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CRÍTICA / Director "habemus"


Murcia. Auditorio y Centro de Congresos Víctor Villegas. 19-I-2018.  Enrique Bagaría, piano. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM). Director: Lucas Macías. Obras de Beethoven.

José Antonio Cantón

Sea cual fuere, toda obra del repertorio orquestal de Beethoven supone siempre un desafío para su interpretación, dada la grandeza de su pensamiento musical. El cuarto concierto de la temporada de la ÖSRM ha estado íntegramente dedicado al músico renano, incluyendo tres obras que, aunque muy conocidas, como conjunto han dejado una visión interesante de este autor, dada la excelente dirección del gran oboísta andaluz Lucas Macías, que ha orientado también su carrera musical en esta faceta interpretativa desde la experiencia que le ha supuesto haber trabajado como instrumentista con los mejores directores, como es el caso del admirado Claudio Abbado, que contó con él para su asombrosa Orquesta del Festival de Lucerna, y el hecho de haber sido solista  durante varios años de la admirable y prestigiosa Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam, una de las cinco grandes formaciones sinfónicas de Europa.

Inició su actuación con una muy temperamental versión de la Obertura Coriolano op. 62, planteando desde sus primeros acordes la tensión emocional que iba a imprimir a su actuación manifestando, en este caso, toda la carga dramática que recoge el compositor en esta obra, verdadero anticipo del sinfonismo programático, que en Franz Liszt y, sobremanera, en Richard Strauss había de manifestarse en su insuperable música descriptiva. El maestro Macías marcó el carácter épico de esta obra con una determinante tensión, sin perder en momento alguno el pathos del personaje que se quiere describir, dejando que la orquesta funcionara con una sorprendente espontaneidad, resultado de dejar que los músicos asumieran con determinación ese difícil equilibrio entre responsabilidad individual de ejecución y búsqueda de una unívoca respuesta sonora de conjunto.

La intervención del barcelonés Enrique Bagaría, uno de los pianistas más consolidados de su generación, interpretando el Concierto para piano y orquesta nº 1 op. 15 en Do mayor había generado cierta expectación, dada la serenidad que normalmente transmite este intérprete. Así se planteó el primer movimiento, dejando que fluyera su discurso con un gran sentido del estilo clásico que esta obra hereda. El maestro Macías, supo plegarse a este planteamiento con sagaz adecuación concertante, haciendo que la orquesta mantuviera un relevante efecto sonoro cuasi- camerístico ante el solista, aspecto de agradecer para el oyente que normalmente asiste a desafiantes diálogos. Tal equilibrio se acentuó en el Largo, donde Bagaría sacó a relucir su mejor capacidad de canto, logrando en su conversación con los instrumentos de madera su momento más logrado. En el rondó final tuvo que echar el resto de su capacidad técnica para hacer que el entusiasmo que aquí propone Beethoven quedara claramente definido en su exigente mecanismo. Éste sólo quedó impreciso en un momento de su última estrofa, que superó con la ayuda del director y con sus dotes de improvisador. Ante la favorable respuesta del público, Enrique Bagaría ofreció de propina una preciosa interpretación de la Serenata Andaluza de Manuel de Falla en la que proyectó las esencias de su más auténtico temperamento musical.

El momento más trascendente del concierto iba a venir con la Sinfonía Eroica op.55 en la que el maestro Lucas Macías mostró con desparpajo conceptual y equilibrio gestual todo el milagro creativo que encierra este paradigma de la creación sinfónica. Anticipó con suave sentido de anacrusa, mantuvo bien definidos ambos hemisferios corporales proyectados en sus brazos y desarrolló una  cuidada gradación dinámica del sonido de la orquesta, cualidades que le permitieron traducir con suficiencia expresiva la riqueza de contrastes, transformaciones e invenciones que nunca antes de 1805, año del estreno de esta sinfonía, podía el músico más avezado imaginarse.

Fiel y experimentado en la trascendencia de esta obra, Lucas Macías ha demostrado tener, lejos de cualquier tentación de mimetismo gestual y partiendo del universo monofónico del oboe, los arrestos necesarios para afrontar la actividad musical de la dirección con un experimentado saber polifónico, cualidad absolutamente necesaria en todo músico que aspire a subirse a un pódium con solvencia artística. Este maestro la tiene.