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CRÍTICA/ Reto superado


Murcia. Auditorio Víctor Villegas. 09-II-2018. Mahler, Séptima sinfonía. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM). Directora: Virginia Martínez

José Antonio Cantón

 

La más compleja creación sinfónica de Mahler ha sido uno de los grandes desafíos que la directora Virginia Martínez se ha impuesto para la presente temporada con la ÖSRM. Para esta ocasión, implementada en su plantilla por miembros de la Camerata de Murcia, formación también residente en el mismo auditorio. La expectación era grande por la envergadura de la obra en todo sentido; especialmente en estructura armónica y por el grado de virtuosismo camerístico que exigía.

El temperamento que transmite siempre Virginia Martínez en sus actuaciones tuvo que acrecentarlo ya desde los lentos y tenebrosos primeros compases con los que el autor va predisponiendo al oyente a este inmenso canto nocturnal. Fue interesante la expresividad que pidió a los vientos en la exposición central del primer movimiento; arrastrando positivamente a la cuerda a un conjuntado sonido antes que desemboca en la expansiva coda en la que Virginia Martínez llegó al máximo grado de tensión. El ritmo del segundo tiempo fue objeto de su máxima atención en aras a que se generara continuidad discursiva. Los distintos grados dinámicos fueron bien matizados desde sus indicaciones, apreciándose una adecuada respuesta en las trompas y una equilibrada flexibilidad en la amplia sección de viento-madera. Su aire de marcha fue desgranándose entre las distintas familias instrumentales de la orquesta con adecuado fraseo, lo que se hizo más interesante conforme este tiempo se iba diluyendo.

El planteamiento con el que quiso exponer el Scherzo central fue el de transmitir un estado de inestabilidad emocional que producía cierta desazón en el oyente, dados lo degenerados efectos sonoros que encierra este "aquelárrico" movimiento. Fue posiblemente donde se manifestó el enorme trabajo que Virginia Martínez ha realizado en los ensayos, sabiendo implicar a los músicos en sus hirientes disonancias y precisando su ritmo de dislocado vals.

Un manifiesto sentido poético impulsó la interpretación de la serenata que anima el contenido del cuarto movimiento. El guitarrista Daniel Carrilero y el mandolinista Eduardo Marín pusieron la nota de ambientación sonora a modo de entrelazada serenata dentro de la estructura de este tiempo, realzando así la ensoñadora  inspiración romántica de su música. La directora preparó el Rondó final como ensalzado resumen de toda la obra, sabiendo compensar sus momentos triviales con otros sublimes hasta la stretta final antes de su sorprendente y a la vez luminosa conclusión.

Superado este reto, Virginia Martínez afronta en su próxima actuación la inefable música de la Consagración de la primavera de Stravinsky, obra con la que, si se produce el compromiso experimentado en esta ocasión con Mahler, será otra meta superada en su intención de hacer de la ÖSRM una formación llamada a consolidar el despegue artístico manifestado en esta temporada.