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CRÍTICA / Obras de gran color orquestal en Murcia


Murcia. Auditorio y Centro de Congresos Víctor Villegas. 01-XI-2018. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Directora: Virginia Martínez. Obras de Mily A. Balakirev, Modest Musorgski y Maurice Ravel.

José Antonio Cantón

Dentro de la línea marcada por Virginia Martínez con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM) de ir afrontando nuevos retos técnicos y estéticos, ha querido que estos protagonicen el concierto que cada año organiza la Fundación Caja Murcia con motivo de su semana grande, en la que reúne una serie de destacados actos culturales e institucionales. Para esta ocasión se ha programado una de las piezas orquestales más significativas del repertorio del primer tercio del pasado siglo como es la transcripción que de la singular obra para piano Cuadros de una exposición de Modest Musorgski hizo Maurice Ravel, cuyo resultado quedó como arquetipo de esta clase de adaptaciones musicales.

El programa vino precedido por la Obertura sobre el tema de una marcha española de Mily Balakirev, cuyo motivo fundamental es el himno nacional español, antigua marcha real también conocida desde 1770 como Marcha de Granaderos. Sirvió su interpretación para que la orquesta se ajustara en expresividad y conjunción, pese a ser una composición de relativa importancia musical sólo destacable por el despliegue de una serie de variaciones de corte académico que le imprimen cierto formalismo técnico.

Toda la expectación estaba dirigida a la sugestiva orquestación de la obra de Musorgski, todo un referente de capacidad y estudio de instrumentación por parte de Ravel. El primer promenade supuso una carta de presentación del carácter impresionista que quiso dar Virginia Martínez a su interpretación, hecho que se acentuó en una excelente descripción del episodio El viejo castillo, en el que tanto fagot como saxofón brillaron dando un sentido de elegíaca añoranza a sus cantos. La interpretación fue discurriendo con el siguiente paseo hasta llegar a las Tuileries, donde los instrumentos de madera adquirieron especial relevancia en pos de crear el clima bullicioso que representa ese cuadro. Con sobrada energía la directora condujo el pasaje de la carreta, Bydlo, pese a que la tuba no fue del todo precisa en la presentación de su tema, rehaciéndose su discurso en un esplendoroso tutti que ponía a prueba el exigente empaste tímbrico que requiere su interpretación en el declinar del episodio con una tuba que terminó recomponiéndose.

La sección de madera demostró el estado de buena forma en el que se encuentra dada la expresividad mostrada en el virtuoso pasaje del Ballet de los polluelos en sus cascarones, secundada por una cuerda precisa en el punteado acompañamiento. Virginia Martínez mostró su intención de generar una línea articulada en el diálogo entre Samuel Goldenberg y Schmuyle, destacando el hieratismo grandilocuente del primero ante las lamentaciones del segundo, bien asumidas por las trompetas y el viento-madera al unísono antes de pasar a Limoges - El mercado, que convirtió en un verdadero juego sonoro de acentuado color del metal, con clara recuperación de las trompas, que hasta este momento manifestaron cierta irregularidad. Intensificó el carácter sombrío del cuadro Catacumbas al generar un cuidado ensamblaje entre fagotes, contrafagot, metales y contrabajos, que generaban en el oyente esa sensación de que el sonido era una imagen sonora de las espectrales sombras de unos visitantes de catacumbas ante los reflejos de una linterna, motivo del cuadro de Viktor Hartmann al que alude dicho pasaje. El episodio de la bruja Baba-Jagà sirvió, antes del monumental final de La gran puerta de Kiev, para que la orquesta se ahormara definitivamente dejando gran sensación en el público, que correspondió con un intenso aplauso.

El Bolero de Maurice Ravel cerró el programa, propiciando una destacada actuación de cada uno de los músicos de la ÖSRM que, siguiendo las indicaciones de su titular, asumieron el carácter virtuosístico de la obra con todas sus consecuencias, como el mostrado por la sección de madera cuando se adueñaron de la repetida melodía, sobresaliendo con ella los dos saxos que dejaban su palmarés muy alto. Virginia Martínez estuvo muy atenta en hacer posible una clara percepción de la progresiva y enriquecedora estratificación sonora que contiene el discurso de la obra, lo que redundó en la más lograda interpretación de la noche, como quedó demostrado ante la mayor respuesta de un auditorio admirado ante los progresos que está logrando esta directora con su orquesta, generando la esperanza de que alcanzará nuevos retos con la programación de obras como la Sexta Sinfonía de Mahler, prevista para el próximo mes de marzo, cuya interpretación está llamada a ser el punto culminante de la ÖSRM en la presente temporada.