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CRÍTICA / Marina, costumbrista y romántica


Madrid. Teatro de la Zarzuela. 15-VI-2017. Arrieta, Camprodón y Ramos Carrión, Marina. Olena Sloia, Alejandro del Cerro, Damián del Castillo, Ivo Stanchev, David Oller, Graciela Moncloa, Antonio González. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Ramón Tebar. Director de escena: Ignacio García.  

Manuel García Franco

Ha querido el Teatro de la Zarzuela concluir su temporada lírica con un título que, ya desde el principio, contó con el éxito popular: Marina. En este caso no es una nueva producción, sino la reposición que Ignacio García confeccionó para este teatro en la temporada 2012-13. 

Marina tiene todos los ingredientes para que se haya mantenido viva no solo en el repertorio teatral, sino en el ideario colectivo de un pueblo: costumbrismo, romanticismo y amores ocultos y malentendidos. Estrenada como zarzuela en dos actos en septiembre de 1855, evolucionó a ópera dieciséis años después en una muestra de aspiración por conseguir nuestro teatro lírico una ópera nacional. 

Se puso con entusiasmo Arrieta a la tarea en un libro que le recordaba sus días de mar en el "Vigilante", cuando quince años atrás se embarcaba en Barcelona para Génova. Este libreto de costumbres marineras, con acción en la Costa Brava catalana, era original de Francisco Camprodón , que al fin llevaba al teatro un ambiente que conocía y unos personajes entre los que había vivido. Gentes sencillas de mar, trama simple e ingenua y versificación fácil es lo que ofrecía Marina, nada despreciable, si repasamos los libretos europeos, la mayor parte de las óperas excelsas adolecen de los mismos convencionalismos dramáticos, o lo que es peor, resultan más melodramáticas y menos verosímiles que Marina. Según el cronista local Fábregas i Barri, parece ser que el argumento de la obra está basado en una dramática historia marinera que tuvo lugar en el mismo Lloret de Mar. 

En lo tocante a influencias formales más de un crítico ha señalado la excesiva dependencia operística de Marina en la que sus personajes cantarán bajo la influencia, harto considerable del melodismo italiano, ya que Arrieta no podía desprenderse de una carga que llevaba con tanto gusto. El comienzo de su éxito duradero lo lograría años después, a partir de su reestreno en la temporada 1859-60 en el Teatro de la Zarzuela y más tarde, desde 1871, cuando alcanza su formato definitivo en su arreglo como ópera en tres actos, estrenada en el Teatro Real. Arrieta cambió la realidad numérica de los instrumentos, sin embargo "no varió el concepto de color o timbre orquestal, ni la función de cada grupo". La transformación del texto la llevó acabo el zamorano Miguel Ramos Carrión, una labor bastante respetuosa con el original de Camprodón, fallecido un año antes. 

La producción presentada en el Teatro de la Zarzuela conforma alguna que otra novedad respecto a la misma del año 2013. En esta ocasión, se ha visto reducida en dos números musicales: el dúo de Marina y Roque (nº 12), del segundo acto y el solo de Roque (nº 16 bis) del acto tercero y que proviene del nº 8 de la zarzuela. La puesta escénica de Ignacio García, realista, con embarcadero, playa y astillero, no falto de estética, pero excesivamente sombría, incluso en vestuario, se ha visto en el actual montaje ligeramente más iluminado. Por otra parte, el Teatro ha optado por un elenco vocal joven y poco conocido y un director de orquesta, como el valenciano Ramón Tebar, que pisa por primera vez el foso de este coliseo al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, que si bien en sus primeros momentos tuvieron sus extravíos, todo fue ordenándose, logrando una exposición de la obra coherente, enérgica y marchosa cuando se requería, ello obligó al coro titular, brillante en su intervención, a aumentar su sonoridad. 

Marina es obra del cuarteto protagonista, tenor, barítono, bajo y una gran tiple, pues Arrieta puso en su particcella mucho lucimiento, pero también mucha dificultad, desde la primera hasta su última aria, también exige un tenor con facultades y sin miedo, y no descuidó al bajo ni al barítono, asumiendo este último el  carácter de caricato cantando las partes más festivas de la obra. Olena Sloia, debutante, soprano ucraniana, supo adueñarse de su complejo personaje, demostró dicción y expresividad,  seguridad en el agudo. Cuidadosa en el rondó final de la obra, salió airosa. Correspondió al tenor cántabro Alejandro del Cerro defender a Jorge; demostró personalidad interpretativa, valiente en su primera intervención, firme en sus agudos: una meritoria interpretación. Tanto Damián del Castillo en Roque, como el bajo Ivo Stanchev, mostraron buen instrumento vocal, no siempre estables en su emisión, e hicieron un loable trabajo escénico.

El entusiasta y caluroso recibimiento del público a esta reposición propia, corrobora el acierto de la elección y el éxito de un título como Marina. Sería de recibo que el Teatro de la Zarzuela, haciendo honor a su nombre proyectara programar la zarzuela, como tal, en sus dos actos. Brindaría la oportunidad de conocerla como originalmente se escribió.