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CRÍTICA / Goerne y Hinterhäuser: música y poesía restituidas


Madrid. Teatro de la zarzuela. 26-II-2018.- Matthias Goerne, barítono. Markus Hinterhäuser, piano. Obras de Schubert.

Michael Thallium

"No sé ni tocar ni cantar, y sin embargo, cuando escribo estos poemas toco y canto. Si pudiera crear mis propias melodías, entonces mis canciones gustarían más que ahora. Pero confío en que exista un alma semejante a la mía, que capte las melodías ocultas bajo las palabras y me las restituya". Cuando el poeta Wilhelm Müller (1794-1827) escribió estas palabras en su diario, allá por 1815, ignoraba que ocho años más tarde esa alma en cuya existencia confiaba no sería otra que la de Franz Schubert (1798-1828), quien captó esas melodías ocultas entre palabras hasta el punto de inmortalizarlas en el ciclo de veinte canciones conocido como La bella molinera. Müller dio una existencia de papel en blanco y negro a sus palabras, una existencia a medias, hasta que Schubert las despertó y animó con un soplo de vida, con una música que sigue interpretándose casi dos siglos más tarde. Ambos fueron coetáneos, aunque jamás se conocieron y Müller jamás supo de la existencia de las melodías con las que Schubert revivió sus poemas. Schubert utilizó también poemas de Müller para otro de sus ciclos de canciones: Viaje de invierno. ¿Quién le hubiera dicho a Müller que sus poemas inspirados en La Molinara de Paisiello llegarían tan lejos en el tiempo y el espacio?

Pero al igual que la poesía de Müller necesitó de la música de Schubert para recobrar vida, la música de Schubert necesita de intérpretes que capten su esencia. Y de eso pudo disfrutar el público de Madrid a finales de febrero de 2018 en el Teatro de la Zarzuela. El barítono alemán Matthias Goerne (1967) y el director artístico del Festival de Salzburgo y pianista austríaco Markus Hinterhäuser (1958) fundieron melodías y palabras en una sola música. La voz de Goerne, potente cuando ha de serlo, llena de matices y con unos pianísimos exquisitos, me emocionó en La nana del arroyo; el sonido del piano, impregnado del buen oficio de Hinterhäuser, se fundió con la voz restituyendo la esencia de música y poesía. El público aplaudió entusiasmado. Goerne y Hinterhäuser saludaron cinco veces. Podremos verlos juntos de nuevo con Viaje de invierno a finales de abril en el Teatro de la Zarzuela. Entretanto, para quienes quieran escuchar las bellísimas atmósferas que Goerne y Hinterhäuser son capaces de crear, recomiendo el CD "Schumann: Einsamkeit", del sello Harmonia Mundi.

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