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CRÍTICA / Ensemble Aedes: Singular belleza coral


Granada. Monasterio de San Jerónimo. 23-VI-2018. LXVII Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Ensemble Aedes. Director: Mathieu Romano. Obras de Casals, de Falla, Poulenc y Tomás Luis de Victoria.

José Antonio Cantón

Una de las visitas más esperadas de la presente edición del Festival fue la del coro francés Ensemble Aedes bajo la dirección de su fundador y director titular Mathieu Romano. Su actuación en el Monasterio de San Jerónimo ha significado una verdadera gozada para el amante de la música coral, por la calidad vocal de sus componentes, por el muy interesante programa, en el que se hacía un pequeño homenaje a la figura de Francis Poulenc y por el recinto monástico, toda una joya de la arquitectura religiosa del renacimiento español.

Teniendo como hilo conductor al diáfano compositor francés, Mathieu Romano ha querido hacer una comparativa con esa cima polifónica que es Tomás Luis de Victoria, contrastando con dos interesantes versiones expresivas de Falla así como con un motete de sencilla belleza de Pau Casals. La primera impresión que produce este coro es la excelente selección de sus componentes desde la singularidad vocal de cada uno de ellos -piénsese por ejemplo en el caso del bajo Pascal Gourgand, todo un prodigio en su tesitura-, y la homogeneidad tímbrica alcanzada en el conjunto, lo que le posibilita una versatilidad enorme para afrontar todo tipo de estilos, cuestión esencial que tiene sobradamente superada Mathieu Romano, sabiéndola aprovechar con excelente resultado artístico.

El programa tuvo dos partes bien definidas: una primera dedicada a tiempos de penitencia, fundamentalmente basada en oficios de Semana Santa, y una segunda para loar la Navidad. Así se inició el concierto con cuatro motetes penitenciales del músico parisino con los que se pudo apreciar la enorme capacidad expresiva del coro, fundamentada en cómo su dicción se convertía en un elemento sustancial del colorido de su sonoridad, siempre bien entretejida con algunos realces vocales individuales que enriquecían el efecto musical de conjunto. Este resultado tuvo su máximo exponente en Tenebrae factae sunt, FP 97, después del asombroso responsorio a cuatro voces de Tomás Luis de Victoria con el mismo título, que fue cantado con admirable concentración. En la exquisita interpretación de la versión expresiva que Manuel de Falla hizo de esta obra se pudo disfrutar de la enorme musicalidad de este coro que sólo puede entenderse desde el sólido trabajo de su director y la confianza total en él de sus componentes. Supieron en todo momento reflejar la minuciosidad creativa del autor gaditano ante la admiración y el absoluto respeto que sentía por el genial polifonista abulense.

Las obras dedicadas al tiempo de Navidad llenaron de mística alegría el templo del monasterio, presidido por uno de los retablos manieristas más importantes de la iconografía cristiana del renacimiento europeo. La belleza del marco agrandaba e implementaba la bondad con la que parte del coro, a antico modo, y sin el concurso del director, cantó con natural brillo y espontánea delicadeza el motete a seis voces Quem vidistis pastores de Victoria, sin duda, el momento cumbre de este hermoso concierto por la naturalidad de su interpretación y por la mágica cohesión expresiva de los coralistas.

Dado el carácter cíclico del programa, no podía ser otra música que la de Poulenc la que cerrara su contenido. Así fueron cuatro motetes navideños los que pusieron punto y final a la actuación, destacando Videntes stellam por el contenido descriptivo que destilan sus "epifaníacos" pentagramas, que transmiten un complaciente e irresistible gozo al oyente. Un público entregado ante tanta calidad vocal estalló en un cerrado aplauso al que el maestro Romano correspondió con una regocijante versión del villancico popular A la nanita nana que sirvió de distensión emocional a la férrea disciplina técnica de este coro cuyas voces, tanto juntas como por separado, tienen una singular belleza.

(Foto: José Albornoz)