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CRÍTICA / Musicológica penúltima jornada


Baeza. XXI FESTIVAL DE MUSICA ANTIGUA DE ÚBEDA Y BAEZA (FeMAUB).

Auditorio de San Francisco. 08-XII-2017. Forma Antiqva. Raquel Lojendio, soprano. Director y clave: Aarón Zapico. Circulación de música y músicos entre la península Ibérica, Italia y América.

Santa Iglesia Catedral. 08-XII-2017. Capella Prolationum. Ensemble La Danserye. Director: Fernando Pérez Varela. Músicas para la consagración de la Catedral de Puebla de los Ángeles (México).

José Antonio Cantón

Entre las actividades de la penúltima jornada del Festival, han actuado tres grupos, dos de ellos en el mismo concierto, que han marcado varias de las características que fijan las señas de identidad de su programación; la recuperación de patrimonio así como la investigación y puesta en valor, mediante su interpretación, de músicas de época pretérita, en esta ocasión, con una atención especial a obras de México, país que ha sido el protagonista de esta vigésimo primera edición del FeMAUB, y por extensión otros países hispanoamericanos.

Forma Antiqva se ha presentado en el Festival después de nueve años con un repertorio de sonadas y cantadas en las que ha querido ofrecer una  visión de la música que se hacía en el siglo XVIII. De inmediato, se pudo apreciar la extraordinaria conjunción del grupo compuesto por los hermanos Zapico (Aarón, Daniel y Pablo) y la espléndida violonchelista Ruth Verona, integrada de manera simbiótica en el pensamiento musical que alienta este cuarteto. Éste está basado en el principio de recrear las partituras desde una postura de aportación de ideas que implementen su contenido, interpretación y escucha, enriqueciendo su sentido musical sin por ello descontextualizarlas de su momento histórico. 

Esta intención fue conseguida sobradamente con el canto de la soprano Raquel Lojendio que ya, en los primeros versos de la cantada En la rama frondosa del compositor milanés Roque Ceruti, que se encuentra en la Catedral de Lima, dio muestras de dominio de estilo y expresividad, después de pasar por un momento de adaptación vocal a la inadecuada temperatura del baezano auditorio franciscano. Después de Las Folias de Antonio Martín y Coll, en la que la tiorba y guitarra barroca aportaban esa diversa creatividad de sus análogos timbres al soporte armónico del violonchelo y el clave, produciendo un efecto de agradable naturalidad, Raquel Lojendio creció en seguridad de emisión en su versión de las cantadas dedicadas al Santísimo que se conservan en la Catedral de Guatemala tituladas Cercadme flores y Con afecto y armonía pertenecientes al maestro de capilla de la corte de Felipe V, el madrileño José de Torres. En la bien expuesta complejidad expresiva de estas obras, se pudo apreciar el certero resultado del estudio realizado por la soprano así como su adecuada integración con los cuatro excelentes músicos de Forma Antiqva.

Daniel y Pablo Zapico se elogiaron mutuamente con su tañer en una preciosa interpretación de Cumbees del gran guitarrista barroco español Santiago de Murcia, dejando una sensación en el oyente de delicada mutua complacencia. Así daban lugar al cierre del programa que fue ocupado por una anónima cantada también dedicada a la Eucaristía titulada Al gran Sacramento, en la que la cantante tuvo que transitar por tres arias, dos recitativos y unas coplas antes de afrontar una contrapuntística parte final que exigía superar su difícil conjunción, en la que los cinco músicos mostraron su mejor capacidad de lucimiento, logrando que el público reconociera tales méritos con un prolongado aplauso. 

Hora y media después, ya al filo de la media noche del día de La Inmaculada, el templo catedralicio de Baeza se abrió para albergar alrededor del facistol situado ante su altar mayor a los componentes del grupo instrumental Ensemble La Danserye y al conjunto coral Capella Prolationum, para hacer un programa exclusivo dedicado a las músicas que sonaron el año 1649 en las ceremonias de consagración de la Catedral de Puebla de los Ángeles por su obispo Juan de Palafox y Mendoza. Dos autores, Philippe Rogier y Juan Gutiérrez de Padilla, han dado contenido al programa casi en su totalidad. El último por haber sido maestro de capilla de dicha catedral, y el segundo por ser posiblemente un músico preferido por el mencionado Ordinario de esa diócesis.

La oscuridad en la que se desarrolló el concierto, la sobrecogedora acústica de tres segundos de reverberación, el atento silencio del público, la orientación solemne de cada una de las obras y la puesta en escena de los intérpretes crearon un ambiente que hacía imaginar aquellas ceremonias de tiempos pasados en el Virreinato de Nueva España. El que la mayoría de las piezas fueran a ocho voces da idea de la importancia del trabajo de estudio y preparación realizado por ambos grupos en una clara intención de que suene la musicología y pueda disfrutarse con un gran compromiso de rigor científico, aspecto fundamental de esta cita del Festival, sin duda, una de las más relevantes de esta edición.

La interpretación mantuvo un destacado grado de calidad desde la Canción a cinco voces de Rogier, que abría el programa, hasta el motete de Gutiérrez Padilla Exsultati iusti, que lo cerraba, en el que instrumentos de viento y voces generaron un totum sonans de imponente efecto, realzado por la hermosa resonancia del templo. El temperamento mesotónico empleado dio carácter de autenticidad sonora a la recuperación histórica de estas músicas realizada por la musicóloga Luisa Vilar-Payá de la Universidad de las Américas Puebla, que ha facilitado el trabajo de montaje de este proyecto, que ha tenido en Fernando Pérez Varela una dirección verdaderamente encomiable en línea con las inquietudes de su grupo a investigar, recrear y difundir la música antigua y los instrumentos de viento desde el final de la Edad Media hasta el inicio del clasicismo musical. Sus excelentes aportaciones a ediciones pasadas del Festival hacen que las actuaciones de Ensemble La Danserye en colaboración con la Capella Prolationum se conviertan en citas obligadas para el buen aficionado a la música de tales épocas. Sin duda, el resultado artístico del trabajo realizado para este concierto, ha quedado a la altura de su trascendencia musicológica, en la seguridad de que será grabado así como publicado, como otros suyos, en la colección Patrimonio Musical Hispano de la Sociedad Española de Musicología. 

Realidades como ésta avalan el trabajo del director del FeMAUB, Javier Marín López, que ha visto cómo la pasada primavera ha sido reconocida su labor con el Sello de Calidad Europea EFFE Label 2017-2018 de la Comisión Europea de la Cultura otorgado a través de la Asociación Europea de Festivales, con el que se premia la máxima excelencia y prestigio de algunos de sus asociados, como es el caso.