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CRÍTICA / Granadinos sones de Ángel Barrios


Granada. Corral del Carbón. 27-VI-2018. LXVII Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Pablo Sáinz Villegas, guitarra. Obras de Albéniz, Barrios, Granados y Tárrega.

José Antonio Cantón

El riojano Pablo Saínz Villegas, uno de los guitarristas españoles más mediáticos de los últimos años, ha actuado en el Festival con un interesante programa de contenido popular, que atraía además por el marco donde se celebraba: el patio del famoso Corral del Carbón, la alhóndiga nazarí del siglo XIV mejor conservada de la arquitectura musulmana española.

Después de una pequeña explicación sobre el contenido general del concierto, que repetiría también en cada obra, fue con la conocida Sevilla de Albéniz, tercera pieza de su Suite Española op.47, con la que abrió su actuación, dejando una primera impresión de sentido popular en su interpretación, favorecido por su fácil tañer y distendida expresividad, cualidades que puso de manifiesto particularmente en el gusto con que tocó la copla central de esta pieza. Cierto aire aristocrático apareció en su versión de la conocida Andaluza de Enrique Granados, quinta de sus Danzas Españolas, dejando una nostálgica sensación en su discurso. Volvió con Albéniz en sus Rumores de la Caleta con emotiva sensibilidad, dibujando con el sonido de su guitarra los lances amorosos que quiso transmitir el compositor en sus acordes. Así terminaba una hipotética primera parte del recital que se desarrolló de manera continuada.

 Una segunda, con los entreverados sones de guitara clásica y flamenca del granadino Ángel Barrios iba a llenar de gracia el recinto del "corralino" patio. Así ocurrió con la pieza que abría su lote, Canción y danza del Valle de Lecrín, dedicada a su antiguo discípulo Antonio Velázquez, que Pablo Sáinz Villegas tocó con folclórico acento. Le siguió Viejo romance, en el que destacó su cadencioso aire amoroso. Se aproximó con convicción estética al barniz clásico que contiene Sin estrella y sin cielo, obra originariamente pensada para voz y piano, y destiló casticismo en Vieja canción granadina. El momento más logrado de este bloque vino dado por Tango zapateado, también conocido por el  título Patas locas, toda una gitanería hecha con el sonido de la guitarra.

El final del recital estuvo ocupado por la universal Asturias de Albéniz entre dos de las más conocidas obras de Francisco Tárrega, Recuerdos de la Alhambra y Gran jota de concierto. Cierta distensión expresiva se notó en el intérprete, teniendo su culminación en la propina con la que correspondió a los aplausos del público, el marchoso joropo venezolano Seis por Derecho del compositor Antonio Lauro, donde quedo reflejada con singular acierto la personalidad de este guitarrista. Con todo, hay que decir que se echó de menos el Hommage pour le Tombeau de Debussy de Manuel de Falla, que hubiera seguido la línea homenaje que tuvo el programa que la noche anterior interpretó Pierre Laurent-Aimard en el Patio de los Arrayanes de la Alhambra.