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CRÍTICA / Los milagros de San Miguel


Madrid. Basílica Pontificia de San Miguel. 24-II-2018. I Discordanti. Directora: Florencia Menconi. Obras de Rossi, De Wert, Rognoni, Monteverdi y Kapsberger.

Madrid. Basílica Pontificia de San Miguel. 25-II-2018. Olena Sloia, soprano. L'Aphotéose. Obras de Nebra, Martín Ramos, Corselli, Hernández Illana y De Iribarren.

Eduardo Torrico

Un festival de cinco semanas de duración, como lo es el de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid (FIAS), se puede permitir el lujo de incluir en su cartel a jóvenes valores cuyas excelencias son conocidas por una minoría muy especializada pero totalmente ignotas para el gran público. En festivales o en conciertos más convencionales no se puede (o no se quiere) arriesgar tanto, de ahí que se repitan una y otra vez los mismos nombres de solistas y de grupos ya consagrados. Pues bien, en tan solo dos días —sábado y domingo— el FIAS ha posibilitado contemplar el alumbramiento en España de dos estrellas en el firmamento de la música antigua: I Discordanti y L’Apotheose. Un auténtico milagro. O, mejor dicho, dos milagros.

I Discordanti tiene su base en Basilea, pero buena parte de sus componentes son españoles (la soprano Eva María Soler, la violagambista Marina Cabello y la clavecinista Inés Moreno). Los demás, prácticamente también lo son: la mezzosoprano —y directora artística del grupo— Florencia Menconi es argentina, la soprano Amalia Montero es chilena, el barítono Breno Quinderé es brasileño y el tiorbista y tenor Ricardo Leitão Pedro es portugués. Todos han salido de ese inagotable filón que es la Schola Cantorum Basiliensis y en sus primeros pasos recibieron la ayuda inestimable de Pedro Memelsdorff, que en seguida se dio cuenta del enorme potencial que tenían como grupo y apostó fuerte por ellos. Con una importante recorrido ya por Suiza, Francia e Italia, el del sábado fue su debut en España.

Igual piensan ustedes que exagero, pero les puedo garantizar que en mi vida he escuchado un Seicento tan primorosamente elaborado como el de esta gente. Asimismo, rara vez he escuchado tan perfecta afinación vocal como la suya. Y pocas veces he escuchado un bajo continuo tan elegante. Cantaron madrigales de Rossi, De Wert y Monteverdi (y algún pasaje del Orfeo) y lo hicieron con una perfección pasmosa, en la que destacó la voz límpida, potente y bien timbrada de Eva María Soler. No se oía ni una mosca en la basílica de San Miguel, repleta de un público sobrecogido por lo que estaba escuchando.

Al día siguiente, domingo, San Miguel obró un nuevo milagro. Esta vez con un grupo instrumental totalmente español, L'Apothéose, al que acompañaba Olena Sloia, una soprano ucraniana —pero terminada de formar en la Escuela Superior de Canto de Madrid— que hasta hace dos semanas lo más antiguo que había cantado en su vida era Mozart. L'Apothéose (Laura Quesada, flauta travesera; Asís Márquez, clave; Carla Sanfélix, violonchelo y Víctor Martínez, violín, a los que en esta ocasión se unió otro violín, el de Roldán Bernabé) llegaban al FIAS avalado por una impresionante cosecha de premios en concursos internacionales (ganador de los "Circuitos FestClásica 2018" en la categoría de música antigua; primer premio, premio Bärenreiter y premio Eeemerging en la competición internacional “Göttingen Händel Competition” de 2017; segundo premio en el "Concours International de Musique Ancienne de Val de Loire" 2017; segundo premio en el "Förderpreis Alte Musik Saarland" de 2016 de Saarbrücken y grupo seleccionado para la "Van Wassenaer International Competition" también de 2016). Y lo hacían con un programa íntegramente español.

La figura de Nebra (de quien se cumple este año el 250º aniversario de su muerte) centraba el programa, como la propia obra del compositor bilbilitano centró la vida musical en España durante la primera mitad del siglo XVIII. Programa que completaban Francisco Corselli, Francisco Hernández Illana, Juan Francés de Iribarren y el muy desconocido Juan Martín Ramos, maestro de capilla que fue de la catedral de Salamanca y del que sonó por primera vez en tiempos modernos la cantada No llores, dueño mío.

Sloia cautivó a la concurrencia con una voz bellísima, ligera, con imponentes agudos y bien proyectada, a la que iba unida una técnica portentosa. Su dicción del castellano es más que notable (bastante mejor que el de no pocas sopranos españolas o hispanoamericanas de origen), aunque adolece de una cierta dureza al pronunciar consonantes como la erre o la jota. Detalles menores en una interpretación memorable, que llegó a su cénit cuando festoneó, a modo de propina, la bellísima aria Ombre, piante, urne funeste, de la ópera Rodelinda. Y es que Haendel será el próximo objetivo de L'Apothéose. Lo aguardamos ya con enorme expectación.

(Foto L'Apothéose: Jaime Massieu)

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