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CRÍTICA / "La Verdi", una orquesta de esclarecido sonido


Alicante. Auditorio de la Diputación de Alicante. 02-X-2018. Kian Soltani, violonchelo. Orquesta Sinfonica di Milano Giuseppe Verdi. Director: Jader Bignamini. Obras de Dvorák, Schumann y Weber.

José Antonio Cantón

Una de las formaciones de más enjundia artística y de mayor prestigio en el actual panorama orquestal italiano, como tiene y demuestra la Orchestra Sinfonica di Milano Giuseppe Verdi, ha sido la encargada de abrir la temporada sinfónica del ADDA, dirigida por el cremonés Jader Bignamini, que la conoce muy bien desde dentro, al haber pertenecido a ella en calidad de uno de sus destacados solistas de clarinete. Se presentaba con un programa esencialmente romántico de indudable atractivo, en el que una referencial obra dentro de su repertorio como es el Concierto para violonchelo y orquesta en La menor op. 129 de Robert Schumann iba a permitir que los aficionados alicantinos disfrutaran de una de las jóvenes figuras emergentes con este instrumento de cuerda: el austriaco de ascendencia iraní Kian Soltani.

Tocó con un instrumento de prodigiosa sonoridad como tiene, construido por Antonio Stradivarius en 1694 y que es conocido entre los pertenecientes a este singular lutier de Cremona con el sobrenombre de "London". Destacado discípulo desde muy joven del gran violonchelista y pedagogo ruso Iván Monighetti en Basilea, su interpretación de esta magistral pieza concertante hay que situarla dentro de ese movimiento que se está produciendo en las nuevas generaciones de músicos, preocupados por descubrir nuevas líneas estilísticas, una pretensión que se sustenta en una superlativa capacidad técnica y en una formación artística interdisciplinar que siempre enriquece la estética musical. Así lo reflejó Soltani desde su primer ataque de arco, dejando la sensación de tener asumido su discurso hasta el más mínimo detalle, hecho complicado de alcanzar dada la diversidad emocional que irradian las melodías y armonías de este concierto, así como sus contrastados tempos.

La hondura de su personalidad recreativa quedó reflejada profusamente en el Adagio central, al convertir el sonido de su instrumento en un verdadero cantante de lied, que surgía como "enantiodrómico" catalizador entre los tiempos extremos con una función de meditativo equilibrio. Fue el momento más relevante de su actuación, junto al bis que ofreció ocupado por una singularísima interpretación de una obra propia de marcados estilemas persas. El público reconoció y disfrutó de sus méritos implementados por una sobria y eficaz intervención de la orquesta, elegantemente conducida por el maestro Bignamini con poética y dialogante expresividad.

Éste apuntó su capacidad de transmisión en la estimulante obertura de la ópera El cazador furtivo de Carl Maria von Weber con la que inició el concierto. Ya en su corta introducción se pudo percibir el constante sentido dramático que impregnó a la dirección de esta briosa pieza, esplendoroso inicio de una de las más significativas creaciones del repertorio lírico alemán.

Transitó con claridad por todos los estados de ánimo de esta hermosa ópera, aquí concentrados de manera unívoca, sabiendo estimular la bondad sonora de las trompas, que anticiparon la excelencia de su particular protagonismo en la Sinfonía "Del Nuevo Mundo" de Dvorák. Una obra en la que se pusieron de manifiesto las grandes cualidades de esta orquesta milanesa, que desde el pasado año tiene como titular a uno de los mejores directores alemanes de su generación: Claus Peter Flor. Él es un gran arquitecto del sonido que busca sacar lo mejor de cada instrumentista, una característica que su colega Bignamini ha sabido propiciar con máximo rendimiento en esta lucida actuación alicantina de "La Verdi", popular apelativo por la que es conocida en Italia esta excelente formación. En ella se demostró la progresión sólida y brillante que viene teniendo su carrera, que ya presintió acertadamente el gran maestro Riccardo Chailly, primer titular de esta orquesta que, con decisiva elocuencia, ha iniciado la temporada sinfónica 18/19 del ADDA. 

Fotos: Basilio Martínez