Ud. está aquíInicio / CRÍTICA / Madrid / Quondam: de Madrid a Hong Kong, por Daniel Quirós Rosado

CRÍTICA / Madrid / Quondam: de Madrid a Hong Kong, por Daniel Quirós Rosado


MADRID. Iglesia de Santa María de los Alemanes. 09-II-2019. Quondam. Director: Rupert Damerell. Obras de Morales, Guerrero y Lobo.

Daniel Quirós Rosado

El pasado 9 de febrero tuvo lugar uno de esos conciertos que, a la postre, puede ser el comienzo del todo o de la nada. Con un programa marcadamente femenino, no sólo por el número de cantantes, sino por el carácter de las piezas ofrecidas, se presentó la agrupación Quondam ante el público asistente en la Katholischen Gemeinde Deutscher Sprache de Madrid.

La inminente visita en forma de gira y cursos a Hong Kong de este ensemble dirigido por Rupert Damerell era motivo más que suficiente para asistir a esta despedida protagonizada por los tres grandes maestros sevillanos del Renacimiento: Morales, Guerrero y Lobo. Sin duda, estos tres compositores, debieron de tener muy presentes sus inicios como seises del coro de la Catedral de Sevilla y la devoción por la Virgen María, que da nombre al templo sevillano, les llevaría a dedicarle una parte importante de su catálogo. También otra figura como La Magdalena fue tratada y bien representada. Y el resto de programa, absolutamente femenino, pasó por dos motetes del Cantar de los Cantares donde se muestra la delicadeza de la amada comparada con el lirio de los valles y el narciso de Sarón.

Con el Regina Caeli inicial de Cristóbal de Morales se pudo reconocer la voz de la soprano Armelle Morvan, de quien sólo se pueden escribir cualidades sin defectos. Su potencia vocal y técnicas, con un estilo propio y muy depurado, fueron suficientes para llenar cualquiera de los recovecos del amplio techo de esta parroquia germano-madrileña.

Tras otra obra mariana de Morales –Sancta et Inmaculata- se dio paso al Kyrie de la Missa homónima que Francisco Guerrero escribió basándose en el motete anterior. De este primer movimiento del Ordinario se debería destacar la aparición de la soprano Jone Martínez, un auténtico descubrimiento que dará mucho que hablar en el futuro. Pero si durante las primeras músicas pudo estar más tapada por sus compañeros, bajo demanda del repertorio, bordó sobradamente su papel de ahí en adelante con los pasajes más “celestes” de Guerrero y la explosiva polifonía de Lobo.

Pero continuando con el resto de integrantes y obras, llegó el momento de María Magdalena. El desgarrador motete que toma el mismo nombre, compuesto por Guerrero, causó tal impacto que algunos asistentes sintieron el dolor que esta mujer sufrió en el sepulcro ante la muerte de su salvador. Y tal fue ese sentimiento que hay quien también hubo de enjugar alguna lágrima previa al atronador aplauso que, merecidamente, recibió la interpretación.

Así irrumpieron las maravillosas Lamentaciones de Jeremías de Alonso Lobo que, disculpen el atrevimiento, pueden ser consideradas como las más bellas del Renacimiento europeo. Más aún que las del abulense Tomás Luis de Victoria. Lo cierto es que este glorioso tema adaptado por la práctica totalidad de autores renacentistas, en Lobo genera tal sinergia con el público que también hizo emanar alguna lágrima mientras el profeta gritaba de dolor frente a su ya perdida Jerusalén en las voces de esta agrupación con sede en Ávila. Durante el transcurso de las extensas Lamentaciones del Sábado Santo el peso recayó sobre los dos bajos, Jesús García y Javier Cuevas, quienes cimentaron con maestría la base sobre la que se construye esta magna catedral musical en un recinto proclive a este tipo de repertorio.

Y puestos los cimientos y pilares fundamentales era momento de terminar de decorar el lugar con los dos últimos motetes de Lobo y Guerrero, los más virtuosos de la tarde. Las alto Elena Sánchez Elordi y Beverly Green tuvieron tiempo de demostrar una gran habilidad que ya no sorprende en una agrupación de reciente formación como Quondam, totalmente profesionalizada. Para ello, su director Rupert Damerell pudo contar con uno de los integrantes de la conocida Tallis Schollars. Este, Simon Wall, estuvo notablemente acompañado por un apabullante Emiliano Cano, cuya voz consiguió amalgamarse con el resto con un color y un sonido muy pulidos. Para terminar de redondear la tarde en este templo poco conocido se escuchó un bis del mismo maestro Lobo, el motete O Quam Suavis est, Domine, publicado en 1602.

Quondam, la agrupación profesional de Zenobia Música, ya es toda una realidad y ahora parte con destino a Hong Kong para dar el salto internacional que les queda. Calidad tienen de sobra para que les vaya bien por el país asiático y vuelvan con más fuerzas que nunca. Su futuro, únicamente, depende de ellos.