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CRÍTICA / Mecánica sonoridad


Granada. Auditorio del Centro Cultural Manuel de Falla. 14-IV-2018. Orquesta Ciudad de Granada (OCG). Honggi Kim, piano. Director: Paul Mann. Obras de Chopin, Rossini y Stravinsky.

José Antonio Cantón

Como viene siendo habitual cada temporada, la OCG dedica un concierto de su programación a la presentación en Granada del último ganador del Concurso Internacional de Piano Premio Jaén, certamen del que la formación granadina es titular desde hace varios años en la concertante prueba final.

En esta su sexagésima edición el pianista Honggi Kim quien ha obtenido la medalla de oro con la interpretación del Primer concierto para piano y orquesta en Mi menor op. 11 de Frédéric Chopin. Nacido en Corea del Sur en 1991, está en una etapa de perfeccionamiento de su carrera, completando actualmente su formación con Arnulf von Armin en Fráncfort. Ha manifestado a la prensa tener una gran ilusión por tocar con orquesta, oportunidad que no suele presentarse con frecuencia en los inicios profesionales de un intérprete.

Teniendo en cuenta que solo ha podido ensayar con la OCG en una ocasión antes de ganar el concurso, y repetir actuación en Granada, es meritorio su memorización de este concierto, que ha interpretado con soltura técnica, pero sin llegar a la sensibilidad que pide su música, caracterizada por ese estilo particular del autor de tocar fácilmente, sin estridencias, con nobleza y de manera declamada, singularizando cada nota y cada frase para así alcanzar el mejor legato imaginable.

Su tensa pulsación no es la más adecuada para llegar a ese punto de apoyo que ha de significar cada tecla para facilitar el deslizamiento de la mano, lo cual repercute en un sonido tenso en los pasajes rápidos y, paradójicamente, demasiado embelesado en los lentos, lo que produjo demasiado contraste en el discurrir del primer movimiento. Este aspecto mecánico fue correspondido por análoga disparidad en dinámica, lo que lleva a pensar en que todavía ha de trabajar en la disociación de ambos espacios expresivos desde un mejorable lanzamiento y retracción de gestos que acompañe más adecuadamente el deseable resultado sonoro.

En el segundo movimiento quiso aproximarse a la línea de bel canto que lo inspira, logrando cierta coherencia en su carácter de romanza, secundado por una mejor respuesta de la orquesta, que se adaptó al sentir del solista y así vino a favorecer su lucimiento. Fue el momento más gratificante de su actuación. En el vivaz Rondo final, Honggi Kim desplegó todo el potencial de su mecanismo como si quisiera refrendar esas cualidades de ganador concursal en un claro intento de impactar al público. Consiguió tal propósito de modo destacable en el danzante turbulento final de este tiempo, queriendo así justificar una arrebatada técnica pendiente aún de una equiparable musicalidad. El público respondió con un aplauso que le llevó a interpretar el Décimo estudio op. 10 del mismo autor como bis, dejando su mecánico sonido una interesante impresión.

El concierto fue ocupado en su segunda parte por la obertura de la ópera El barbero de Sevilla de Gioacchino Rossini y la Suite del ballet Jeu de cartes de Igor Stravinsky. La naturaleza desenfadada de ambas piezas sirvió para completar un programa en el que la atención estuvo marcada por la presencia del ganador del Premio Jaén. Con todo hay que valorar el meritorio trabajo del director todoterreno británico Pul Mann, que dejó una buena sensación en la tercera mano de la musicalmente neoclásica partida de cartas "straviskiana", en la que pudo reflejar con mejor soltura el triunfo de una bien sonante escalera de corazones sobre imaginadas rechinantes picas.