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ENTREVISTA / Paul Agnew: "Nuestro 'Orfeo' es joven e íntimo"


Foto: Jean Baptiste Millot

Eduardo Torrico

Les Arts Florissants presenta su versión del Orfeo monteverdiano en los Teatros del Canal de Madrid. Lo harán esta noche y mañana, bajo la dirección del tenor Paul Agnew, quien desde hace unos años comparte responsabilidades junto a William Christie al frente de la prestigiosa agrupación francesa.

Llegan a Madrid de gira, después de haber pasado por varias ciudades europeas.

Venimos de hacer esta producción en Caen, en la Musikverain de Viena, en la maravillosa nueva sala de la Orquesta de la Radio de Katowice y en la Opera Real de Versalles. Ahora haremos estas dos representaciones en Madrid y finalizaremos la gira en París, en la nueva Philharmonie, la próxima semana.

¿Qué Orfeo va a ver la gente que se acerque a los Teatros del Real?

Van a ver un Orfeo íntimo y joven. Sabemos que cuando se estrenó esta ópera en Mantua, en 1607, la sala era más bien pequeña, por lo cual se me antoja bastante complicado que el coro tuviera unas dimensiones amplias, como dicen muchos. Seguramente Monteverdi utilizó su propio ensemble, al que añadió algunos refuerzos, entre los que estaba el famoso castrato florentino Giovanni Gualberto Magli. Por ello, en este Orfeo usamos, tanto para las partes solistas como para las corales, diez cantantes. Y hemos querido combinar cantantes que utilizamos habitualmente en los proyectos más importantes de Les Arts Florissants con jóvenes cantantes salidos de la última edición de nuestro Jardin des Voix. A estos cantantes jóvenes les va a venir muy bien esta obra porque tendrán que "hablar" la música y leer bien los recitativos, dos cosas que, por desgracia, están bastante olvidadas en la ópera últimamente.

¿Cómo es la puesta en escena?

También es peculiar, porque todos los instrumentistas están situados permanentemente sobre el escenario. Eso les obliga a tocar de memoria, sin partitura. Forman parte del ambiente que se crea en torno a Orfeo y Euridice. En total, empleamos dos claves, dos órganos, un regal; dos laúdes y un arpa para el continuo; cinco cuerdas y, por último, siete vientos, entre sacabuches y cornetas.

Ese orgánico, ¿responde a alguna demanda concreta?

Monteverdi fue bastante más explícito en cuanto a orquesta que en cuanto a los cantantes. Usamos aquí lo que él dejo señalado: cuerdas simples y, por supuesto, las cornetas y los sacabuches para la apertura y para la segunda parte. Sólo hemos prescindido de un laúd. El problema que se nos planteaba cuando empezamos a trabajar en este Orfeo es si queríamos hacerlo como se supone que lo hizo Monteverdi en su día o como se hace en la actualidad. Había mucho que improvisar, debido a la falta de indicaciones, así que recurrimos a otras fuentes. Por ejemplo, sabemos que el VII Libro de madrigales a Tirsi le acompaña un clave y a Clori un arpa, así que hemos decidido identificar a determinados personajes con determinados instrumentos para los momentos más dramáticos de la obra.

Usted canta el papel de Apolo en este Orfeo. ¿Cómo se las apaña para cantar, para actuar y, al mismo tiempo, para dirigir a cantantes, coro e instrumentistas?

La labor de dirección se ha hecho principalmente en los ensayos. No habría podido dirigir si hubiera tenido que cantar el papel de Orfeo, por ejemplo. Pero el que canto es el de Apolo, que aparece solo al final de la obra. Preparamos concienzudamente la parte musical antes de comenzar los ensayos escénicos y pienso que eso ha allanado el camino. Al final son los propios cantantes y los propios instrumentistas los responsables de sí mismos en este Orfeo.

Es decir, que su trabajo está hecho, lo cual le permitirá, supongo, disfrutar de toda la obra.

Mi trabajo sobre la escena está hecho, es verdad, lo mismo que el trabajo musical. Me gustaría decir que gracias a esto puedo disfrutar plenamente en cada representación de este Orfeo, pero la verdad es que mi corazón está trepidando desde que empieza la ópera hasta que, dos horas más tarde, he de cantar las tres líneas que están reservadas para el papel de Apolo. He sentido en este Orfeo más nervios que en cualquier otra producción en la que he intervenido a lo largo de mi carrera, porque no tengo el control sobre lo que está ocurriendo sobre el escenario. Es decir, que mi labor aquí se reduce a los ensayos y a decir "¡buena suerte!" a la gente antes de que empiece cada función. Afortunadamente, todos los que intervienen son fantásticos y están muy motivados. Esa es la principal misión de un director musical, motivar a todos. El secreto para que una representación salga bien. Aquí, una fuerte dosis añadida de motivación tiene que ver con el hecho de que sean ellos los verdaderos responsables de lo que ocurre en el show.

También facilita las cosas de que las formaciones de Les Art Florissants son bastante estables, algo que no es muy habitual en el mundo de la música antigua.

Somos una familia. Unas veces somos una familia numerosa y otras veces somos una familia más reducida. Pero siempre somos una familia. Yo mismo llevo trabajando con Les Arts Florissantes casi veinticinco años. Por supuesto, las nuevas generaciones van tomando el relevo, pero siempre hay algún veterano, como Simon Heyerick —que lleva incluso más tiempo que yo y que también actúa en este Orfeo—, dispuesto a mantener la conexión con el origen del grupo. Por eso, a pesar del tiempo transcurrido, Les Arts Florissants ha sabido mantener siempre el mismo sonido y conservar el mismo espíritu. Porque somos una familia, sabemos que podemos poner la responsabilidad en las manos de ellos y que ellos van a responder bien, porque están comprometidos en todo momento.

¿Están atravesando por un periodo de transición? Quiero decir que usted está asumiendo más responsabilidades como director últimamente. ¿Se ve como el relevo natural de William Christie?

En primer lugar, no creo que William Christie se vaya a retirar nunca; en segundo lugar, no me gusta hablar de transición. Estamos, de hecho, en un periodo muy fecundo para Les Arts Florissants. Es verdad que ahora estoy dirigiendo más de lo que lo hacía antes, y en ese sentido tengo que estar agradecido a Christie por la enorme generosidad que ha demostrado conmigo. De momento, esta dirección compartida funciona realmente bien y espero que sigamos así durante mucho tiempo.

¿No pasapor su cabeza la idea ser el director principal del grupo?

Nunca he sido una persona ambiciosa en ese sentido. Si me pregunta por el papel me gustaría cantar en una ópera, tal vez se sorprendería si le dijera que no tengo hecha una lista con ese tipo de preferencias. Mis aspiraciones se centran exclusivamente en el siguiente papel que me es asignado y en hacerlo a conciencia. Eso es lo que me reconforta. Soy ambicioso en cuanto a que las representanciones en las que intervengo salgan lo mejor posible, pero no ambicioso ser famoso, ni ser la cabeza visible de un gran grupo como es Les Arts Florissants. Estoy encantado con la situación actual y, como le acabo de decir, espero que sigamos mucho tiempo los dos preparando las temporadas y trabajando en los nuevos proyectos. Mantenemos una relación muy próxima, y eso es así porque los dos creemos en las cosas que hacemos. De hecho, Christie siempre me está animando a que sea yo mismo como músico y a que evite ser una copia de alguien. Somos dos personalidades distintas a la hora de dirigir al grupo, pero esto, lejos de ser un problema, considero que es una gran ventaja.

Foto: Philippe Delval

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