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CRÍTICA / Marta Infante y Manuel Vilas sorprenden en el ciclo El canto de Polifemo


Madrid. Iglesia de las Mercedarias de Góngora. 5-V-2018. Marta Infante, mezzosoprano. Manuel Vilas, arpa barroca. "Europa Barroca": obras de Seicento y Settecento europeo.

Cristina Bordas / Soledad Bordas

A Polifemo no le apetecía cantar solo en su propio Ciclo, y este sábado 5 de mayo invitó a compartir escenario a la mezzosoprano Marta Infante, que junto a Manuel Vilas y su arpa llenaron de extraordinaria música la Iglesia de las Mercedarias de Góngora de Madrid: barroco cosmopolita dentro del barroco madrileño. Este dúo nos llevó de paseo por Europa y sus idiomas: Inglaterra (Henry Purcell), Alemania (G.P. Telemann), Italia (Bárbara Strozzi y Antonio Vivaldi), Chequia (Johann Kaspar Fischer) y Francia (Jean-Baptiste Lully). A medio concierto, pudimos oír las "campanadas" del reloj por deseo de G. F. Haendel, que compuso para la ocasión un Aria para reloj, interpretada a solo por el Manuel Vilas.

Marta Infante, que realizó sus estudios superiores de canto en Ostrava (República Checa), tiene un conocimiento profundo de la música centroeuropea de todas las épocas, como demuestra en su extensa discografía. Este "sentir centroeuropeo" es el que hace tan especial y expresivo su canto, en cualquier idioma. A resaltar su interpretación de Il lamento, de la veneciana Barbara Strozzi, una pieza de atrevidas armonías, impropias del tiempo en que se produce, adelantada a su época y donde la cantante utilizó los recursos y adornos vocales propios del stile concitatto para reforzar la expresión de las pasiones que se relatan en el Lamento. Y para terminar el concierto, la bellísima cantata de Antonio Vivaldi Care selve amici prati, con una difícil transcripción para arpa de la parte instrumental y magistralmente interpretada por ambos músicos.

El dúo ofreció una muy buena interpretación "históricamente informada", como se denomina en la actualidad a las prácticas musicales de repertorios antiguos que utilizan instrumentos y técnicas de hacer música basadas en fuentes históricas. El tratamiento de la voz y del instrumento, en este caso un arpa barroca "de dos órdenes" encajaron perfectamente en el estilo musical y en las obras que seleccionaron para el concierto. El reto mayor, del que salieron con indudable éxito, fue precisamente la elección del instrumento, ya que en el repertorio barroco europeo no consta el uso del arpa, salvo en Italia y en España. Es por eso una novedad escuchar canciones y obras francesas, inglesas y de los países germánicos acompañadas sólo con arpa de dos órdenes.

Este modelo de arpa, sin pedales ni mecanismos fue un genial invento de los violeros de la corte española hacia 1550. Para conseguir la cromatización completa del arpa, al orden o fila de cuerdas diatónicas (como las teclas blancas de un piano) que el arpa tenía antes, estos violeros le añadieron otro orden o fila de cuerdas cromáticas (como las teclas negras del piano) que se cruzan con las diatónicas en forma de aspa, de manera casi imperceptible a la vista. De ahí el nombre de "arpa de dos órdenes" con que se conoció durante su larga vida (siglos  XVI, XVII y gran parte del XVIII). El nuevo instrumento, además de tener un repertorio solista de calidad ya desde el siglo XVI, fue la referencia principal para el acompañamiento instrumental del bajo continuo en el barroco hispano. Su sonido potente y claro apoya de manera sólida las voces y las líneas melódicas. No hay duda de la importancia de su uso, pues no hubo capilla musical ni conjunto instrumental sin arpista (que, a veces, era también el organista). Se podría decir que el arpa de dos órdenes es a la música española lo que el laúd y su familia a los repertorios barrocos europeos.

A pesar de su aparente fragilidad, pues está toda ella construida en madera, se han conservado varios ejemplares de fines del siglo XVII y comienzos del XVIII que permiten hacer copias para su uso moderno. Es el caso del arpa que toca Manuel Vilas, copia de la que se conserva en el Museo de Ávila firmada por un tal Domingo Pescador en Barcelona, 1704. (La copia moderna ha sido realizada por el lutier Pedro Llopis.)

Como se pudo comprobar durante el concierto, su potente sonoridad y variados recursos como instrumento acompañan perfectamente al repertorio europeo y no sólo al español. Manuel Vilas, formado en Santiago de Compostela, se orientó hacia la música antigua y a la interpretación con arpas históricas, instrumento que estudió con las pioneras Nuria Llopis y Mara Galassi. Además de sus muchos conciertos y giras como solista, participa en diversas agrupaciones, interpretando obras desde el medievo hasta el siglo XVIII, siempre con arpas de época. Por ello, es más que recomendable asistir en el mismo escenario de las Góngoras al próximo concierto del día 16 de junio, en que el tenor Diego Blázquez, junto con Manuel Vilas, interpretará música genuina del barroco español del virreinato de México (Manuscrito Sutro, depositado en la Fundación Sutro de San Francisco), como son los tonos humanos, un tipo de canción con acompañamiento instrumental que será delicioso escuchar con el arpa de dos órdenes, el instrumento más apropiado para estas bellas músicas.