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CRÍTICA: Violeta Urmana, una robusta sutileza


Madrid. Teatro de la Zarzuela. 7-XI-2016.XXIII Ciclo de Lied. Violeta Urmana, mezzosoprano. Helmut Deutsch, piano. Obras de Schubert y Strauss.

Blas Matamoro

Una soprano dramática, a menudo a caballo entre ella y la tesitura de mezzo, parece poco favorable al repertorio de cámara, a su intimidad y recogimiento. Pero también existe la otra tendencia, la que en tiempos personificaron Flagstad, Lotte Lehmann, Jeritza y, más cerca de nuestros días, Régine Crespìn. Es el espacio en que Urmana se situó al proponernos su recital, con un óptimo resultado.

El repertorio operístico de Urmana se nutre, en efecto, de papeles dramáticos, sean wagnerianos (Isolda, Kundry) o italianos (Amelia, Gioconda, Santuzza). Su voz es extensa y está montada sobre una técnica de flexible homogeneidad que aligera los pasajes desde un agudo con un expresivo vibrato hasta un grave de sedosa oscuridad. Da rienda suelta a sus medios con total libertad y, cuando hace falta, emite medias voces y apiana con extrema sutileza.

A la vez, la selección del repertorio se hizo a favor de páginas que tuvieran cierta posibilidad igualmente dramática o narrativa, incluyendo la noción de que la voz cantante es un personaje. En Schubert descolló con el imponente monólogo de Atlas y la balada El enano, donde brilló en su caracterización de voces diversas. La Suleika de Goethe fue todo un personaje en sí mismo. Desde luego, el gran momento de la tarde fue Strauss, para el cual la voz de Urmana, unida a un fraseo impecable hasta la taracea, propuso una serie de ejemplos, incluidos cuatro propinas con algunas de sus páginas más conocidas. Deutsch, como siempre, magistral alerta y ricamente timbrado.