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CRÍTICA / Despertando emociones


Murcia. Auditorio y Centro de Congresos Víctor Villegas. 11-V-2018. Juan Pérez Floristán, piano. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Director: Josep Vicent. Obras de David Mora, Rachmaninov y Chaikovski.

José Antonio Cantón

El octavo concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM) tenía el aliciente de la actuación de dos intérpretes que están pasando por un momento dulce en su carrera: El joven pianista sevillano Juan Pérez Floristán, último ganador del Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O'Shea, y el director musical Josep Vicent, titular principal de The World Orchestra, y máximo responsable artístico del Auditorio de la Diputación de Alicante. Un segundo atractivo era el programa a realizar, que contenía dos obras señeras del repertorio ruso, el Segundo concierto para piano op. 18 de Sergei Rachmaninov, obra muy apreciada por el público, y la no menos atractiva Cuarta sinfonía op. 36 de Chaikovski, la primera de su hermosa trilogía sinfónica final.

Ambas fueron precedidas, a modo de desencadenante estímulo sonoro, por la obra Lucis Laus (Alabanza a la luz) del compositor alicantino David Mora Manresa. En ella, tanto orquesta como director dejaron patente el gran trabajo de preparación y ensayo realizado por cada una de las secciones instrumentales, especialmente la percusión, traduciendo el ajustado y preciso análisis de Josep Vicent, que ha sabido desplegar todo el potencial dinámico y colorista que encierran sus pentagramas, para darle ese sentido lúdico que pide el autor, sustentado en todo momento por el impulso rítmico que exige su discurso. En este aspecto es en el que Josep Vicent se encuentra en su natural medio expresivo dada su sólida formación y gran experiencia como percusionista. Esta cualidad se pudo disfrutar en el tratamiento que dio a los motivos que animan su movimiento final, que desencadenó la primera ovación de la noche.

Juan Pérez Floristán se presentaba por segunda vez en el auditorio murciano, después de haber dejado una excelente impresión en el otoño de 2016, cuando demostró su calidad de diálogo en una obra concertante de Mozart. En esta ocasión lo hacía con una de las obras de máximo efectismo para un pianista, que requiere equilibrada respuesta en la orquesta, como así sucedió en la exposición del apasionado segundo tema del allegro inicial. Pérez Floristán, haciendo fácil la complicada coda, ganó expresividad en la conclusión de este movimiento, para así predisponer de manera más natural al lírico canto del segundo, en el que destacaron los solistas de flauta y clarinete demostrando gran musicalidad, hasta la llegada de su animado episodio central donde el pianista exhibió un preciso y regular mecanismo. La interpretación alcanzó su máxima altura estética en el scherzante allegro final, en el que el solista empleó todos sus recursos técnicos de manera rápida a la vez que fluida, demostrando una gran capacidad en la siempre difícil articulación de los apoteósicos acordes finales de esta obra. La seducción que irradiaron solista, director y orquesta, dada la emotiva transmisión de su sentir musical, hizo que el público respondiera con un cerrado e intenso aplauso. Para corresponder, Pérez Floristán tocó con exquisito gusto la Danza de la moza donosa del argentino Alberto Ginastera y, con electrizante efecto, la frenética Danza del gaucho matrero del mismo autor, en cuyo asombroso contrapunto dejó constancia de su espléndido virtuosismo.

La segunda parte de la velada fue dedicada a una de las sinfonías más hermosas de Chaikovski, con la que Josep Vicent cautivó al auditorio desde la concentración que pedía a la orquesta, que siempre estuvo plenamente receptiva a sus indicaciones. Fue desgranando los sentimientos de tristeza y melancolía de los dos primeros movimientos para crear una atmósfera de perfecta sincronía métrica en el Scherzo, en el que la  sección de cuerda brilló en su primera parte, siendo muy bien contrastada con los motivos de la madera y con sus finales aires de marcha. Espectacular fue su ataque y desarrollo del Allegro con fuoco, último movimiento que fue llevado con creciente expresividad hasta llegar a la triunfante y vigorosa coda que condujo con enorme energía. En este movimiento se pudo percibir el poder de persuasión de este director, que detecta cuándo un instrumento orquestal, inquieto en su deseo de crecer artísticamente, puede generar una excitante experiencia en sus músicos y en el público, como la alcanzada en esta velada sinfónica absolutamente gratificante, haciendo buena la intención con la que Josep Vicent se plantea sus actuaciones: "Debemos dar al público capacidad emotiva; cuando lo haces se abren puertas". Las puertas de los sentimientos y sensaciones que en el ser humano la música grande y bien hecha siempre despierta. Y esto se consiguió con esta hermosa sinfonía.

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