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CRÍTICA / Granada: Selecta academia de órgano


Granada. XVII Academia Internacional de Órgano. 

7-IX-2018. Iglesia de Nuestro Salvador. Leo van Doeselaar, órgano. Obras de Johann Sebastian Bach.

8-IX-2018. Convento de Santa Catalina de Siena. Enrico Viccardi, órgano. Obras de Frescobaldi, Merula, Storace, Scarlatti, Gregori. 

10-IX-2018. Monasterio de San Jerónimo. Juan María Pedrero, órgano. Obras de Ximénez, Cabezón, Cabanilles, Correa de Arauxo, Sweelinck, Kerckhoven, Froberger y Kuhnau.

11-IX-2018. Iglesia de San José de Calasanz. Mónica Melcova, órgano. Obras de Correa de Arauxo, Scarlatti, Byrd y Bruna. 

12-IX-2018. Iglesia de los Santos Justo y Pastor. Andreas Liebig, órgano. Gudrun Sidonie Otto, soprano. Obras de Ravel, Scelsi, Gubaidulina, Carreira, Schütz, Schildt, Scheidemann, Cabezón, Correa de Arauxo, Cabanilles, Laurinus y Buxtehude.

José Antonio Cantón

La Academia Internacional de Órgano viene siendo desde hace diecisiete años el evento que abre la temporada musical de Granada después del festival. Organizada por la Real Academia de Bellas Artes de esta ciudad, reúne a destacados intérpretes, que a su vez imparten clases magistrales, con interesantes programas actuando en distintos templos. La asistencia masiva de público a sus conciertos la convierte en uno de los acontecimientos más relevantes de la vida cultural granadina.

Esta edición se ha inaugurado con un programa monográfico de Johann Sebastian Bach a cargo del organista titular del Concertgebouw de Ámsterdam, Leo van Doeselaar [en la foto], que tuvo lugar en la Iglesia de Nuestro Salvador sita en el castizo y popular barrio del Albaicín, donde se encuentra uno de los últimos órganos construidos por el maestro organero granadino Francisco Alonso Suárez, que inaugurara el gran músico Gustav Leonhardt a principios del presente siglo. Con un estilo de austera expresividad, fue interesante su versión de la Fantasía en Sol mayor, BWV 572, de manera especial el movimiento central por la gravedad que requiere su tempo, más adecuado al carácter emocional de este intérprete holandés. No pasó de mera curiosidad cómo realizó la transcripción de la famosa Chacona que cierra la Partita para violín BWV 1004 que hiciera Leonhardt, faltando ese fatum solemne que requiere su contenido. Los momentos más destacados los encontró Doeselaar en la obra catalogada BWV 768, un coral con variaciones de precisa factura, en el que Bach apunta influencias de Buxtehude, y en otro coral, el regocijante y de arrollador discurso Nun freut euch, liebe Christen g'mein BWV 734 para el tiempo de Adviento que interpretó como bis.

De plena satisfacción para el oyente hay que considerar la actuación del  italiano Enrico Viccardi en el Convento de Santa Catalina de Siena con un programa integrado en gran parte por obras de compositores italianos del siglo XVII entre los que destacaba Girolamo Frescobaldi, cuyo estilo el organista lombardo domina de manera natural y espontáneo sentido. Sus momentos más brillantes surgieron de los compases de una Canzone (V) de Tarquinio Merula, del fascinante belicismo musical contenido en Ballo della Battaglia y del difuso casticismo del Aria sopra la Spagnoletta, todas ellas obras de Bernardo Storace, que Viccardi supo tratar en la preciosa sonoridad del instrumento original de Fray Francisco Alexo Muñoz (1730), restaurado recientemente por Francisco Alonso. Tuvo gran inspiración recreativa en la Partita sobre el aria de la 'Folia' de Alessandro Scarlatti, precediendo a una excelente interpretación del Concierto en Si bemol mayor del estimable especialista Giovanni Lorenzo Gregori, que fue pensado para el instrumento que usaba su colega contemporáneo Johann Gottfried Walther, uno de los más destacados teóricos musicales alemanes de su época. Una relajante Canzona Sexta de Frescobaldi, dejó una grata impresión en el público que abarrotaba el templo.

La tercera jornada de este ciclo fue ocupada por el miembro de la Real Academia de Bellas Artes granadina Juan María Pedrero, organista y profesor del Real Conservatorio Superior Victoria Eugenia de Granada, y programador de los conciertos de este ciclo. Su actuación estuvo dedicada a importantes compositores ibéricos como Ximénez, Cabezón, Cabanilles y Correa de Arauxo, y a obras de los no menos relevantes músicos flamencos como Sweelinck y Kerckhoven, o los alemanes Froberger y Kuhnau, resaltando una incursión en el arte de Louis Couperin del que interpretó excelentemente un preludio de 1654 y una fantasía escrita tres años antes en la que manifestó un cuidado estilo alla contra, que quedaba muy bien encajado en la reverberación del Monasterio de San Jerónimo, lo que significó un punto de contraste rítmico y distensión a la solida estructura armónica que caracterizaba el resto del programa. Una meditativa corrente italiana de autor anónimo precedió al final de la actuación que fue ocupado por un hermoso Tiento lleno de segundo tono de Juan Cabanilles, que permitió se pudiera disfrutar de las excelencias del instrumento.

