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CRÍTICA: Esta vez sí hubo Pasión


Madrid. Auditorio Nacional. 9-IV-2017. Bach, Pasión según San Mateo. Maximillian Schmitt, Florian Boesch, Dorothee Mields, Grace Davidson, Damien Guillon, Alex Potter, Reinoud van Mechelen, Thomas Hobbs, Peter Kooij, Tobias Berndt. Collegium Vocale Gent. Director: Philippe Herreweghe.

Miguel Ángel González Barrio

El jueves 6 de abril Marc Minkowski nos ofreció en Ibermúsica una Pasión según San Juan laica, en la que el “dramatismo” (a la velocidad la llaman dramatismo) resultaba exterior, postizo, y ocultaba la falta de hondura, de unción, de trascendencia, con una orquesta pequeña y desequilibrada (demasiado peso en bajos; me hizo recordar el dicho popular “mucho pan para tan poco pollo”), solistas insuficientes, con la excepción del Evangelista y Pilato, y un coro que cabe en la maleta. ¡Cuánto daño han hecho Rifkin y Parrott y los conversos, adeptos de la penúltima moda, con aquello de una voz por parte! ¡Pobre Bach!

Unos días después, el domingo 9, en el marco del exitoso ciclo Universo Barroco del CNDM (todas las entradas vendidas hace tiempo) Philippe Herreweghe me ha devuelto la fe con una Pasión según San Mateo memorable. El director belga, cada vez más viejo y más sabio (el próximo 2 de mayo cumple 70, ¡cómo pasa el tiempo!), ha ido puliendo con los años (son décadas de convivencia con Bach) una visión básica, presente ya en su primera y lejana grabación de 1985, e impermeable a modas, teorías y manías. Herreweghe y su excepcional conjunto Collegium Vocale Gent nos regalaron un Bach colorido, de sonido bello y transparente, ejecución precisa, claridad textual, con su justa dosis de dramatismo, un coro proporcionado (32 coristas), capaz de llenar una sala como la del Auditorio Nacional, pero sin abrumar, y solistas a la altura de la obra.

La minuciosidad y el amor de Herreweghe por las cosas bien hechas se aprecia ya en la ceremonia de la afinación: la concertino revisa la afinación sección por sección, cuerda por cuerda. Con doble orquesta y doble coro enfrentados en disposición antifonal, y solistas (los que no integraban alguno de los coros) entre orquesta y coro, los estupendos músicos del siempre renovado Collegium Vocale tuvieron una actuación ejemplar. A destacar las intervenciones del oboe Marcel Ponseele (magnífico oboe da caccia en Ach Golghata), el flauta Patrick Beuckels o la concertino Christine Busch en su acompañamiento al aria Erbarme dich. No me gustaron tanto el líder de la segunda orquesta, Baptiste López, de sonido pobre y pequeño y articulación algo borrosa en el acompañamiento al aria Gebt mir mienem Jesu wieder!, o el sonido metálico y desabrido de la violagambista Romina Lischka. Espléndido el coro, de dicción inmaculada, afinación y empaste superlativos, al que quizá faltó algo de presencia en voces graves.

Las voces solistas fueron de calidad, empezando por el Evangelista de Maximillian Schmitt, tenor de fuste, de voz bien proyectada y espléndido narrador. En la interpretación más convincente que le recuerdo, Florian Boesch, de voz noble y tonante, con buenos graves, fue un imponente Jesús. De los contratenores, encontré superior a Damien Guillon, de voz limpia y penetrante y volumen respetable, a Alex Potter, de medios técnicamente más modestos, aunque más expresivo que aquel. Soberbias las dos sopranos, sobre todo la ubicua y matizadísima Dorothee Mields, técnicamente más dotada y experimentada como intérprete que Grace Davidson, de voz pura y hermosa, algo frágil, y canto cauteloso. A nivel inferior estuvieron los bajos (el punto débil de las formaciones de música antigua), entre los que se contaba el veterano Peter Kooij (n. 1954) como Pilato.

Quizá el cansancio de Herreweghe en el tramo final tuvo algo que ver en la falta de tristeza y hondura del coro final, Llorando nos postramos ante tu sepulcro, llevado a un tempo muy vivo, quizá demasiado, y con una orquesta atada que no levantó vuelo. Un cierre de trámite que no deslució una gran Pasión. Tras la ovación automática y entusiasta del público (¿no podrían esperar un poco, unos segundos siquiera?), Herreweghe se mostró desconcertado, desorientado, y dudaba al levantar a saludar a músicos y cantantes, como temiendo olvidarse de alguno.

El CNDM estrenó, en fase de pruebas (falló un par de veces), un sistema de sobretítulos, que también ha experimentado en el Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela. Además, se atenuaron menos de lo habitual las luces de la sala, lo que permitió leer los textos del programa de mano y seguir la interpretación. Bienvenidas sean iniciativas como estas.