Ud. está aquíInicio / CRÍTICA / El León de Oro triunfa en La Noche Blanca de Oviedo

CRÍTICA / El León de Oro triunfa en La Noche Blanca de Oviedo


Oviedo. Catedral de San Salvador. 06-X-2018. La Noche Blanca de Oviedo (NBO18). Coro El León de Oro. Director: Marco Antonio García de Paz. Obras de John Tavener, Johannes Brahms, Randall Stroope, Rihards Dubra y Eriks Esenvalds.

Michael Thallium

Vetusta, la heroica y noble ciudad de La Regenta de Clarín, despertaba a una noche blanca de oro y estrellas. Las nubes cubrían el cielo y la lluvia mojaba las calles por las que carbayones y algún que otro foráneo peregrinaban por cientos a la catedral de San Salvador donde El León de Oro les esperaba para acercarles las estrellas con obras exquisitamente seleccionadas por su director y fundador Marco Antonio García de Paz. El programa titulado "Rivedere le stelle", volver a ver las estrellas, basado en los versos de Dante Alighieri, prometía ser una experiencia sonora única. Dividido en dos pases de media hora cada uno de ellos, las cinco obras de los cinco compositores elegidos (Tavener, Brahms, Stroope, Dubra y Esenvalds) se interpretaron intercaladas con un bello texto explicativo escrito con entusiasmo por José María Hevia, canónigo de la catedral ovetense. Texto leído y música cantada conformaron una unidad que hizo del recital un acontecimiento memorable. Nadie aplaudió hasta que se apagó la melodía de la última de las obras, Stars (Estrellas), del compositor letón Ēriks Ešenvalds.

El primer pase comenzó a las nueve de la noche con la catedral abarrotada, con público sentado en los bancos, en el suelo y de pie a lo largo de las naves laterales. Los narradores leyeron el texto dedicado a la primera de las obras, As one who has slept, del compositor británico John Tavener. Las voces de El León de Oro se dividieron en dos coros; uno pequeño, a modo de pedal vocal, situado en el pasillo de la nave central de la catedral y otro, más grande, delante del altar. Las manos de García de Paz hacían sonar con delicadeza las voces del coro y la acústica de la catedral favorecía una suerte de melodías que invitaban a un estado de meditación.

En ese estado los narradores introdujeron la siguiente obra, al concluir la primera obra que fue Ich bin aber elend del alemán Johannes Brahms. Este motete es uno de los tres que conforman su Op. 110 y se caracteriza por combinar un ingenioso contrapunto al estilo de Schütz con ricas armonías cromáticas. Tras la narración del texto que precedía a la siguiente obra, el recital continuó con We beheld once again the stars (Contemplamos una vez más las estrellas) del compositor estadounidense Randall Stroope. Marco Antonio García de Paz supo guiar con sus manos a El León de Oro para alcanzar una dramática intensidad en la parte central de esta obra que se convierte en un canto, casi un grito, de las insignias del mal.

Al estadounidense le siguió el compositor letón Rihards Dubra con Duo Seraphim, una obra de belleza melódica que comienza con la voz soprano en solitario sobre un pedal vocal al que poco a poco se van uniendo el resto de voces. El recital concluyó con Stars de otro letón, Eriks Esenvalds. Esta es una obra de bellísimas líneas melódicas caracterizada por el uso de copas de agua que, al frotarse con los dedos húmedos, producen un sonido casi celestial que acompaña a las voces del coro hasta que su sonido se extingue en el silencio. García de Paz guió al público hasta ese silencio intenso y, entonces, solo entonces, el aplauso emocionado ensordeció las naves de la catedral. 

En el segundo pase se repitió la historia, quizás con un coro aún más entonado y consolidado que en el primer pase, pero con un poco menos de público, lo cual fue de agradecer. En ambos casos, el resultado fue el mismo: emoción y aplauso a raudales para El León de Oro que no solo triunfó, sino que trajo al Principado de Asturias cuatro primicias: las obras de Tavener, Stroope, Dubra y Esenvalds, que jamás antes se habían interpretado en tierras asturianas y, quién sabe, si ni siquera en España alguna de ellas. ¡No está nada mal para un coro no profesional muy, pero que muy "profesional"!