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CRÍTICA / Deslumbrante Daniel Müller-Schott


Oviedo. Auditorio Príncipe Felipe. 12-V-2017. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Daniel Müller-Schott, violonchelo. Directora: Marzena Diakun. Obras de Bacewicz, Schostakovich y Franck.

Nuria Blanco Álvarez

La Orquesta del Principado de Asturias ofreció el pasado viernes un concierto bajo la batuta de la joven directora polaca Marzena Diakun con un patio de butacas semidesértico, quizá en parte por el repertorio seleccionado, no apto para un público genérico, aunque no por ello poco interesante. No obstante, resulta inexplicable dejar pasar la oportunidad de escuchar en vivo a uno de los más grandes violonchelistas de nuestro tiempo, Daniel Müller-Schott, que protagonizó la primera parte de la velada.

Se abrió el evento con una obra nada habitual, la Obertura para orquesta sinfónica de Grazyna Bacewicz, compatriota de la directora y obviamente también mujer, siendo muy probablemente ambos factores los que determinaron su inclusión en el programa. La breve pieza recurre a un lenguaje neoclásico en el que el aspecto rítmico se hace esencial siendo su orquestación poco creativa, a pesar de ello, la OSPA salió airosa de su interpretación.

El momento más esperado de la noche llegó con el Concierto para violonchelo nº 1 de Shostakovich, interpretado por el talentoso Daniel Müller-Schott. Afrontó esta compleja obra con una técnica impecable, un sonido muy cuidado en todos los registros del instrumento y una afinación absolutamente perfecta. La belleza de su línea melódica y su gusto interpretativo hicieron las delicias del público e inspiró a la propia orquesta a implicarse en una partitura de gran exigencia. El violonchelista ofreció además sendas propinas de un estilo muy dispar poniéndose de relieve la versatilidad de este virtuoso. Por un lado la Sarabanda en Do mayor de la Suite nº 3 de Bach interpretada con un estilo cálido y equilibrado y, por otro, la inusual Tchonguri, segunda de las Cinco piezas sobre temas folclóricos para violonchelo y piano en la versión original, compuestas por el músico georgiano Sulkhan Tsintsadze, donde hizo gala de toda la expresividad que puede extraer de su instrumento.

La Sinfonía en Re menor de César Franck ocupó la segunda parte de la velada, una obra de repertorio que la directora conocía bien. La diligente versión de Diakun dejó ver en ella un gesto atractivo y solvente, aunque quizá algo precipitado en los movimientos extremos y falto de claridad en la articulación de los distintos planos sonoros. La OSPA se plegó con naturalidad a los deseos de la directora y se mostró a un notable nivel durante toda la velada.