un con disco con La Galanía [en la foto] en el otoño, apoyada por la fundación BBVA. Es un proyecto de reconstrucción de bailes del siglo XVII, cuyas armonías y ritmos se conservan, pero cuyas melodías se perdieron. Han sido reconstruidas por Álvaro Torrente.  

¿Qué tiene la Raquel Andueza nueva que la antigua no tenía?

Siento mucha más facilidad y libertad al cantar, y percibo que puedo contar las historias mejor que antes. Noto que puedo ser más verdadera, mostrar más mi esencia. 

 ¿Cree que la nueva Raquel Andueza va a gustar?

Espero que sí, ¡ay! Creo que ahora puedo ser más sincera con mi voz; tiene menos artificios, menos complicaciones que antes. Y si no gusta… qué podemos hacer, ¿no? Si perciben alguna diferencia, habrá gente a la que le guste más que antes, y gente a la que no —como siempre habrá habido personas a las que haya gustado y otras a las que no—. Todo el que se sube a un escenario da lo mejor de sí, y después es el público quien juzga, quien empatiza, quien siente… para concluir si le gusta o no.  

¿Qué le diría a todos esos cantantes y compañeros suyos que a día de hoy están sufriendo afecciones vocales y tienen miedo a compartirlo, incluso a buscarle solución?

Les diría, ante todo, que lo siento muchísimo, que les entiendo, les comprendo y que tienen todo mi apoyo. Les animaría a que mantuviesen las esperanzas en encontrar una solución, porque la hay. Y, por supuesto, estoy abierta a contarles, explicarles y ayudarles en todo lo que pueda. Si puedo aportar ese granito de arena, estaré encantada. Básicamente porque esto que he aprendido es tan maravilloso que no me lo puedo quedar para mí. Mis profesoras, además, me están formando a mí también para enseñar su método, que realmente es una revolución del canto, como ellas dicen. Quieren que sus investigaciones sobre el canto que no se pierdan, y a determinadas personas de confianza de toda Europa nos están enseñando cómo enseñar su técnica para que podamos ayudar al mayor número de personas posibles.