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CRÍTICA / Ekaterina Semenchuk: una señora estupenda


Madrid. Teatro de la Zarzuela. 8-X-2018. XXV Ciclo de Lied. Ekaterina Semenchuk, mezzosoprano. Semjon Skigin, piano. Obras de Rimski-Korsakov, Balakirev, Cui, Borodin, Mussorgski y Chaikovski.

Blas Matamoro

Un decidido recital-espectáculo concibió y cumplió con brillo la señora Semenchuk sobre un programa ruso, en parte inusual, compuesto por el Grupo de los Cinco y Chaikovski. Imponente de medios de mezzo aguda, la voz de la solista corrió plena de color y esmalte, pulposa, sensual, generosa de registros. A ella se unió un canto consumado, seguro y matizado. El fraseo cuidadoso, el legato insistente y un sentido del verso y la estrofa aseguraron una concentrada versión de cada pieza, alternando lo patético, lo sentimental, lo colorido y popular con un sentido de la escena y el relato de auténtica presencia histriónica.

Por destacar cabe el subrayado de El ruiseñor esclavo de la rosa (Rimski), con extremas exigencias de registro y vertiginosa cadencia, En casa de unos tipos (Borodin), con la alternancia de personajes y lujo en alteraciones de color en la voz, Hopak (Mussorgski) con la escenificación de un personaje popular y campesino en forma de mujer cuitada de amor y, de la serie chaikovskiana, los previsibles Solo quien conoce el anhelo y Reine el día.

Un generoso y variado colofón reunió una tonadilla dramática de Granados, de insólita vena expresionista, las Canciones que me enseñó mi madre de Dvorak de fina sentimentalidad, una desopilante borrachera de La Perichole de Offenbach, la pizpireta habanera de la bizetiana Carmen y un tema popular ruso. Desfilaron auténticos personajes sacados de una caja mágica con suntuosidad vocal añadida. Plenamente combinado con la cantante, el pianista se sumó en todo momento a la puesta en escena con buena timbración y énfasis expresivo.