Ud. está aquíInicio / CRÍTICA / Y Orfeo cantó en el Palacio Real

CRÍTICA / Y Orfeo cantó en el Palacio Real


Madrid. Capilla del Palacio Real. 3-III-2017. FIAS 2017. El Canto de Orfeo. Directora: Leonor de Lera. Obras de Merula, Cima, Buonamente, Castello, Scarani, Cazzati, Palestrina, Da Viadana, Cavalli, Guerrieri y Legrenzi.

Eduardo Torrico

El concierto de anoche en la capilla del Palacio Real fue el epítome perfecto de lo que ha pretendido ser, en sus dos últimas ediciones, el Festival Internacinal de Arte Sacro (FIAS) de Madrid: un escaparate para que jóvenes musicos españoles formados en el extranjero tengan la oportunidad de darse a conocer en su propio país. El Canto de Orfeo es un grupo integrado por intérpretes salidos de esas dos grandes canteras de la música antigua que son Basilea y Ámsterdam, empezando por su propia directora, la violinista Leonor de Lera. Especializado en música instrumental del siglo XVIII, presentó un subyugante programa italiano en el que tuvieron cabida obras de Merula, Cima, Buonamente, Cazzati, Cavalli o Legrenzi. Obras de carácter profano, pero sin perder el vínculo sacro que marca al festival, ya que todos estos compositores estuvieron en algún momento de su vida al servicio de la Iglesia (varios, incluso, fueron sacerdotes). De ahí, el título del programa: Ad Servitium Ecclesiae.

Junto a De Lera intervinieron el también violinista Emmanuel Resche, los cornetistas Josué Meléndez y Manuel Pascual, el violagambista Rodney Prada, el tiorbista Josep Maria Martí y el clavecinista Javier Núñez, todos ellos con una trayectoria tan amplia como interesante en formaciones nacionales y, principalmente, internacionales. Desde el principio de su actuación, El Canto de Orfeo fue como la seda, aunque en algunas de las piezas finales se apreció algún indicio de cansancio en los cornetos. Los cuatro instrumentos altos empastaron a la perfección, sobre todo en las difíciles sonatas para cuatro violines (obviamente, dos de ellos sustituidos por cornetos) de Buonamente y Legrenzi. Y el bajo continuo ofreció un sinfín de detalles ornamentales acompañados de un sonido transparente y, a la vez, vigoroso (es casi imposible encontrar a un tiorbista con la potencia sonora de Martí, capaz de hacerse escuchar hasta en el último rincón de la sala, por grande que sea).

En contra de las previsiones (nada halagüeñas cuando se trata de un espacio eclesiástico), la capilla del Palacio Real ofreció una magnífica acústica, ideal para esta música instrumental de pequeño formato. Eso permitió apreciar toda la finura de los gestos y los delicadísimos matices en la brillante y sentida interpretación de El Canto de Orfeo. Siempre es una buena noticia que aparezcan grupos nuevos, pero mucho más lo es si muestran las excelentes maneras mostradas por el grupo de De Lera, cuya primera grabación discográfica verá pronto la luz.