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CRÍTICA / Un Aston Martin en el Auditorio Nacional


Madrid. Auditorio Nacional. 27-IV-2017. The Sixteen. Director: Harry Christophers. Obras de Allegri, Anerio, Marenzio y Palestrina. 

Daniel De la Puente

Desconozco las sensaciones que se viven al viajar en uno de esos míticos Aston Martin que salen en las películas de James Bond, pero si tengo que imaginarlas y trasladarlas al mundo de la música, creo que serán parecidas a las experimentadas en un concierto como el ofrecido por el británico The Sixteen en el Auditorio Nacional. En esta ocasión sí que se respiraba la expectación de las tardes de entradas agotadas, y pocas butacas quedaron libres para este último de tres conciertos de la agrupación en España (Barcelona y Salamanca en los días previos).

El programa, centrado en música de la Capilla Sixtina, ofrecía pocas concesiones salvo el mítico Miserere de Allegri, que fue curiosamente de lo poco que flojeó en un concierto muy redondo. The Sixteen —con dieciocho cantantes en esta velada— son una referencia indiscutible en todo tipo de repertorio gracias a su vasto acerbo discográfico, pero la oportunidad de asistir a un concierto supera con creces la experiencia de sus grabaciones, en las que reina la homogeneidad tímbrica y cromática. Haciendo gala de esa homogeneidad para poner en valor un gran empaste general en todas las voces, la experiencia en vivo permitió vivir con intensidad los cambios de color de todo el grupo durante el concierto.

El edificio sonoro del grupo se cimenta en una extraordinaria cuerda de bajos que no renuncian al sonido pleno, con unos altos (tres hombres y una mujer) exquisitamente discretos y empastados. Los tenores hicieron gala de enorme precisión en los cantos llanos, aunque unas vocales más puras habrían enriquecido su ya excelente sonido de conjunto.

La sonoridad "catedralicia", idiosincrásica de The Sixteen, queda sellada por unas sopranos sin vibrato, que mostraron cierta fatiga, que afectó puntualmente a la afinación en las piezas más íntimas, y por tanto exigentes desde el punto de vista vocal. Harry Christophers es un director inquieto, pero conectado siempre con la música, y que propone la máxima expresividad posible en un estilo relativamente austero en recursos. Los mejores momentos se vivieron en las transiciones internas de las piezas: tanto en los cambios rítmicos como en las gradaciones dinámicas, el timón sonoro de Christophers hizo vivir al público instantes de enorme y rara belleza. 

La sala de cámara respondió mejor con la música más expansiva y en la que los cantantes dispusieron de más margen dinámico y expresivo, como un ejemplar Aleluya del motete Christus resurgens de Allegri o ciertas fases del Stabat Mater de Anerio en los que los armónicos se dispararon y el "baño" sonoro fue más gratificante.

The Sixteen trazaron líneas larguísimas y permitieron vivir la música plenamente, delineando las cadencias con perfección.... El discurso fue rico, coherente y convincente, aunque sigue siendo una pena que un sector del público rompa a aplaudir cuando el gesto del director tiene contenido aún en un silencio final que también pertenece a la música, y que parece que aterra a estos impacientes aplaudidores. Con todo y con eso, a nadie le importaría tener este Aston Martin en su garaje y disfrutar de él cada tarde.