Ud. está aquíInicio / CRÍTICA: Padmore, el gran liederista schubertiano

CRÍTICA: Padmore, el gran liederista schubertiano


Madrid. Teatro de la Zarzuela. 21-XI-2016. Mark Padmore, tenor. Roger Vignoles, piano. Schubert, Die schöne Müllerin.

Eduardo Torrico

Para su tercera presencia en el Ciclo de Lied, el tenor Mark Padmore, acompañado —como hiciera en su debut— por el pianista Roger Vignoles, abordó uno de los títulos más emblemáticos del repertorio: Die schöne Müllerin (La bella molinera), de Franz Schubert. El compositor austriaco es una constante en las visitas de Padmore a Madrid: en la temporada 2007-08 eligió Schwanengesang (El canto del cisne) y en la temporada 2011-12 —con Paul Lewis esta vez al piano— se centró el no menos emblemático Winterreise (Viaje de invierno). Cierra así Padmore la trilogía liederística de Schubert, dejando patente que estamos ante uno de los más grandes especialistas de la actualidad, si no el más grande, en este autor y en esta música.

Integrado por veinte canciones sobre una antología poética de Wilhelm Müller —a quien también se deben los poemas de Winterreise—, la cual apareció publicada en 1820 bajo el título de Sieben und siebzig Gedichte aus den hinterlassenen Papieren eines reisenden Waldhornisten (Setenta y siete poemas de los papeles póstumos de un trompista itinerante), Die schöne Müllerin vio la luz tres años más tarde, pocas semanas después de que Schubert conociera que había contraído la sífilis, enfermedad que puso fin a sus días en 1828. Hay quien especula que La bella molinera es un reflejo de su estado anímico depresivo, aunque seguramente la realidad tenga más que ver con su propia naturaleza, un tanto introvertida.

Die schöne Müllerin es el inicio de un largo viaje, al principio optimista, en busca del amor, que pronto verá enturbiadas sus expectativas ante los desaires. El protagonista va narrando sus experiencias, desde la alegre partida (Das Wandern) hasta un final casi fúnebre (Das Baches Wiegenlied). Padmore cantó los veinte lieder de Die schöne Müllerin con honda emotividad, como si realmente fuera él mismo quien estuviera realizando ese viaje. Conocedor absoluto de la obra, el tenor inglés matizó todas y cada una de las palabras de los poemas de Müller, con exquisita dulzura y delicadeza, pero con también con la angustia de quien ve el amor como una meta inalcanzable o del quien presagia su propio final.

Padmore encontró en Vignoles su pareja de viaje perfecta. Son muchos los años de su fructífera colaboración, no solo con la música de Schubert, sino también con la de Britten o Finzi, y eso se constata en cada una de sus actuaciones. Esta del Teatro de la Zarzuela alcanzó cotas de excelencia, y así lo entendió el público que abarrotaba el recinto y que aplaudió larga y sentidamente la interpretación de Padmore.