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CRÍTICA / Distinguido homenaje a Telemann


Úbeda. Auditorio del Hospital de Santiago. 06-XII-2017. XXI Festival de Música Antigua Úbeda y Baeza. Il Giardino Armonico. Director: Giovanni Antonini. Obras de Telemann y Goldberg.

José Antonio Cantón

En coproducción con el Centro Nacional de Difusión Musical, el Festival ha programado una de las citas obligadas de este año en el que se han cumplido dos siglos y medio de la muerte del gran compositor barroco Georg Philipp Telemann, uno de los más prolíficos de la historia de la música, y que fue considerado referente en su época como auctoritas massima de la composición durante gran parte del siglo XVIII en Alemania, dada la gran difusión de su obra en comparación con casos como el de su colega contemporáneo Johann Sebastian Bach que, en poder creativo, terminaría imponiéndose.

En esta ocasión ha sido uno de los grupos instrumentales más prestigiosos de Italia como es Il Giardino Armónico el que ha ofrecido un concierto, prácticamente dedicado en su totalidad a obras del músico magdeburgués, que ha concitado público en un gran número, ávido de escuchar la interpretación del gran flautista y director Giovanni Antonini, que para la ocasión ha elegido un programa con tres de las formas representativas con las que se expresó y sintió más familiarizado Telemann.

Inició la actuación con la Suite en La menor, TWV.55:A2 para flauta dulce, cuerdas y continuo en la que apareció de inmediato el alto grado de virtuosismo del maestro que, desde su depurada técnica parece como si declamara haciendo alarde del más mínimo adorno dentro de una muy estructurada articulación, efecto que quedó ampliamente marcado en el aria italiana, centro sustancial de esta composición, y donde el canto se hace patente con todo su fuerza lírica. Empezó a notarse la poca presencia sonora del clave, instrumento activado por Riccardo Doni que, en ningún momento, pudo dejar constancia de su reconocida calidad técnica al teclado. Dicha anomalía de acompañamiento no impidió un gran lucimiento de Antonini, produciéndose el primer gran aplauso.

Precedida por los dos últimos movimientos, Andante y Allegro, de la Sonata en Sol Mayor para dos violines, TWV.40:10, sin solución de continuidad, el grupo realizó unas de las interpretaciones más destacadas de la velada; el Concierto en Re menor, TWV.52:DI para dos chalumeaux —especie de ancestral clarinete aflautado,dado que posee orificios y una especie de lengüeta, conocido también por el nombre de salmoé— en el que la actuación de Tindaro Capuano se complementó a la perfección con la de Antonini, generando ambos una sensación de dialogante naturalidad expresiva.

La segunda parte se inició con la Sonata en Fa Mayor, TWV.43:F2 para violín, dos salmoés y bajo continuo en la que destacó la hondura del tiempo Grave así como la gracia que imprimieron al discurso del Vivace final, momento en el que la tiorbista Evangelina Mascardi rasgueó algunos acentos en pos de dinamizar el ritmo de este movimiento. Le siguió una interesante interpretación de la única obra de cámara en cuatro tiempos que se conserva del gran virtuoso del teclado Johann Gottlieb Goldberg, contemporáneo de J. S. Bach, de quien recibió enseñanza. Es una Sonata para dos violines, viola y bajo continuo en Do menor, DürG. 14 en la que destacaron los violinistas Stefano Barneschi y Marco Bianchi, manteniendo un diáfano diálogo de equilibrado contraste. 

Antonini exhibió de nuevo su enorme calidad de solista de flauta de pico en la obra que cerró su actuación, el Concierto en do Mayor, TWV.5:CI, en el que marcó con segura eficacia el estilo italiano con el que quiso el compositor caracterizar esta obra, dejando los intérpretes en el tiempo de minueto final esa sensación de plena identificación con las contrastadas voces propuestas por el autor. El público, percibiendo la bondad de esta interpretación, respondió con uno de los aplausos más intensos habidos hasta ese momento en el Festival, confirmándose la gran expectación que había suscitado esta distinguida conmemoración de la figura de Georg Philipp Telemann.