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CRÍTICA / MADRID / Cuando las pinturas cantan, por Javier Serrano Godoy


Madrid. Iglesia Evangélica Alemana de Madrid. Ciclo Soledades. 23-II-2019. Robert Silla, oboe y corno inglés. Obras de C. P. E. Bach, B. Britten, G. Silvestrini y R. Wagner.

Javier Serrano Godoy

De entre todas las manifestaciones concertísticas posibles en nuestro entorno, pocas vertientes resultan tan irresistibles como la espiritualidad de la interpretación clásica en soledad. Siempre se deriva de este tipo de encuentros una mística extraña, basada en el silencio que concede la oportunidad de no tener que compartir escenario. Algunos incluso pueden sufrir una especie de horror vacui, ante la posibilidad de encontrar unas briznas de pausa en el ruido eterno en el que buceamos ahogándonos lentamente. Es una experiencia que se vive fervientemente en la figura de Johann Sebastian Bach, a través de sus partitas y suites, ya sea para violín, para violoncello, para flauta (pequeño y absoluto milagro de la música soplada) o en sus múltiples adaptaciones a laúd, viola de gamba y un sinfín más de instrumentos que no han dejado pasar sus torrenciales beneficios pedagógicos.

Y fue precisamente el hijo berlinés del Todopoderoso el que abrió el último encuentro de Soledades de la mano del oboísta Robert Silla. El levantino apostó por un imprescindible de la literatura para flauta en la figura de C. P. E. Bach, tomada en versión para oboe (recurso no poco habitual) con un resultado verdaderamente sorprendente. La mesura y finura supieron hacer justicia a un autor tan ensombrecido por su padre en nuestros días como iluminado por encima de él en su propio siglo, época gloriosa de la música europea en la que se convirtió en el gran baluarte del Sturm und Drang alemán.

Sorprendió el inusual salto de tiempo (que no de estilo) al toparnos frontalmente con la apreciada figura de Britten. Aquí, un descubrimiento para el gran público de una de las obras de referencia para los oboístas contemporáneos, en la forma de seis pequeñas (y absolutamente deliciosas) piezas basadas en las narraciones del inmortal Ovidio, que componen ese maremágnum existencial de las Metamorfosis. Seis miniaturas de una lírica impecable en sus descripciones de Pan, Níobe y Narciso, a la vez que risueñas y encendidas, brillantes en sus fidedignos retratos de Faetón, Arethusa y Baco.

El centro de gravedad de la velada se aproximó de la mano de un completo desconocido para el común de los mortales, si bien, por lo que se ve, una figura fundamental en la historia reciente del oboe francés. Gilles Silvestrini cincelaba y firmaba los seis estudios inspirados en la mano de algunos de los grandes nombres de la pintura gala, desde Monet a Pissarro, sin olvidar a Manet, Renoir o Boudin. Música verdaderamente fresca y ejemplo envidiable de espectáculo para el instrumento de doble lengüeta por excelencia. Y, sin embargo, no resulta más que un suculento aperitivo ante el enorme manjar contemporáneo que supuso a continuación Horae Volubiles, una monumental fantasía sobre la Madonna del Roseto del quattrocento. Titánica tarea la de ofrecer este complejo entramado técnico en concierto, ya que constituye no sólo un intrincado ejercicio mental, sino también una verdadera prueba de resistencia física para un instrumento tan extenuante.

El broche final se hizo llegar de la mano recia de Richard Wagner, y de esa piedra angular de la música occidental que supone Tristán e Isolda. Para los empedernidos wagnerianos, la mención del corno inglés llevará siempre al tercer acto de este poderoso drama amoroso, en el que la justificación de un pastor deja para la posteridad un verdadero monumento, imprescindible para cualquier Probespiel por reducido que sea.

Un summum de combinaciones que dieron lugar a un programa de lo más atractivo, mucho más aún gracias al despliegue visual sobre el que se apoyó el intérprete para dar sustento visual a cada una de las piezas del repertorio. Un tanto más a favor en la larga lista de éxitos de El Canto de Polifemo, que suma y sigue en su incalculable aportación cultural a la honorable villa de Madrid.