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CRÍTICA / Problemas y destellos en el Museo del Prado


Madrid. Auditorio del Museo del Prado. 21-VI-18. Singer Pur. Música en torno a Lorenzo Lotto: obras de Willaert, Lauridsen, Zarlino, Metcalf, Des Prez et al. 

Daniel De la Puente

Surgen varias cuestiones a la hora de reseñar un concierto como el que el sexteto vocal alemán Singer Pur ofreció len el Museo del Prado. La primera y más importante, por su relación directa con el resultado artístico, es por qué se diseñan algunos auditorios sin tener en cuenta las condiciones acústicas mínimas aceptables para que un evento musical tenga unos estándares de comodidad para los intérpretes y de confortabilidad para los oyentes. En el caso del Auditorio del Museo del Prado, hablamos de una acústica absolutamente atroz que hace imposible poder valorar el concierto de forma completa.

Sigue a continuación la cuestión del público: apenas media entrada para ver a uno de los (a priori) mejores grupos vocales del planeta. ¿Es suficiente la difusión? Y, como última cuestión antecedente, el planteamiento del concierto. Si estamos escuchando música en torno a una exposición y se supone que las piezas tienen alguna relación con los cuadros expuestos (magníficos, por otra parte), ¿no ayudaría a la narrativa del concierto, quizás, una proyección de las imágenes que amplificara el efecto de la música?

Entrando en materia, hubo que esperar veinticinco minutos para oír algo de música en el concierto, que tuvo como preludio tres intervenciones habladas entre presentaciones del ciclo, agradecimientos y demás. No ayudó. Una vez comenzada la música, se hizo clara la incomodidad de los seis intérpretes para conseguir un sonido remotamente parecido al que hemos experimentado en otras condiciones y ocasiones. Singer Pur es un grupo cuyos cimientos salen de las voces internas (barítono y dos tenores) y que intenta encajar desde ellas el resto de la sonoridad. En el concierto fueron manifiestos los problemas del contratenor para integrarse en el sonido y en la afinación y el sonido del bajo era prácticamente inexistente en algunos momentos. Con estos mimbres, era muy difícil trenzar una buena actuación.

Los destellos llegaron en y la música menos contrapuntística, con las obras más contemporáneas y que pusieron de manifiesto el repertorio en el que el grupo alemán se encuentra más cómodo. En las obras de Metcalf y Schanderl, la afinación sí nos recordó al Singer Pur que conocemos, y fue delicioso escuchar un bloque sonoro sin parangón. También rayaron a gran altura las piezas que cerraban en el concierto, ambas denominadas Cantai or piango, de Willaert y Bryars.

Para la reflexión, sin embargo, quedará siempre si este concierto no habría sido uno de los eventos musicales del año en otro marco... Los Jerónimos están a unos pocos metros del Auditorio y, sin salir del museo, el claustro habría sido un lugar absolutamente maravilloso para disfrutar de una música prácticamente inédita en España.