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CRÍTICA / Expectación garantizada


Córboda. Teatro Góngora. 29-XI-2017. XVI FESTIVAL DE PIANO RAFAEL OROZCO. Solista: Judith Jáuregui (piano). Orquesta de Córdoba (OC). Director: Lorenzo Ramos. Obras de Chopin.

José Antonio Cantón

Con el concierto de clausura de la décimo sexta edición del Festival de Piano Rafael Orozco se garantizaba la máxima expectación del público con la presencia de una de las intérpretes más mediáticas del panorama musical patrio, como es la pianista donostiarra Judith Jáuregui, que actualmente disfruta de uno de los momentos más dulces de su carrera.

Con la elegancia que irradia su porte, hacía su aparición en el escenario del Teatro Góngora acompañada por el maestro Lorenzo Ramos, titular de la OC, dispuesta a ofrecer su versión, contrastada en múltiples ocasiones, de una de sus obras favoritas, con la que siempre deja algún destello de nuevos conceptos, que le llevan a enriquecer su visión del Primer concierto de Chopin, obra que no deja de estudiar en su búsqueda por hallarle otras aristas expresivas. 

Para esta ocasión, contó con la colaboración de un director que ha sabido encontrar el equilibrio estilístico que siempre pretende Judith Jáuregui con esta composición, quintaesencia del pensamiento chopiniano, y en la que su autor dejó muestra de la importancia concertante del piano romántico, tomando del algún modo el testigo de los conciertos de Mozart, autor que tanto influyó en el espíritu creador del gran músico polaco. Este aspecto lo tiene muy en cuenta la pianista, ofreciéndolo con el soporte técnico de expresión que necesita su sentido estético, que puede resumirse en una cuidada adaptación al viejo estilo del legato de pulsación suave, proveniente de la escuela de Muzio Clementi, y que con Johann Baptist Cramer y John Field adquirió plena aceptación en las salas de concierto europeas durante el primer tercio del siglo XIX.

Asumido ese compromiso de concepto, Judith Jáuregui empezó a interpretar ya desde su tensa espera durante la larga introducción orquestal del inicio de la obra, protagonizando un proceso de mentalización que le predispuso a la que sería una interpretación cuidada en técnica y sentida en emoción, como vino a confirmarse en la especie de cadencia del final del primer movimiento.

El lirismo apareció en el larghetto, aire que da carácter a la romanza central del concierto, en el que la pianista desarrolló su mejor expresión romántica, llena de un sentimiento melancólico que recordaba las mejores líneas melódicas del repertorio belcantista. Fue bien secundada por la OC, que supo traducir en su cuerda las indicaciones de su director que, desde una plena identificación con los postulados de Jáuregui, impulsó a la cuerda a expresar un claro cromatismo antes de la conclusión de este movimiento que, a la postre resultó ser el más conseguido de la actuación.

En el rondó que cierra esta hermosa obra concertante, Judith Jáuregui manifestó su rico mecanismo ante el ritmo rebrincado a la vez que caprichoso de su aire de danza cracoviana en la que se inspira este movimiento final donde, una vez más, se pudo ver el entendimiento entre la solista y el director al imprimir ambos una arrebatadora alegría a su conclusión, acentuando así el torbellino dancístico que quiso dar Chopin a la terminación de este concierto. Todo ello, después de que Judith Jáuregui recitara con exquisita elegancia el pasaje en el que la sección grave de la cuerda la acompañó, con equilibrado pizzicato, en el delicado obstinado ritmo que pide el autor. 

Los aplausos llenaron el recinto del teatro gongorino lo que llevó a la pianista a ofrecer un bis que, a la postre, se convirtió en el momento mágico de la velada; Jeunes filles au jardin, última de las Scènes d'enfants de Federico Mompou, con la que Judith Jáuregui puso magistral punto final a un Festival que en cada edición crece en calidad artística, aumentando su difusión e importancia entre la rica vida cultural de la ciudad califal.