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CRÍTICA / Tensión y sosiego


Córdoba. Conservatorio Superior 'Rafael Orozco'. XVI Festival de Piano Rafael Orozco. 10-XI-2017. Pablo Amorós, piano. Obras de Falla, Rachmaninov, Schubert y Scriabin. 11-XI-2017. Genny Basso, piano. Obras de Bach, Chopin y Liszt.

José Antonio Cantón

Los términos que dan título a este comentario podrían ser los que calificaran cada uno de los recitales que han servido de inicio a la decimosexta edición de Festival de Piano 'Rafael Orozco' de Córdoba, que va a contar con la actuación de nueve intérpretes con una diversa a la vez que interesante carrera artística como la que presenta el joven pianista cordobés Pablo Amorós. Éste abrió tal evento con un programa muy variado en el que destacaban como obras más singulares la Fantasía Bética de Manuel de Falla y los Impromptus op. 40 de Franz Schubert.

Empezó su actuación con una bien trazada ejecución de su mano izquierda del Preludio y el Nocturno op. 9 de Alexander Scriabin. Un mejor sentido melancólico en el primero destacó sobre el segundo, en el que su pedal enmascaraba en algunos pasajes las ascendentes líneas de canto que le caracterizan, dejando la sensación de experimento más que de una idea coherente de concepto. En Schubert se apreció, desde el acorde inicial del primer impromptu, cierta tensión mecánica y dinámica en su manera de abordar el pensamiento de este autor, estado emocional que se mantuvo ya durante toda su actuación, sólo mitigada de alguna forma en el tercero, cuyo aire andante sirvió para distender su capacidad expresiva en su búsqueda por singularizar el sonido de cada nota. La segunda parte del recital estuvo dedicado en gran parte a Rachmaninov. Su interpretación del Cuarto preludio op.23 fue la más conseguida, accionando el pedal con más acierto en la regulación del sonido tratando de resolver las complejas estructuras armónicas que este compositor propone desde la densidad de su virtuosismo. 

Amorós no llegó a la interpretación de la Fantasía bética en las mejores condiciones emocionales ante su público que, con sus constantes e incontenibles aplausos a lo largo de todo el recital, no le predisponía favorablemente para la concentración que exige esta obra. Sus complacientes contrastes rítmicos quedaron escasamente manifiestos en su discurso, como reflejó en la coda, donde el pianista parecía más preocupado por terminar su actuación que en buscar lucimiento.

El joven napolitano Genny Basso actuó en la segunda jornada del festival con un atractivo programa, iniciado por una transcripción de la gran pianista británica Myra Hess del último coro de la Cantata BWV 147 de Johann Sebastian Bach, que sirvió para presentar su capacidad de músico que cuida el sonido con verdadero esmero. El sosiego emocional con el que la expresó se mantuvo a lo largo de toda su actuación llegando a momentos relevantes en la zarabanda de la Segunda partita BWV 826 del mismo compositor, en la que realzó el carácter arioso de su inspiración italiana. Cuatro mazurcas de Chopin sirvieron para descubrir su elegante sentir romántico, especialmente en la op. 63-2 que leyó con exquisito gusto. No menos expresivo se mostró en el Nocturno op.48-1 realzando en todo momento el dramatismo y la agitada pasión que contiene. Quiso seguidamente contrarrestar el doloroso recogimiento de esta obra con la Tarantella op. 43 inspirada en Rossini, que el músico polaco escribió con dudoso convencimiento en un rapto de imitativa fantasía.

Fue Liszt el compositor que ocupó íntegramente la segunda parte. Después de una interesante lectura de la Segunda balada S.171, ejecutada con exuberantes realces armónicos en su Allegro moderato central, Basso discurrió por la Romance S.169 con  sereno lirismo, expresividad que fue sorprendida por un abrupto y descuidado final. Después de mantener semejante tónica emocional en el famoso Sueño de amor, abordó con distinción y delicadeza la obra más teatral de todo el programa, la virtuosística Tarantella que cierra el Viaje Venecia e Napoli correspondiente a la hermosa colección pianística Segundo año de peregrinaje. Mostró su mejor virtuosismo en el rápido pasaje final con un plus de notable gracia que provocó un entusiasta aplauso. Concluyó su actuación con un bis homenaje a su ciudad interpretando una apasionada versión propia de la popular canción napolitana Funiculì, funiculà de Luigi Denza que hizo las delicias del público.