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CRÍTICA / Zimmer Superstar


Madrid. Teatro Real. 3-VII-2018. Valentina Naforniţa, Gan-ya Ben-gur Akselrod, Asja Kadrić. Amir John Haddad-El Amir, guitarras. Juan García-Herreros, bajo eléctrico. Rusanda Panfili, violín. Marie Spaemann, violonchelo. Pedro Eustache, vientos del mundo y cul'e puya. Eliane Correa, teclados. Aleksandra Šuklar, láminas y percusión. Luis Ribeiro, percusiones del mundo. Lucy Landymore, batería y percusiones. Orquesta Ciudad de Almería. Coro Sintagma. Director: Gavin Greenaway. "The World of Hans Zimmer: A Symphonic Celebration"

David Rodríguez Cerdán

Todo empezó en 2001 con "Hans Zimmer Live in Concert" (HZL), cartel musical de la decimoquinta edición del veterano Festival de Cine Internacional de Flandes que luego saldría en disco con el título "The Wings of a Film". Ya no había quien parase al compositor francfortés. Sus partituras para La delgada línea roja (1998) y Gladiator (2000) habían revolucionado la estética musical de Hollywood y a los haters no les quedó otra que hacer mutis por el foro. Con este primer gran concierto sinfónico-coral de la música fílmica de Zimmer pudo comprobarse cómo sonaba aquello sin máquinas ni amplis, pero en la transición al directo la cosa perdía fuelle aún contando con los solistas originales y la escudería habitual de arreglistas y orquestadores.

Casi veinte años después y con la lección bien aprendida, Zimmer decide cambiar la pajarita por la chupa de cuero y se desata en el gran espectáculo rockpopero para banda, orquesta y coro Hans Zimmer Live, que desde 2016 lo viene "petando" en los estadios de todo el mundo. Viendo el éxito del invento el consorcio Semmel Concerts, RCI Global y Tomek Productions le propone a Zimmer seguir explotando el filón con este "The World of Hans Zimmer-A Symphonic Celebration" (TWHZ), que es algo así como la versión expandida o la secuela bigger is better de "HZL", copiando concepto y escenografía pero añadiendo a la ecuación una plantilla sinfónica completa y un nuevo repertorio de suites y medleys convenientemente formateado.

"TWHZ" se nos vende entre líneas como "la experiencia completa", pero es un "todismo" deshonesto. Sabemos que la taquilla manda, pero cualquiera familiarizado con el corpus zimmeriano observará que el programa solo cubre la última etapa del compositor (2000-2005 y 2005-2015) dejando fuera los años británicos (1983-1990) y la época Media Ventures (1990-2000). ¿Qué pasa con obras tan interesantes como La casa de papel, De repente, un extraño, Llamaradas, A propósito de Henry, La fuerza de la ilusión o La señal? Fácil: que no son comercialmente viables. Entendido, pero que no nos vendan un islote como un mundo porque no hay quien lo compre. Además, con tal de no pisarle el repertorio a "HZL" se omiten piezas que habría sido de recibo incluir —La delgada línea roja o Interstellar— y se incluyen otras —Vacaciones, Madagascar, Kung Fu Panda, Rush— que habría sido de recibo omitir. Pero al rey lo que es suyo, y de ovación estuvieron la fantasía flamenco-tanguera de Misión: Imposible 2 (2000), la versión para violonchelo, coro y cuerda del To Every Captive Soul de Hannibal (2001) —un plagio perverso y delicioso del Liebestod— y una generosa y muy mimada suite de El código Da Vinci (2006) que se pareó de maravilla con las bonitas abstracciones visuales de Michael Balgavy aunque la soprano prefiriese saltarse el legato.

Estas dos últimas permitieron disfrutar de orquesta —la Orquesta Ciudad de Almería— y coro —Coro Sintagma— sin aditivos así como del Zimmer más (armónica y gramaticalmente) aplicado. Pese a las limitaciones acústicas del coliseo —un recinto problemático para un show como este— la amplificación y una persistente base de batería y electrónica se encargaron de que todo sonara tan epatante, furioso, espectacular y contundente como estaba mandado. La sorpresa final fue ver salir a Zimmer por partida doble (en diferido, al piano y en directo, a la eléctrica) tocando el tema de amor —Time—de Origen y luego dando paso al medley de propina de Piratas del Caribe, que les salió tan cacofónico y gamberro como una buena juega de Jack Sparrow. Imagínense: el teatro se vino abajo.