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CRÍTICA / Berta Rojas: gran embajadora de la guitarra latinoamericana


Córdoba. Teatro Góngora. XXXVIII Festival de la Guitarra de Córdoba. Berta Rojas, guitarra. Obras de Powell, Barrios, Lindsey Clark, Gonzaga, Ponce y Teixeira.

José Antonio Cantón

Con la excepción de la obra Suite Americana del guitarrista y compositor británico Vincent Lindsey Clark —dedicada a Berta Rojas, cuarta invitada en el ciclo de guitarra clásica del Festival, el resto del programa con el que hizo su presentación en Córdoba ha estado dedicado a obras de importantes compositores latinoamericanos escritas para el instrumento de las seis cuerdas.

Esta reconocida intérprete y pedagoga paraguaya abrió su recital con la Suite en La menor que compuso el mexicano Manuel Ponce el año 1929, en un intento de aproximación a las suites barrocas, y posiblemente la más académica de su repertorio, hasta el punto de que su dedicatario, Andrés Segovia, quiso atribuirla durante bastante tiempo al laudista alemán del siglo XVII Silvius Leopold Weiss. Berta Rojas hizo una interpretación de corte canónico con gran aprovechamiento de los recursos idiomáticos del instrumento, destacando los aspectos seductores de su música, que cautiva por la claridad de su discurso y el elemental encanto de sus diferentes aires de danzas barrocas.

El recital continuó con la obra antes mencionada que Clark escribió a petición de esta guitarrista, y que Berta Rojas enriquece con su instrumento en esa variedad de ritmos de salsa a los que se aproxima el músico británico, como se puede apreciar en la primera pieza de la suite, Galopa, tocada con delicada y manifiesta gracia. Llenó de emoción la interpretación del segundo pasaje, El vuelo de la mariposa, y dejó una sensación casi orquestal en los enlaces, progresiones y regresiones del último, Finale, un festivo resumen y recapitulación de esta suite.

Después de tocar dos arreglos de Sebastián Henríquez a piezas de Baden Powell, Homage, y de Luiz Gonzaga/Humberto Teixeira, Asa Branca, conocido choro compuesto por estos dos músicos brasileños a mediados del pasado siglo, Berta Rojas entró de lleno en la figura de su compatriota el gran guitarrista-compositor Agustín Barrios, destacando sobremanera el sentido dado a su obra La Catedral. En el Preludio que la inicia, subtitulado Saudade, dibujó con anhelante expresión la melodía que discurre entre acordes y arpegios, con un exquisito tratamiento de sus armónicos. Trató con solemnidad el Andante religioso, sabiendo evocar la sonoridad de un gran órgano catedralicio con sugestivo manierismo, para finalmente exponer con gran solvencia técnica el complicado Allegro solemne final, en el que desentrañó la abigarrada estructura armónica que contiene su variado discurso, ejemplo admirable del pensamiento musical del gran Agustín Barrios.

Un público entregado ante la autenticidad estilística de esta guitarrista asuncena la llevó a ofrecer tres bises entre los que destacó la admirada Danza paraguaya, también de Barrios, dejando esa impronta popular que refleja su aire americanizado de polca revestida de elementos de corte clásico.