Uno de los órganos más atractivos de todos los que hay en la ciudad nazarí, que superan en número la veintena entre hábiles y susceptibles de restauración o reconstrucción, es el que el maestro organero Francisco Alonso rehízo en la última década del pasado siglo en la Parroquia de San José de Calasanz, y que lleva por nombre El Santo Dios. Traído por los P.P.Escolapios a Granada desde su colegio de Archidona en el siglo XIX, tiene una dimensión sonora muy adecuada para la acústica de la iglesia, cualidad que fue ponderada muy positivamente por la insigne Monserrat Torrent cuando actuó por primera vez en él. En esta ocasión lo ha hecho la organista eslovaca Mónica Melcova, ocupando la penúltima jornada de conciertos de esta Academia. Dotada de gran capacidad musical tanto en lo estético como en lo técnico, confeccionó un programa en el que se pudo disfrutar del arte para el teclado de William Byrd (Sellingers rownde), del genio de Francisco Correa de Arauxo (Tiento1/2 reg. 2 tiples de 7º tono), otro del siempre sorprendente compositor y organista darocense, el ciego Pablo Bruna, inspirado en las Letanías de la Virgen, del inconfundible estilo de batalla de Cabanilles en un Tiento de quinto tono bajo, y de la distinguida gracia de Domenico Scarlatti interpretando cinco piezas transcritas del clave al órgano pertenecientes a su extenso catálogo sonatístico que dejó una sensación de jovialidad en el auditorio. Fueron precedidas por una Improvisación de la organista que vino a demostrar por qué es profesora de esta especialidad en el prestigioso Musikene del País Vasco, disciplina que cada vez más se debería impartir y diversificar a todos los niveles en los centros de enseñanza musical. Dejó la grata impresión de haber programado e interpretado pensando en el oyente, sin desmerecer en momento alguno de la solidez estética de cada obra.

El concierto de clausura protagonizado por la soprano Gudrun Sidonie Otto y el organista Andreas Liebig venía precedido de una máxima expectación entre los aficionados por las características del programa y la calidad de los intérpretes. Tal curiosa espera fue satisfecha plenamente desde el hecho de poder disfrutar de dos conciertos en uno, perfectamente ensamblados para conseguir en el primero, desde los textos cantados, irradiar unos sentimientos de esperanza, confianza y alabanza en la providencia según el tratamiento creativo musical de algunos autores del siglo XX como Ravel (Kaddisch), Scelsi (Ave Maria) o Gubaidulina (Aus del Visionen der Hildegar von Bingen) en contraste con otros de compositores del periodo barroco como Carreira, Schütz o Buxtehude. La otra parte de la actuación fue propiamente un recital de órgano intercalado entre las intervenciones de la cantante, en el que el órgano de la Iglesia de los Santos Justo y Pastor construido en 1764 por Salvador Pavón y Valdés y restaurado por Federico Acitores en 2007, mostró su esplendor como pocas veces ha podido escucharse.

Andreas Liebig, organista titular de la Catedral de Basilea, es una de las grandes figuras de este particular arte musical en el panorama internacional. Así quedó de manifiesto dado su capacidad de registración, sentido musical y tratamiento estilístico de obras como Beata viscera Mariae de Cabezón, 5º Tiento 1/2 registro de tiple de 7º tono de Correa de Arauxo, donde alcanzó un momento culminante de su interpretación, o el Tiento de 7º tono A la mi re de Cabanilles, en el que se pudo disfrutar de las bondades sonoras y registrales de un órgano español. Otro tanto ocurría con sendas obras de los compositores alemanes del siglo XVII, Schildt, Scheidemann y el insigne Buxtehude, haciendo una excelente recreación de su Fuga in C BuxWV 174, obra con la que terminaba el recital.

En cuanto a Gudrun Sidonie Otto hay que decir que posee una voz cálida de natural tímbrica, nada impostada, excelentemente afinada, de entonada colocación y esmerado color, como el exhibido en el motete Ich will der Herren loben allzeit SWV 306 de Heinrich Schütz, y de un exquisito sentido monódico en Kaddisch de Maurice Ravel con el que cargó el recinto de templo de un palpitante sentimiento de alabanza al Altísimo. Sin duda fue el momento más emocionante de la velada, generando un sobrecogedor silencio en el auditorio, sólo comparable con el bis que cerró este concierto, I himmelen, I himmelen, canto de un texto del escandinavo Laurentius Laurinus (1622), cuya melodía se ha hecho popular en la famosa iglesia noruega de Heddal. Terminaba así un concierto que pasará a la historia de la Academia Internacional de Órgano de Granada como uno en los que el arte musical se ha manifestado en verdadero estado de gracia.