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CRÓNICA: Alegría juvenil y profesionalidad en el Auditorio Nacional


Madrid. Auditorio Nacional, Sála de Cámara. 26-I-2017. Ciclo A+música.com. María Dueñas, Joaquín Torre, Mon-Fu Lee y Patricia Cordero (violines). Orquesta de Cámara Andrés Segovia. Director: Víctor Ambroa. Obras de Vivaldi, Bach, Mozart y Sarasate.

 Helena Núñez Guasch

Ayer por la tarde el maestro ruso Valery Gergiev se subía al podio de la sala sinfónica del Auditorio Nacional para dirigir a la emblemática Orquesta del Teatro del Mariinsky. A la misma hora, y a escasos metros de allí, en la sála de cámara del auditorio madrileño, cuatro jovencísimos violinistas (María Dueñas, Joaquín Torre, Mon-Fu Lee y Patricia Cordero) luchaban contra los nervios de enfrentarse al público para interpretar como solistas, junto a la Orquesta de Cámara Andrés Segovia (OCAS), varias piezas de Vivaldi, Bach, Mozart y Sarasate.

Esta oportunidad vino de la mano de la asociación A+música, que a lo largo de su temporada de conciertos pone a disposición de algunos de los mejores jóvenes solistas, becados por Juventudes Musicales de Madrid, un auditorio y una orquesta para que puedan demostrar sus aptitudes.

El concierto, que resultó tremendamente alegre y jovial, comenzó con el Concierto en Si menor para 4 violines op. 3 de Vivaldi, pieza que interpretaron los cuatro jóvenes acompañados por la OCAS. La obra, compuesta entre 1709 y 1711 y que el Prete Rosso dedicó al gran duque de Toscana, permitió el lucimiento de los cuatro solistas, y en especial de la benjamina María Dueñas, de tan solo 13 años, que demostró su gran ímpetu y energía. Tras esta, Torre, Cordero y Lee abordaron el Concierto en Re menor para 3 violines y orquesta de Bach, una partitura con la que demostraron su gran nivel interpretativo y su enorme profesionalidad.

Pero fue ya en la segunda parte del concierto, con una virtuosa y juguetona interpretación de Dueñas del Concierto nº 4 en Re menor para violín y orquesta de Mozart, cuando la euforia del público se desató; los aplausos y 'bravos' no cesaron hasta hacer que Dueñas ofreciese una propina.

El broche de la velada fue la brillante e impetuosa interpretacion por parte de Torre y Cordero de Navarra de Sarasate, partitura con la que hicieron las delicias del público, que nuevamente rompió a aplaudir y a ovacionarles apasionadamente nada más acabar. Un público que, conforme abandonaba la sala, repetía una y otra vez comentarios del tipo: "madre mía estos niños, con lo jóvenes que son...".