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CRÍTICA / Deseado reencuentro


Córdoba. Gran Teatro. 29-X-2017. Orquesta de Córdoba. Director: Leo Brouwer. Obras de Brouwer, Copland, Henrique de Curitiba, Márquez, Piazzolla, Revueltas y arreglos de temas de The Beatles.

José Antonio Cantón

Como no podía ser de otra manera, Leo Brouwer ha sido invitado para protagonizar el concierto con el que la Orquesta de Córdoba (OC) ha querido conmemorar su vigésimo quinto aniversario coincidiendo en el día en el que se produjo. El gran guitarrista, compositor y director cubano fue el creador y primer titular de la OC, manteniendo una relación continuada durante nueve años. Después de quince, se ha reencontrado con su querida orquesta para interpretar un programa de música americana, repertorio que él conoce de manera instintiva en su arte y técnica y que, por su atractivo rítmico y melodioso, prende en la sensibilidad del oyente de un modo natural.

Para poner en situación al público, que abarrotaba el Gran Teatro, y como ocurriera en aquel concierto de presentación de la OC, comenzó la actuación con la famosa Fanfare for de Common Man del norteamericano Aaron Copland con la que Brouwer ha querido mostrar la conjunción de la sección del viento-metal, grupo instrumental que, junto a la percusión, siempre destacaron en la orquesta cordobesa. A continuación y como contraste, ha sido su deseo mostrar el buen funcionamiento de la cuerda dirigiéndola en la adaptación de Evocación de las montañas del compositor brasileño Henrique de Curitiba, una especie de melancólico poema musical cargado de añorantes emociones. Apareció en esta obra esa natural inquietud del maestro por resaltar las soluciones armónicas que se proponen en las partituras, aflorando gestos de marcada inquietud expresiva en tal sentido. Es la esencia de su forma de dirigir. Como todo gran compositor, parte de la idea creativa para, desentrañando su lógica interna, asumir el discurso de la obra como relato musical que tiene un principio y un final al que hay que tender y por el que hay que discurrir con absoluto respeto estético. Es así como hay que entender el arte de dirección de Leo Brouwer, dominador de la música en sus esenciales aspectos; creativo, interpretativo y perceptivo.

Momento destacado del concierto fue el sentimiento que el maestro transmitió en su interpretación del Homenaje a García Lorca de Silvestre Revueltas, al que quiso imprimir un soterrado aire de corrido mejicano impulsado por un marcado ostinato en su primera parte, en la que el único contrabajo destacó con singular eficacia. Dibujó un segundo movimiento con doloroso acento y, para concluir, expuso con claridad la superposición temática que contiene el Son final, en el que Brouwer volvía a exhibir su particular inquietud de constructor de sonido. Éste se hizo más interesante para el público en el famoso Danzón nº 2 de Arturo Márquez, dada la riqueza rítmica de esta obra, considerada como uno de los emblemas sinfónicos de Méjico. El contenido tempo que imprimió a su dirección permitió disfrutar con más detalle de su incontenible aire de danza popular, en gran medida, acentuado por una actuación estelar de las dos excelentes percusionistas de la orquesta, Carolina Alcaraz y Cristina Llorens.

El momento culminante del concierto se produjo con la imaginativa composición de Leo Brouwer titulada Las ciudades invisibles, inspirada en la homónima serie de relatos del gran narrador también nacido en Cuba, Italo Calvino. El maestro se transformó ante su propia obra con desbordante emoción. Transitó por sus pentagramas con la certeza de sentirse creador, intérprete y comunicador en el mismo instante, trascendiendo el mensaje literario que motivó su inspiración, sin demérito para las letras, seguro de la sustancial superioridad del arte musical. Se convertía así su actuación para los presentes en un verdadero privilegio, al asistir a un sustancial hecho artístico en el que un compositor, convencido de lo inaccesible de su creación, tiende a descubrir él mismo la inspiración, sentido e imaginación en ella contenidas. La OC, consciente de tal trance, se entregó al maestro con disciplina y admiración, consiguiendo la interpretación de más, mayor y mejor belleza de la velada.

Una preciosista adaptación que hizo Brouwer del famoso tango Adiós Nonino, que Astor Piazzolla compuso en homenaje a su padre, fue la penúltima obra de un extenso concierto que se desarrolló sin solución de continuidad. El espíritu del músico platense fue traducido por Brouwer con natural identificación, haciendo que la orquesta funcionara con exquisito sentido porteño, enriquecido por la rica, arriesgada y a la postre acertada instrumentación empleada por el maestro. También de él fueron las adaptaciones de varios temas de los Beatles con las que se cerró el programa, en cuya interpretación contó con la curiosa y a la vez estimulante participación del guitarrista rockero Pablo Salinas. Su prevalencia sobre el sonido de la orquesta, motivada por un mal equilibrio en los indicadores de volumen accionados por los responsables de sonorización y una inadecuada disposición de los altavoces, entorpecía la percepción de la orquesta, destacándose sólo la que fue una lucida intervención del solista. 

Pese a esta pequeña inconveniencia final, el concierto pasará a la historia de la OC como aquél en el que su director titular fundador se mostró en plenitud creativa con emocional entrega ante los que fueron sus músicos que, en esta oportunidad, siempre han tenido claro y han insistido que sólo podía ser Leo Brouwer quien les dirigiera en tan importante efeméride, propiciándose así un esperado y deseado reencuentro.