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CRÍTICA / Excelencia musical en Vélez-Blanco


Vélez-Blanco. Claustro del Convento de San Luis. 27-VII-2017. XVI Festival de Música Renacentista y Barroca de Vélez-Blanco. Monika Mauch, soprano. Musica Fiata Köln. Director: Roland Wilson. Obras de Castello, Frescobaldi, Grandi, Kapsberger, Marini, Merula, Monteverdi, Picchi y Valentini.

José Antonio Cantón

Uno de los momentos culminantes de esta decimosexta edición del Festival de Vélez-Blanco ha sido el concierto protagonizado por la soprano alemana Monika Mauch y el grupo instrumental Musica Fiata Köln, interpretando un seleccionado programa que llevaba por título Claudio Monteverdi e il suo tempo, recurrente motivo en el año en el que se cumple el 450º aniversario del nacimiento del compositor cremonés. En esta actuación se han podido revivir las soluciones creativas que se fueron produciendo en una etapa crucial de la historia de la música europea: la transición del Renacimiento al Barroco. En ella, Monteverdi se erigió en figura capital en la medida que desarrolló dos ámbitos estéticos determinantes en su momento para el futuro: consolidó el espectáculo de la ópera y determinó una práctica armónica que habría de derivar indefectiblemente en la tonalidad.

Poder disfrutar de tales principios en un concierto es un privilegio, como fue en el caso que nos ocupa. Del primer aspecto se pudo apreciar la excelente voz de Monica Mauch desde un total compromiso estilístico, como el mostrado en Regina Caeli de Alessandro Grandi, donde manifestó su equilibrada impostación natural sólo alterada en contadas ocasiones según las necesidades expresivas derivadas del texto, sentido que acentuó en la alabanza Laudate Dominum y en el motete O quam pulchra es, siendo acompañada por el tiorbista Michael Freimuth y, en el órgano positivo, por Arno Schneider. La sensación de excelencia interpretativa se pudo percibir en estas dos obras de Monteverdi, en las que se simultanearon una precisa técnica y un experimentado gusto en este tan particular lenguaje musical.

En cuanto al tratamiento instrumental en su deriva de expresión armónica, el cornetista británico Roland Wilson y director de este ensemble, ha querido reflejar dos cualidades de sus compañeros; por un lado al ejecutante virtuoso, y todos sus componentes lo demuestran dado el gran dominio técnico que han exhibido, y por otro dejar que cada uno pudiera aportar su musicalidad creativa produciendo la grata y a la vez extraña sensación en el oyente de una especie de fluctuación musical improvisada que se crea y consume en el mismo momento de su ejecución. Esta impresión tuvo su máximo exponente en la Sonata XII à 3, doi soprani e trombone de Dario Castello, en la que este quinteto llegó a ostentar tanto en su conjunto como individualmente un asombroso dominio del contrapunto y máxima claridad en articulación.

En la segunda parte del concierto se pudo disfrutar particularmente de la excelencia de cada uno de los miembros de Musica Fiata Köln empezando por el trombonista Peter Stelzl, con su destacada intervención en la Sonata “La Foscarina” de Biagio Marini, seguido por la violinista Anette Sichelschmidt en una deslumbrante interpretación de la Sonata seconda (1621) de Castello, todo un anticipo virtuosístico de la gran escuela italiana de cuerda de finales del siglo XVII personificada en músicos como Corelli. El tiorbista Michael Freimuth tuvo su momento de esplendor en el Praeludio, Toccata, Volta, Ballo, Gagliarda e Corrente de Kapsberger, produciendo un sonido semejante a un clave, fruto de la limpia articulación alcanzada mediante la suave y a la vez precisa pulsación de los trastes del diapasón de su instrumento.

Monika Mauch dio toda una lección de sentimental agilidad vocal en el lamento contenido en el motete O vos Omnes de Alessandro Grandi y en el salmo Confitebor de Claudio Monteverdi perteneciente a su colección Selva Morale e Spirituale, que cerraba el concierto, provocando unánime complaciente respuesta en el público con un cerrado y prolongado aplauso que llevó a que el grupo interpretara como bis Ave maris stella de Alessandro Grandi, que significó la culminación de una actuación que marcó el alto grado de belleza al que se puede llegar en la interpretación de la música antigua, dirigida en esta ocasión por Roland Wilson, músico integral además de virtuoso del cornetto. Dejó la sensación de haber preparado este concierto en el más mínimo detalle desde la confianza que le dan unos músicos que recrean con certera convicción, claro entendimiento y contenido aliento cada pasaje musical. Con su actuación, esta edición del Festival ha alcanzado un nivel de máxima excelencia artística.

(Foto: Antonio Jiménez Trujillo)