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CRÍTICA / Roquetas de Mar: seductora música medieval de Tasto Solo


Roquetas de Mar. Castillo de Santa Ana. 14-VII-2018. VIII Festival de Música Antigua Mare Musicum de Roquetas de Mar. Tasto Solo. Obras de Bedyngham, Binchois, Bruolo, Dunstaple y Dufay.

José Antonio Cantón

Como su propio nombre indica, Tasto Solo (solo tecla) es un grupo musical que representa el triunfo y la puesta en valor de la música para teclado, entre otras, que se hacía en Europa durante la Baja Edad Media y el periodo transitorio hacia los iniciales síntomas estéticos del primer Renacimiento surgido en el siglo XV. Uno de los instrumentos más representativos de este periodo es el organetto, que maneja el director artístico de este conjunto, Guillermo Pérez, cuya característica sonoridad estimula la imaginación del oyente, que así podía sentirse sumergido en los ambientes musicales de aquella época.

Desde esta consideración hay que entender el programa con el que se presentaba en el Festival Mare Musicum titulado "Le chant de l'eschiquier", imaginados rapsoda que canta o colección juglaresca que recoge obras de tres de los compositores más importantes de aquel periodo medieval como fueron los franco-flamencos Gilles de Binchois y Guillaume Dufay, y el británico John Dunstaple, todos ellos insignes herederos del gran Guillaume du Machaut, máximo impulsor del Ars Nova, estilo tan determinante en el desarrollo de la música europea occidental, ya bastante evolucionado en el primer tercio del Quattrocento.

Sería prolijo entrar en detalle de cada una de las diecisiete obras que interpretaron, dispuestas en el programa de manera que se alternaban las instrumentales con aquellas en las que intervenía  Barbara Zanichelli, un verdadero prodigio de soprano dramática lírico-ligera que alcanzó el sumo grado de expresividad en la canción Dueil angoisseus de Binchois sobre un doloroso poema elegíaco de la escritora veneciana Cristina de Pisan, en el que llora la prematura muerte de su esposo, Étienne du Castel, secretario de la corte del rey de Francia, del que estaba perdidamente enamorada. El sentido trágico de desesperada tristeza que transmitió la cantante parmesana generó estremecimiento en el público que asistía a un verdadero milagro musical, llegando a límites inimaginables de belleza producto de las mixturas de la voz con el particular timbre de la fídula que tocó Pau Marcos, generándose un singular sonido nuevo de sensual espiritualidad. Fue el momento más emocionante del concierto, cuyo contenido parecía estar pensado para girar en torno a esta amorosa lamentación.

Siguiendo con los intérpretes, es obligado entrar en las excelencias de cada uno de ellos continuando con la arpista francesa Bérengère Sardin en esa función de ornamentado acompañamiento paralelo al canto o al instrumento solista en su caso, dejando una sensación de suma delicadeza y segura destreza. Estas cualidades tuvieron más oportunidad de manifiesto en la ejecutoria de ese teclista de excepción cual es David Catalunya, una verdadera autoridad en la investigación, edición e interpretación de la primigenia música para teclado. En esta ocasión tocaba el clavisimbalum, una especie de salterio conectado a un primitivo teclado, con tal nivel de excelencia que llegaba a concitar máxima atención en el oyente, dada la limpieza de sonido, suprema capacidad de articulación y sentido de fraseo, integrados en un grado de musicalidad verdaderamente superlativo, más aún si cabe cuando manifestó su enorme facilidad de improvisación como la desarrollada en la interpretación de la pieza anónima titulada Mit ganczem, recogida también en el manuscrito alemán de la antigua cartuja bávara de Buxheim, de la que toma su nombre.

No menos se puede decir del líder de Tasto Solo, el organettista barcelonés Guillermo Pérez, verdadero ilustrador de este grupo en la selección de sus componentes y en el contenido de sus programas, conocedor del inmenso patrimonio de música medieval existente al que hay que dar vida desde una exhaustiva investigación y la excelencia de una interpretación. Esta fue irreprochable por su parte, demostrando cómo el organetto tenía un protagonismo en el escenario aún cuando estaba en silencio, por su sola presencia. Al adquirir la vida que le insuflaba su fuelle lateral, sonaba con una distinción que sobresalía entre los otros instrumentos por la singularidad de su timbre, que contrastaba a la vez que enriquecía el efecto de conjunto. Así quedó demostrado en una preciosa obra anónima titulada Praembulum super La que se encuentra también en el anteriormente mencionado manuscrito medieval Buxheim Codex, del que se ha extraído gran parte del contenido de este concierto.

Ante los intensos aplausos de un público asombrado y entusiasmado, los cinco componentes de Tasto Solo repitieron el conocido rondó Hé compaignons de Guillaume Dufay, dejando la sensación en el oyente de haber sido testigo de una actuación de sólida y a la vez ferviente inteligencia musical.