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CRÍTICA / Recuperando patrimonio


Vélez-Blanco. Iglesia Parroquial de Santiago. 25-VII-2017. XVI Festival de Música Renacentista y Barroca de Vélez-Blanco. El Parnaso Español. Coro Tomás Luis de Victoria. Director: Fernando Aguilá. Obras de José de Torres y Antonio de Literes.

José Antonio Cantón

Hay actuaciones musicales que traspasan los límites de lo que se considera un concierto pensado para satisfacer el gusto del público, situándose en el ámbito de la investigación, valoración y recuperación de las composiciones programadas con la intención de situarlas en el lugar que merecen tanto por su contexto histórico como por su contenido estético. Es el caso que nos ocupa, en el que el conjunto instrumental El Parnaso Español y el Coro Tomás Luis de Victoria se han unido para interpretar un programa con obras inéditas de dos autores coetáneos que intervinieron en la Real Capilla de Felipe V, y que ocuparon un lugar importante en la creación musical de la España inter-dinástica de principios del siglo XVIII, como fueron el madrileño José de Torres y el mallorquín Antonio de Literes, sucesores de Sebastián Durón, ilustre organista de la capilla de la corte de Carlos II.

Fue un villancico al Nacimiento a 8 de José de Torres, titulado Ven, Señor, el que abrió la actuación con el que se pudo apreciar la resonante acústica que posee la Iglesia Parroquial de Santiago, uno de los templos con mayores dimensiones de la diócesis almeriense. Su dilatado tiempo de reverberación, que llega a superar los cuatro segundos, representa un hándicap para el tempo musical y su medida, aspecto que no pudo dejar de tener en cuenta el maestro Fernando Aguilá, particularmente en los pasajes más contrapunteados y en aquellos otros de amplia articulación. La respuesta sonora se clarificó en el siguiente villancico a 4 de Antonio de Literes, dedicado en esta ocasión al Santísimo Sacramento, cuya denominación daba título al concierto, Mortales, gocemos. Su aire rápido hizo buena tal intención, sirviendo para subir el ánimo del auditorio. Como contraste le siguió una intervención del organista sevillano Abraham Martínez interpretando un lleno de VII tono de Torres, previo al núcleo central del concierto.

Este fue ocupado por el Miserere mei, Deus a 8 de Antonio de Literes, una obra que ronda los casi treinta minutos de duración y que, en su veintena de números, es todo un catálogo de las diferentes líneas piadosas que contiene este salmo que se canta formando parte del Oficio de Tinieblas del Viernes Santo. El trabajo de montaje y dirección realizado por Fernando Aguilá es digno de una estimable valoración, dada la complejidad de la obra y su particular estilo hispano, distinto de la música barroca centroeuropea e incluso italiana que se hacía en el primer tercio del siglo XVIII, muy mediatizada, de modo especial la alemana, por el estricto contrapunto en el que la fuga era referencia absoluta. Tanto el grupo instrumental como el doble coro hicieron buenas las indicaciones de la dirección, ajustando la respuesta que habían de dar a tan amplia y variada estructura armónica, y a cada uno de sus diversos caracteres.

Antes de la otra obra importante del concierto y que cerraba el programa, el Te Deum a 8 de José de Torres, el organista antes mencionado hizo un sereno paréntesis con un Partido de VI tono y Obra de medio registro del mismo compositor, que permitió dejar una muestra del interesante sonido del instrumento en un agradable equilibrio con la acústica del recinto eclesial. Sirvió de recogimiento para el oyente preparándolo para el exultante himno de acción de gracias que contiene el Te Deum a 8 de Torres, en el que coros, solistas e instrumentistas dieron lo mejor de sí ante un público que llenaba absolutamente la iglesia, la mejor forma de apoyar y hacer suyo este Festival que tiene una trayectoria artística creciente situándose, desde sus limitadas posibilidades presupuestarias, con sentido propio en el panorama de las más interesantes muestras de música antigua de las que se celebran en Andalucía.

Ante la respuesta del público expresada en un intenso e interminable aplauso, el maestro Aguilá dirigió la concertante cantata Sonoras Liras de José de Nebra, otra de las grandes figuras de la música española durante la primera mitad del siglo XVIII. Con esta atractiva pieza se elevó aún más el ánimo del auditorio, culminando ampliamente las expectativas que había suscitado este concierto, justificado en el aspecto musicológico con el trabajo desarrollado en este ámbito por el investigador Antonio Pons Seguí, el organista Gustavo Delgado Parra y el musicólogo Raúl Angulo Díaz, sin los cuales, esta jornada del Festival, dedicada a recuperar obras de la Real Capilla de Felipe V, no hubiera sido posible.

(Fotografía: Antonio Jiménez Trujillo)