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CRÍTICA / Le Jardin des Voix: juventud, divino tesoro


Madrid. Auditorio Nacional. 19-XI-2017. Natalie Perez,Natasha Schnur, Eva Zaïcik, James Way, Josep-Ramon Olivé, Padraic Rowan. Les Arts Florissants. Director: William Christie. Obras de Handel, Purcell, Arne,Dowland, Locke, Gibbons, Tomkins y Ward.

Eduardo Torrico

Coincidiendo con la llegada del nuevo milenio, empezaron a proliferar en las televisiones del mundo occidental los concursos de televisión destinados a promocionar nuevos cantantes. Acaso influido por el éxito de aquellos programas, en 2002 William Christie tuvo la feliz ocurrencia de crear, con carácter bienal, Le Jardin des Voix, iniciativa encaminada a promover voces jóvenes dentro del repertorio barroco.

Ocho han sido hasta la fecha las ediciones de Le Jardin des Voix, plataforma de lanzamiento por las que han pasado no pocos cantantes que hoy ya son figuras consagradas. Tras una dura criba inicial entre los aspirantes, los que son finalmente seleccionados pasan a formar parte de la Academia Barroca. Concluido el periodo de instrucción en esta, realizan una gira —con el propio Christie a la cabeza de Les Arts Florissants— por diversos países durante varias semanas. La presencia española en la Academia no ha sido demasiado numerosa, pero sí constante: el barítono Gabriel Pérez-Bermúdez (en la primera edición), el contratenor Xavier Sabata (segunda), el tenor Juan Sancho (tercera), el también tenor Francisco Fernández-Rueda (quinta), la soprano Lucía Martín-Cartón (séptima) y ahora, en la octava, el barítono Josep-Ramon Olivé.

En cada edición, la temática del programa que se interpreta en la gira varía. Este año tocaba Inglaterra, quizá por aquello del Brexit (hubo varias alusiones críticas a ello durante el concierto ofrecido en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional). Christie ensambló indiscriminadamente arias, dúos, coros y piezas instrumentales de compositores del XVII y del XVIII (William Locke, Orlando Gibbons, George Friederic Handel, Henry Purcell, Thomas Thomkins, John Ward, Thomas Arne y John Dowland) y les dio un sentido unitario, de tal forma que los ocho cantantes de esta octava edición de Le Jardin des Voix fueran narrando una historia, que no era sino la historia de lo que fue en aquel periodo la música en las islas británicas. La imaginativa —y minimalista— puesta en escena de Sophie Daneman contribuyó a realzar el valor de la música (de por sí ya muy alto) y al lucimiento general de cantantes y, por supuesto, de orquesta.

Las seis voces causaron una gratístima impresión, pero destacaron poderosamente la mezzosoprano francesa Eva Zaïcik y tenor inglés James Wey (¿qué prodiosa máquina tienen en Inglaterra para fabricar tenores tan increíbles y tan asombrosa cantidad?). Las dos voces más graves —el barítono barcelonés Josep-Ramon Olivé y el bajo irlandés Padraic Rowan— lucieron también a un extraordinario y parejo nivel. Menos interesantes resultaron, en cambio, las dos sopranos: la francesa Natalie Pérez (que acaba de publicar su primer disco, junto a la mezzo Lea Desandre —que participó en la pasada edición de Le Jardin des Voix— y la soprano Chantal Santon Jeffery) y la alemana Natasha Schnur. Ambas, de voz blanca y emisión más bien limitada, estuvieron correctas, pero no evidenciaron nada que pudiera ser considerado realmente especial.

Les Arts Florissants, con Emanuel Reche (habitual colaborador de grupos españoles como Tiento Nuovo o The New Baroque Times) en funciones de concertino, sonó tan aterciopelada como en ella es costumbre. Las dos horas de espectáculo se hicieron cortas, muy cortas, y el público reaccionó entusiasmado y alborozado al término de la primera parte y, sobre todo, de la segunda.