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CRÍTICA / Tito García González: ¿piano transmoderno?


Málaga. Patio de los Surtidores de la Alcazaba. 14-VII-2018. Tito García González, piano. Obras de Coello, Coello Cabrera, Cruz, Díez, García González, García Román, Grundman Isla, Guinovart, Martínez de Ibarreta, Ortega, Soriano y Vilarroig.

José Antonio Cantón

Con el título de "Quixote en Nueva York", el pianista malagueño Tito García González se ha presentado en el ciclo de conciertos Julio Musical 2018, que organiza el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga en los dos monumentos musulmanes de la ciudad: el Castillo de Gibralfaro y la Alcazaba. Fue en el Patio de Surtidores de esta última donde tuvo lugar este recital de piano, en el que se iba a poder escuchar todo un catálogo de obras que dejarían en el oyente una visión panorámica de las nuevas inquietudes creativas musicales proyectadas en el instrumento rey del periodo romántico.

Una de las singularidades de este recital fue el estreno absoluto de Ecos de la Plaza de la Merced del compositor José García Román, tercera del segundo cuaderno de su obra Ecos de Iberia que contiene cuatro, con tres piezas cada uno, con la que el músico granadino quiere convertirse, con enorme respeto, en resonante extensión de la magna Iberia de Isaac Albéniz. En este caso, se ha fijado en uno de los espacios urbanos más singulares de la capital malagueña como es la plaza donde se erige el monumento en recuerdo del general Torrijos, personaje de nuestra historia moderna que ha inspirado su composición partiendo de una frase de este paladín del liberalismo: "A vista de este ejemplo, ciudadanos, antes morir que consentir tiranos". 

García Román se ha adentrado en esta proclama desde un pensamiento musical sólidamente estructurado, creando una obra en la que los sonidos deben de evocar al personaje a modo meditativo sustentado en un sutil discurso elegíaco. Tito García González la ha desentrañado llevando a un constante balanceo la verticalidad y horizontalidad de sus pentagramas, rompiendo tensiones y favoreciendo sensaciones. Ha profundizado en el mundo estético del compositor adecuándose a una recreación que exige rigor en el tempo, exhaustiva matización dinámica y una cuidada técnica en el sonido. Un mejor instrumento y una más adecuada acústica podrán dejar patente las excelencias pianísticas de esta obra, bien cerrada en su arco alfa-omega y sustancial en su inspiración y mensaje. Se puede considerar que fue el único ejemplo del programa perteneciente a una cierta algoritmia atonal, cuya musicalidad se percibía complacientemente, logrado efecto desde sus dulcificadas aristas contrastantes.

El recital continuó por diversos derroteros estéticos como el neotonalismo que propone Pedro Villarroig en su lisztiana El acantilado negro, una sucesión de tenebrosos acordes. Con una manifiesta evocación a Liszt, antes el pianista hizo una expresiva interpretación de Delocrium de Carlos Martínez de Ibarreta, obra en la que este autor, desde un modernizado tratamiento de la escala locria, apunta e investiga motivos tonales que quedan inconexos dejando una sensación semejante al que produce el pianismo impresionista y modernista. Esta pieza contrastaba con el anterior motórico discurso del Preludio y Danza nº 1 de Miguel Ortega, obra de claras referencias a Prokofiev, y con los consecuentes Preludios Serra: "Contours", "Landscape" de Alexis Soriano de sinuosos sones new age, que piden ser aplicados al arte cinematográfico.

El pianista siguió su recital acentuando la extendida dinámica y el percutiente ritmo que contienen los Tres Preludios: Ricardo, Pablo, Josh de Alejandro Coello que, en su calidad de gran teórico e intérprete de percusión, parece como si convirtiera el piano en una batería sonante. La tonal Rumores de El Puerto de Consuelo Díez, vino a contrarrestar las tensiones precedentes antes de la previsible y sofisticada música de salón que refleja Skyshadows compuesta por Albert Guinovart, seguida de la calma que transmite Serenidad idílica (5,58) de Marcos Cruz en la que Tito García González cantó con emoción su delicado y variado rubato indicado en su carácter.

El recital continuó en su recta final con tres obras de inspiración norteamericana. La primera, The Loneliness of the Central Park Runner de Jorge Grundman, es una especie de guiño a los cientos de practicantes de footing que cada día corren por el gran parque neoyorquino. En ella se pueden apreciar similitudes con la música minimalista, pieza en la que se integra un contrastante trío. Siguió Remembering Bernstein escrita por el propio pianista con la que, desde una aproximación leitmotívica, hace un sentido homenaje al mítico "Lenny". La tercera, Quixote in New York, compuesta en el año 2016 por el compositor canario Emilio Coello, fue interpretada con marcado acento evocador, como queriendo descubrir con sus sones la figura de Cervantes a cuya memoria está dedicada en el cuarto centenario de su muerte. El recital terminó con la interpretación de Guernica, obra escrita a principios de 2017 por Tito García González. Fue expresada con un articulado intenso martellato con el que este músico quiere describir el horror de aquel criminal ensayo de los "stukas" nazis reduciendo a escombros tan singular y simbólica villa vasca.

Desde su muy variada y transversal estética transmoderna, este pianista malagueño sigue reivindicando la música extrañamente llamada "bien sonante" en contraposición a la atonalidad reinante en la segunda mitad del pasado siglo. Solo el tiempo dictará veredicto a tal controversia.