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CRÍTICA / Una experiencia religiosa


Oviedo. Sala de Cámara del Auditorio Príncipe Felipe. 15-IV-2018. Primavera Barroca (CNDM). Coro El León de Oro. Director: Marco Antonio García de Paz. Obras de Palestrina, Monteverdi y Victoria.

Nuria Blanco Álvarez

El León de Oro, dirigido por su titular, Marco Antonio García de Paz, ha vuelto a su casa a participar en la Primavera Barroca, en la Sala de Cámara del Auditorio Príncipe Felipe, con un programa de enorme complejidad, solo al alcance de muy pocos. Seis selectas obras a cappella, elegidas entre lo más granado de la polifonía sacra del Renacimiento italiano y español que incluyen piezas a 6 y 8 voces además de doble coro, de enorme complejidad que la agrupación abordó, como siempre acostumbra, a un gran nivel.

El coro desplegó todo su saber en este interesante concierto, donde pudimos disfrutar de todas las virtudes que derrochan. Sus voces cristalinas pero con peso, sin artificios y de bello timbre en todas sus cuerdas, desde las siempre cubiertas voces de sopranos hasta los templados bajos sosteniendo a las demás líneas melódicas, unas bonitas voces de contralto y unos cuidadosos tenores, que juntos crean momentos de enorme belleza. En definitiva, un hermoso sonido unido a un gusto interpretativo alentado por su director, quien sabe elevar a cotas estratosféricas a las agrupaciones que pasan por sus manos, más aún su coro titular, El León de Oro.

Marco Antonio García de Paz mima al detalle cada obra que dirige y son precisamente los detalles y la pulcritud de su trabajo los que marcan esta enorme diferencia. Qué cuidados finales, qué precisa y preciosa afinación. No duda en buscar la mejor disposición de las voces para cada una de las interpretaciones y los cantores se distribuyen ágilmente en una u otra ubicación para potenciar así los efectos deseados e incluso adapta el número de intérpretes según la obra a ejecutar.

Se inauguró la velada con el motete a ocho voces de Palestrina Laudate pueri Dominum, una magnífica presentación donde se escuchaban nítidamente cada una de las entradas de las diferentes voces así como sus distintas líneas melódicas dentro de un absoluto empaste de la masa coral, creando un momento realmente emocionante. A continuación, y ya con la agrupación al completo, interpretaron la pieza más esperada del programa, la Misa del Papa Marcelo, también de Palestrina; una extensa obra, realmente complicada, que ejecutaron admirablemente y fueron recompensados con una lluvia de aplausos.

Como contraste, la brevedad de los dos motetes de Monteverdi que vinieron a continuación en los que el coro ofreció una dicción impoluta. En último lugar otro par de motetes de Victoria, en esta ocasión a doble coro en una lección de policoralismo en la que resultó realmente llamativo el final de Magnificat Primi Toni, donde toda la agrupación entró en resonancia en el acorde final. Ante la interminable salva de aplausos del público, con parte incluso en pie, el coro repitió como regalo las obras de Monteverdi.