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CRÍTICA / Un paseo por la música de los Borbones


Aranjuez. Capilla del Palacio Real. 14-V-2017. XXIV Festival de Música Antigua de Aranjuez. Musica Boscareccia. Director: Andoni Mercero. Obras de Domenico Scarlatti, Corselli, Boccherini y Brunetti.

Eduardo Torrico

Lo que iba a ser un concierto monográfico dedicado a Domenico Scarlatti (con tres de esas cantatas amorosas que no se interpretan nunca y que seguramente sonaron alguna vez en la voz de Farinelli en este mismo Palacio Real de Aranjuez), se transformó un recorrido instrumental por las diferentes cortes de los Borbones españoles del siglo XVIII (Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV), como consecuencia de la súbita cancelación de la soprano Alicia Amo por afonía.

Sus compañeros de Musica Boscareccia tuvieron que improvisar, en cuestión de horas, un nuevo programa: a las dos anunciadas sonatas en trío del susodicho Scarlatti —si en realidad la paternidad se le debe atribuir a él, por algo que explicaremos más adelante—, se añadieron sendos tríos para dos violines y violonchelo de Luigi Boccherini y de Gaetano Brunetti, y una sonata para violín de Francisco Corselli. La contrariedad por no poder escuchar a Amo quedó pronto compensada con la belleza de estas obras camerísticas, soberbiamente interpretadas por Andoni Mercero y Alexis Aguado (violines), Mercedes Ruiz (violonchelo), Carlos García-Bernalt (clave) y Juan Carlos de Mulder (archilaúd y guitarra).

Madrid era, musicalmente hablando, un pueblucho durante los últimos Austrias. La llegada de la nueva dinastía Borbón transformó radicalmente esa situación, conviertiendo a la capital de España (y a sus alrededores) en uno de los centros musicales más importantes de Europa. Y ello, gracias a esos italianos que acabaron estableciéndose aquí y siendo unos más entre nosotros (hasta tal punto que Scarlatti, Corselli y Boccherini murieron en Madrid, en tanto que Brunetti lo hizo en Colmenar de Oreja). Es difícil encontrar un periodo tan ubérrimo en la música española como el del Dieciocho, aunque lamentablemente todavía hoy sean compositores bastante poco frecuentados, salvo en el caso de Scarlatti y sus sonatas para teclado o en el de Boccherini y sus cuartetos y quintetos.

Destacar una de estas cinco obras sería tratar de manera injusta a las otras cuatro, pero tal vez habría que insistir, una vez más, en Corselli, músico que está pidiendo a gritos una recuperación tan urgente como profunda de su vasta obra (solo en el archivo del Palacio Real de Madrid se conservan setenta cantatas, de las cuales apenas una decena se han interpretado en nuestros días). La Sonata para violín en Re mayor fue escrita para cumplir con una de sus funciones como maestro de la Capilla Real (cargo que ostentaría durante cuarenta años): atender las oposiciones para cubrir las vacantes que se producían en esa institución. Esta corresponde al año 1776, aunque sigue habiendo en ella más de estilo barroco que de preclásico. Y, obviamente, está llena de extremas dificultades técnicas, pues en la Capilla Real no tocaba cualquiera, sino los mejores (tanto es así que Brunetti viajó a Madrid, con sólo 16 años, para la oposición de violinista de 1760, pero no superó la prueba; por suerte, decidió no volver a Italia y se quedó por aquí, aunque no logró la ansiada plaza hasta siete años más tarde).

Mercero es un violinista descomunal. O tal vez habría que decir que un músico descomunal, porque sus admirables habilidades no se reducen solo a tocar este instrumento (y la viola, que también le es propia). Su visión global de la música es lo que le hace estar muy por encima de la mayoría. Y es ahora cuando me quiero referir a eso de si la paternidad de las dos sonatas en trío de Scarlatti aquí interpretadas son realmente de Scarlatti o son más bien del propio Mercero. Me explico: se trata de arreglos realizados por el donostiarra sobre movimientos de algunas de las 555 sonatas para clave que se conservan del napolitano, siguiendo el mismo método de trabajo que en el siglo XVIII empleó el inglés Charles Avison para sus Concertos in seven parts done from the lessons of Domenico Scarlatti. Si esos conciertos se consideran de Avison; si los Concerti Grossi de Francesco Geminiani son tenidos por suyos y no, de Arcangelo Corelli, sobre cuyas sonatas del Op. V se basan; o si el Concierto para cuatro claves BWV 1065 se dice que es obra de Johann Sebastian Bach y no de Antonio Vivaldi, aunque no sea más que un arreglo del Concierto para cuatro violines del veneciano que figura como nº 10 del Estro Armonico, no sé qué motivos puede haber para que estas dos sonatas en Re mayor para dos violines y bajo continuo no le sean adjudicadas a Mercero. Por cierto, hay pocos pasajes musicales tan bellos como ese Adagio e cantabile de la Sonata K. 208, que en manos de Musica Boscareccia suena aún más hermoso.