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El Royal Ballet lleva "Jewels", de George Balanchine, a casi 100 cines de toda España


El emblemático coréografo George Balanchine estrenó el 13 de abril de 1967 Jewels, el primer ballet abstracto de tres actos. Jewels es una síntesis de la trayectoria coreográfica del genio ruso que, a través, de la música de Gabriel Fauré, Igor Stravinski y Piotr Ilich Chaikovski, e inspirado por la belleza de las piedras preciosas expuestas en la vitrina de los joyeros Van Cleef & Arpels de Nueva York, recorre las tradiciones y espíritu del ballet francés, norteamericano y ruso.

Para celebrar este aniversario, la Royal Opera House de Londres transmitirá en directo, mañana 11 de abril, esta joya coreográfica del siglo XX a casi 100 cines de toda España. Una velada en la que el público español podrá disfrutar de esta compañía británica encabezada por sus bailarines principales Ryoichi Hirano, la madrileña Laura Morera, Sarah Lamb, Steven McRae, Marianela Núñez y Thiago Soares; y los primeros solistas de Valeri Hristov, Beatriz Stix-Brunell y Melissa Hamilton —actualmente bailarina principal en el Semperoper de Dresden—.

Cada uno de los actos de este ballet está inspirado en una piedra preciosa. Así, Jewels comienza bañando el escenario de verde esmeralda para, acompañado de la música del francés Gabriel Fauré, evocar el ballet romántico francés, lírico y sutil, del siglo XIX.

En "Rubíes", el segundo acto de esta velada, Balanchine explora la energía propia de la edad del jazz de Nueva York, muy presente e influyente a lo largo de su trayectoria, para la que cuenta con las melodías de Stravinski, compositor con el que mantuvo una larga relación a lo largo de toda su carrera y que puso música a otros de sus ballets como AgonDuo Concertant o Le Baiser de la Fée.

La grandeza y espíritu grandilocuente del ballet imperial ruso, escuela en la el que el propio Balanchine se formó, toma forma en "Diamantes", acto que cierra este ballet. Una coreografía pomposa, con un final digno de la corte de la Rusia Imperial del zar Alejandro III, para la que Balanchine usó la Tercera sinfonía de Chaikovski (a excepción de su primer movimiento).