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CRÍTICA / Xavier Sabata: La inteligencia sensible


Madrid. Teatro de la Zarzuela. 25-VI-2018. XXIV Ciclo de Lied. Xavier Sabata, contratenor. Anne Le Bozec, piano. Obras de Perucchini, Séverac, Falla, Jatzidakis, Mompou y Berio.

Blas Matamoro

No es fácil resolver un concierto de cámara a cargo de un contratenor. Puede tratarse de un monográfico barroco y caer en la saturación, o perderse en un repertorio inadecuado a su naturaleza vocal. Sabata ha evitado ambos peligros y construido un recital modélico y resplandeciente. Ante todo, por su resolución vocal, una tesitura contraltada, homogénea de timbre y registros, esmaltada y manejada con una técnica de relajación radicalmente ejemplar. Es notable, en especial, por la regulación dinámica de los volúmenes que, en el caso de los contratenores, suele ser defectuosa. Sabata lo resuelve con una paleta de matices que, sin alteraciones tímbricas, varía la anchura expresiva de sus vibraciones.

El otro acierto fue el repertorio. Perucchini aparte, una recuperación dieciochesca, estuvo nutrido por autores modernos. Algunos de ellos, escasamente presentes en estos ciclos, como Jatzidakis y Séverac. Sabata tuvo la habilidad de reunirlos por vasos comunicantes, acaso mediterráneos, que los aproximaron a Falla y a Mompou, más las travesuras de Luciano Berio. A todos sirvió el cantante con extrema concentración, exquisito detallismo, un labrado de fraseo y una musicalidad paradigmáticos. Baste subrayar el momento a solo de Mompou con versos de Juan Ramón El viaje definitivo, estrictamente levitante.

No habría sido posible completar la entrega sin una pianista como Le Bozec, que no solo acompañó a la voz sino que ofreció dos momentos de teclado exento (Falla y Mompou). El instrumento sonó con una suntuosidad tímbrica relevante, a la cual la intérprete sumó una versatilidad de estilos y caracteres que pareció inagotable, sin alterar en ningún momento el delicado equilibrio con su compañero de faenas. Un bello combate contra el silencio, eso que solemos llamar la música.